Hernán Bongiorno presenta Para mañana es tarde, segunda obra de teatro escrita y dirigida por él. Con un ambiente turbio y frío, mesa de dinero a cargo de un hombre que rápidamente mostrará la hilacha. Un ámbito de vorágine acelerada, con mucho desenfado cuando las cosas van bien y tensión extrema cuando la buena racha termina.

El protagonista conduce la acción, o mejor dicho, es conducido por la dudosa y tensionante noción de la realidad que tiene, construida por él mismo, contamido por sus fantasmas y sus inseguridades. El contacto con la realidad, en este caso, los otros, es la certeza del auto engaño de un paranoico a la que sólo los espectadores tendremos acceso. Así el encuentro con sus empleados, en lo garca predecible, es siempre su caída. Un círculo vicioso sobre billetes de cien donde veremos a un hermano, un amante, un jefe y un subordinado en el cuerpo de un enfermo que maneja demasiado dinero y menos poder del que cree y desearía. Contemporáneo, muy de estos tiempos y de los ecos que nos acompañan desde los últimos años.

El negocio de una financiera que sólo puede no funcionar si publicara mal su número de teléfono. Un camino directo al éxito que se trunca pronto y da inicio a la acción dramática.

Plagada de recursos, la obra elige usar al dinero como base de la escena y de la vida del protagonista. Lejos del hiperrealismo por la propuesta de puesta, el espacio y las luces, la verdad se construye desde la acción del sujeto que protagoniza y en parte de la escenografía. Visualmente imponente, permite que el espectador no se relaje y espere siempre una estocada más por parte de un ser que sólo falla y defrauda a sus seres cercanos.

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El hombre que observa:

Elemento que vuelve como necesidad del dramaturgo y director. Un hombre que presenta elementos pero parece conducir los hechos. Un hombre que abre y cierra. Un narrador onmiciente que incomoda.

Hernán Bongiorno ya en su ópera prima, Talk 300mg, había jugado con este elemento, construye un diálogo con su obra al traerlo nuevamente. El mismo actor representando el mismo elemento. Un intertexto que guiña el ojo a sus espectadores asiduos y que en esta oportunidad va un poco más allá, sorprende hacia el final, nos da el gusto y nos deja con las ganas, responde al mecanismo histérico del autor que parece escribir poesía para luego arrojarla a la escena buscando que los actores la conviertan en acción desde los cuerpos.

Buenas interpretaciones y vínculos que podrían ser más próximos, pero que funcionan en su distancia. Un propuesta diferente, muy de literatura, el mecanismo de la mente expuesta aca se ve y funciona. Si en su obra anterior Bongiono triplicó las voces en una cabeza, esta vez se arriesgó a poner en escena a esa mente contra el mundo.

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Protagonizada por un Matías Hynes que reafirma su solidez actoral y su abundante talento, con Ignacio Frick que contrasta a la perfección con el protagónico, con Débora Caiafa que interpreta a una hermana que deja en evidencia ya desde el vínculo, ya desde la actitud, con Mechi Aguimbau interpretando a uno de los personajes visagra en los mecanismos latentes de la escena y Lenadro Villanueva, nuestro hombre que observa, por momentos tembloroso, por momentos rotundo; la obra se presenta los sábados a las 21.30 en el teatro El Piccolino, Fitz Roy 2056.

Dato no menor: durante las próximas tres funciones el protagonista será interpretado por el mismísmo Bongiorno, oportunidad de verlo en acción como el gran actor que es, oportunidad de verlo transitar su propio texto, para no perdérselo.

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Podés conocer más sobre la obra en:

https://www.facebook.com/PMET.OK/?hc_ref=ARSBCz9CXWuxaSq99isPCw3R6MrHdPeVKXNlQdNmddaERuE0jlv3dKbZswb0YKgjwNE&fref=nf

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Candelita Gomez

Nació en Buenos Aires en 1986. Trabajó durante quince años en diversas puestas en escena como directora, dramaturga, asistente y actriz. Exploró el universo audiovisual, realizó su cortometraje ESTERTOR y escribió otros guiones. Se formó en teatro, dramaturgia, danza Butoh y contemporánea. Colaboró en correcciones y traducciones de guiones de cine, poesía y narrativa. Trabajó durante ocho años en el Museo Nacional de Bellas Artes donde, durante el 2015, produjo el ciclo Bellos Jueves. Actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional, se forma como docente en letras y escribe por necesidad vital.

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