Una construcción.

Ecos persistentes que operan como un sistema expresivo que construye espacios de reflexión.

Se trata de  una construcción armónica de sentido complejo, de escenas, de ideas, de figuras; de imágenes de lo inmaterial. Es una construcción sobre lo sustancial, realizada por obra y gracia de esta comunión de dos universos compatibles, el del teatro y el de la literatura.

Este ensamble desnuda de la mejor manera, con piedad pero sin concesiones, esa articulación que llamamos vínculos entre semejantes más o menos cercanos, o más o menos distantes.

Esposas, madres, hermanas, enamoradas y… “Una mujer que es todas las mujeres juntas.”

Y hombres unidos a otros hombres. Hombres y mujeres que caminan al filo de la desesperanza.

Una rutina, un ciclo cotidiano que nos debilita. Un amor que nos paraliza.

Un desprendimiento. Una queja que encierra cierta imposibilidad que nos enferma la sangre.

Una destrucción. Un espacio sin existencia. El sinsentido en el mundo del sentido.

El territorio salvaje de la naturaleza. Lo primitivo. Los instintos. La parte animal del ser humano.

La opción de ser verdaderamente real, frente a una realidad que nos genera más miedo que angustia. La lógica del túnel. La soledad y la incapacidad para sentir culpa. La violencia material. La necesidad de repasar cada principio, para poder entender cada final.

La construcción de la imagen del fracaso. Y otra construcción, la de la memoria. Y otra más, la del arrepentimiento. Asimismo, el poder de las palabras repartiendo esperanzas en dosis de consuelo:

“Sé que ahora te cuesta verlo pero sé que vendrá un tiempo hermoso. Es difícil creerlo pero al creerlo termina por pasar. Tenés que tener paciencia, esperar todo lo bueno. Vamos a brillar, vamos a vivir momentos de fulgor que no podemos imaginar. Vamos a ser felices, con una felicidad insoportable. Ahora no lo podés ver porque estamos encerrados, ahora no hay más allá…pero lo hay, te juro que lo hay. Detrás de todo esto está el infinito y más allá la nada, y más allá todavía está la mente de Dios y la eternidad. Estamos condenados a ser eternos.”

 En esta Obra Dispersa de Santiago Loza, en esta construcción de profundidades, también el fuego y el mar a su tiempo, dirán: “presente”.

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La obra literaria está ligada a una idea de voz narrativa, mientras que la obra teatral reconoce otra forma literaria, obviamente más ligada al texto -con sus acotaciones- y a la consiguiente puesta en escena; la pregunta entonces es ¿cómo nace esta idea de religar, tan estrechamente, ambas expresiones?

Es una necesidad la que tengo de una escritura literaria en lo teatral. Que un texto pueda ser leído de manera autónoma a una posible puesta. No olvido que estoy escribiendo palabras para ser dichas, paralabras que tendrán un desarrollo escénico, pero tienen la posibilidad de dialogar con un lector alejado del hecho teatral. Les deseo a esos textos que tengan una vida silenciosa, que sean lectura y quien los imagine no los limite a un escenario.

Todos estos textos fueron los que se utilizaron en las puestas, reduje las acotaciones que puedan señalar resoluciones técnicas, con el tiempo las utulizo cada vez menos, son molestas para el que lee y los directores no suelen tomarlas en cuenta.

Si te parece, decinos algo acerca del proceso creativo en lo que hace a la obra teatral y, si es posible, hacelo comparándolo con el proceso de escritura en la literatura, conforme a tu experiencia.

En la escritura dramática suele comenzar el proceso con el encuentro con actrices, actores o directores. El deseo de trabajar juntos suele ser el motor. Ese momento, el de ir buscando una obra es en el que me siento parte de una voluntad colectiva. En esas reuniones se mencionan ciertas temáticas o mundos, cuando creo que puedo conectar, por lo general, es porque algo de lo que se menciona me venía preocupando. Comienzo a bocetar, pocas páginas, suelo hacer una lectura provisoria con ese material de origen y ahí chequeo, después trabajo sólo, escribo y entrego y no suelo acompañar demasiado en los ensayos. Si escribo narrativa el proceso es más secreto, menos compartido y de mayor aliento. Cuando escribo teatro suelo estar comunicativo, contarlo, compartir lo que voy trabajando. No es así en otra escritura, mantengo cierto cuidado, como si fuera más frágil.  El teatro puede que suceda en el espacio, entonces lo voy probando, leo en voz alta, lo imagino en el cuerpo de quien lo actúe.

Los personajes mujeres, en tu Obra Dispersa, si bien encarnan en diferentes roles, podríamos decir que, en “algún punto”, encajarían -aunque cada individualidad a su manera- en cierta construcción arquetípica. Me interesaría que nos hables de ello, de ese “punto en común”.

Son personajes que no revisten ningún interés en apariencia. Como si no tuvieran gracia, encanto, deslucidos. Reconocibles en su ser y decir, parten de un lugar común. A partir de allí suelen enrarecerse, los discursos, las situaciones se van particularizando, extrañando. Supongo que es lo que me pasa cuando los escribo, parto de una zona conocida y me voy adentrando, sé que algo habrá bajo esa superficie neutra, que voy a dar con la sorpresa cuando menos la espere, que junto con los personajes me voy a abismar sin poder anticiparlo. Los personajes parecen no estar preparados para lo que van a vivir. Me pasa lo mismo al escribirlo, algo de lo extraordinario me toma desprevenido y modifica el rumbo. Suele ser así, casi siempre.

Un tema es la rutina, lo cotidiano, los quehaceres encarados de manera casi obsesiva, toda vez que ello quedaría encuadrado en la figura del trabajo, como vicio, de aquellas personas que no sirven para hacer otra cosa. Sería algo así como la imposibilidad de ser feliz dedicándose uno a hacer lo  que amaría hacer. Esta imagen es la que ofrece, por ejemplo, la esposa de Claudio, la madre de Martín. Obviamente, no es la única imagen que rescato de este personaje, pero te invito a reflexionar sobre este aspecto.

Como si el trabajo y la reconstrucción minuciosa de actividades que la rutina invisibiliza fueran el soporte sobre el que se arman algunos personajes. Esa infelicidad de tener que repetir los mismos gestos. Esa escasa esperanza de que algo pueda cambiar. Entonces, como la rutina se ha instalado con una materialidad violenta, esos personajes tienen como posibilidad de fuga permitiese una ensoñación. Poder imaginar otra vida que aquella que padecen. Ahí pueden escaparse y sentirse libres y plenos.

En El mar de noche, la mente se manifiesta; una mancha  exterioriza el reclamo y aquí aparece la sutil relación y diferencia entre el reclamo y la queja que no se expresa abiertamente, que queda en el alma, que se pudre y deriva en enfermedad. Aquí el amante sólo se queja, dando lástima. Pero recuerda el inicio de la relación, para comprender el desenlace. Esto es interesante; ¿podrías ampliar la idea?

No sé si la recuerdo del todo. El personaje del mar de noche sufre, está herido. Esa lastimadura emocional, el padecimiento lo hace tratar de entender el origen. Cree que tuvo un encandilamiento, que le impidió ver que ya estaba el dolor al inicio. No había pensado la diferencia entre reclamo y queja. Tal vez este personaje no se siente en condición de reclamar, lo que creyó suyo ya no está, entonces aparece la queja, y la mancha. Está enfermo de soledad nocturna. Trata de nombrar ese estado que lo toma. Si pudiera nombrar el origen, cree, sería menos dolorosa la resolución.

Nada del amor me produce envidia: El “yo” de la costurera, la soltera que viste a las enamoradas. Aquí el tema sería “lo extraordinario”, un hecho que acaba con la monotonía, que la rompe. Y otro tema es el del ejercicio de “el poder”y su relación con la felicidad.

¿Cómo te apareció esta historia en la que entran, por un momento, dos íconos femeninos marcando la cancha?

Lo extraordinario aparece como lo había mencionado antes, de improvisto. Tal vez la particularidad de la obra es que ese extraordinario esté relacionado a personajes históricos. A Eva Perón y Libertad Lamaque. Primero apareció ese personaje, la costurera de barrio. Lo creé para una actriz que quería cantar tangos en una obra, los tangos que cantaba Libertad. Entonces apareció como consecuencia el mito, la época; miro mucha televisión y había visto el Almuerzo donde Libertad Lamarque desmentía la cachetada que le dio a Eva. Tomar ese chisme, un rumor. Me interesa construir a partir del chisme, de relatos que son desechos sociales, deformaciones de lo que pasó. En la obra la costurera queda atrapada en el medio del deseo de las dos figuras. Alguien menor se vuelve sublime al tomar una decisión única. Esa oportunidad la vuelve enorme y le otorga una plenitud que desconocía.

Un trío, Bruno, Atilio y Blanca: Desamparo. Encierro. Amor y odio. Y una revelación. Ahora, en este caso, te pido que nos hables, aunque más no sea con pocas palabras, acerca de la lógica del túnel.

Los textos pertenecen a distintas épocas y no los tengo a todos en mi memoria. UN GESTO COMÚN es una obra oscura, literalmente, sucede en un lugar encerrado, alguien se oculta, en ese lugar recibe una visita. Hay un tiempo que debe pasar, desembocar en un espacio luminoso y respirable. Ese ahogo que siente el personaje principar está cercano al túnel, a un fugitivo que busca la salida con desesperación, a estar atrapado y descubrir una fuerza misteriosa que lo revela y le indica una posible salida. Recuerdo la desesperación de esa obra y su necesidad amorosa y también la piedad que sienten esos personajes.

El fuego aparece en tu obra más de una vez, ya sea relacionado con la idea de felicidad, como con la de fe y eternidad y con la de pérdida. ¿Qué podés agregar al respecto?

Como si hubiera un ardor que posee cada tanto los personajes. A veces el fuego sucede como a la costurera de Nada del amor… termina en su propia hoguera, bailando como una bruja. En otras obras el fuego no es tan evidente, pero está, ese calor, esa quemazón, el incendio como arrebato. Creo que la utilización es simple, intuitiva, no buscada, me atrae mirar las llamas y lo que queda cuando se apagan.

 

Loza

El tema del vínculo entre hermanas aparece junto con Blanca; también -indirectamente- con  Marta -aunque desde la protagonista de Nadie sabe de mí – y con Natalie y Lana, en la obra Esplendor.

Es una rivalidad primitiva, un mal entendido como punto de origen de una relación. Son esos vínculos que tienen la fatalidad de no haberse elegido, que perduran más allá de no tolerarlos. Hablo de su aspecto problemático que es el que le sirve a la ficción. No de la parte positiva, la compañía, la comprensión, la unión, no generan buena ficción.

En tu Obra Dispersa, la desnudez, la sensualidad, la sexualidad y el erotismo, son escenas sugeridas que quedan como suspendidas, por pudor, en una dimensión de acceso restringido. ¿Estoy en lo cierto?

Tengo una obra anterior, está en otro libro, se llama PUDOR EN ANIMALES DE INVIERNO. Y trata de todo eso. Creo que sí, me gusta rodear el erotismo, no abordarlo directamente, que sea una tensión, un pulso que subyace algunos materiales. Creo que esa zona velada es una elección que me atrae. Un núcleo al que aludo pero no muestro. Ese ocultamiento hace que la imagen sea más poderosa. Así se fue dando en la escritura por ahora, no quita que, en otro momento, intente ser más gráfico o directo.

Un tema recurrente, que corre de punta a punta la obra, es la felicidad entendida de diversas maneras, pero siempre presente. Hablanos de ello, por favor.

Supongo que la felicidad es lo que anhelan secretamente todos los personajes. Un tesoro esquivo. Un estado que por fugacidad o escasez los hace penar. Vinculo la felicidad con la lucidez o el descubrimiento. Como si por un breve momento se pudieran ver tal cual son y eso trajera calma. Como si tanta pérdida tuviera por un momento un sentido, un respiro. Pero como un hechizo se pasa y todo vuelve al desconcierto en el que estaban.

Dejé para el final a la actriz Natalie Wood y a su entorno más íntimo acompañándola en la víspera de su muerte. En esta recreación, ella es oriunda de Lomas de Zamora y creció junto a su hermana Lana; ¿Por qué decidiste encarar esta reconstrucción de la que se desprende un menú de versiones sobre aquella muerte enmarcada en misteriosas circunstancias?

Aquí también se conformaría un triángulo amoroso, aunque distinto al que involucraba a los personajes de Un gesto común. Tirale una línea a los lectores.

Me conmovía el personaje de Natale Wood, también el director de la obra tenía un mundo cinéfilo. Hago cine, es mi otra actividad, vi mucho cine, me gusta el melodrama. También el humor. Nos daba gracia trasladar un hecho de Hollywood a nuestro imaginario. Había algo ridículo y tierno en pensar cómo hubiera sido esa tragedia si sucedía acá nomás. Me interesa la construcción del mito. Está el triangulo del melodrama, tal ama a tal, que a su vez ama a tal y así. Amores desencontrados, contrariados. Versiones del crimen y del amor. El amor como crimen posible. Los que matan por amor. Algo de todo eso está latiendo en ESPLENDOR.

 ¿Tenés algún nuevo proyecto en marcha?

Hice una película sobre MALAMBO que estrenaré pronto. Un tema que me resultaba extraño y por eso mismo me inquietó. Estoy en proyectos de escritura de teatro, pero todavía son embrionarios. También intentando una nueva novela. Todo eso y vivir un poco.

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Luis Adrian Vives

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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