La consecuencia de sus actos. Las potencias y el talento.

“Todo cuento narra dos historias” dirá Piglia en su Tesis sobre el cuento. Pero acá se trata de teatro, de una obra que se caracteriza por un gran virtuosismo, en todas las áreas, pero notablemente en el arte de narrar. Anatomía del destino, dirigida por Gabriel Fernández Chapo, es sin duda una sólida construcción en lo que respecta a una obra que entretiene, hace reír, conduce a la reflexión y juega, base principal del teatro.

La historia de base es simple, súmamente simple, una joven en la flor de la edad viaja a la Argentina por trabajo, para llevar a cabo una tarea ingrata que no la representa, ella estudió Psicología y terminó trabajando para Recursos Humanos en una multinacional. Ya este planteo trae uno de los mayores dilemas: el trabajo. A partir de este suceso se desencadenarán varias acciones más o menos vinculadas a este pilar, pero que siempre regresan a un mismo punto: se trata de la vida de esa chica aun lo que viven los otros a su al rededor.

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Por un lado, las tangentes narrativas que presenta la obra  están súmamente vinculadas a los conflictos contemporáneos de la sociedad capitalista: consumo salvaje que devora cuanto puede sin medir impactos. En este sentido, el argumento bien podría ser la reflexión conclusiva y el resultado creativo de una lectura atenta a Jonathan Frazen, uno de los escritores norteamericanos más jugosos y profundos de la actualiddad. En este caso Gabriel Fernández Chapo ironiza y hasta burla pero no vanaliza ningún aspecto, ni siquiera cuando juega y pone en relación la voránige vacía de las redes sociales, la ficción de las supuestas militancias de la red virtual, la humanización y el disparate que habita en planteos de supuestos revolucionarios que devienen simples kamicases o mártires sin fin, el compromiso social y el compromiso con el otro. Desde la dramaturgia, el valor de nuestros actos, el impacto sobre el los seres que nos rodean y todo lo que implica psiquica, física y filosóficamente están contemplados, reflejados y muy bien representados. Esto último es un capítulo aparte, porque si sólo la dramaturgia es buena, no alcanza.

Clara Díaz y Federico Justo saben actuar. Parece obvio, pero si vamos seguido al teatro sabemos que no. Cuando un actor logra llevar la escena y transformarla de un acto a otro, sin que veamos las costuras y pudiendo incorporar con gracia y respeto el error humano, algo está funcionando muy por encima del promedio que nos ofrece el teatro off actual. Clara y Federico hacen de la escena mínimal que propone la estética de la puesta, una mega-instalación ficcional donde todo puede pasar. Ella convierte un momento en otro con fluidez, organicidad y encanto, sabe de transiciones, de colores y estados. Él con un inmenso talento que va de lo musical a lo actoral, pasando por el uso de la voz y del cuerpo, sabrá ser todos los actores y todos los personajes que requieren las múltiples historias que trae el texto. El gesto se vuelve signo que distingue, el detalle permanente facilicita el clima y la historia. 

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Si algo destaca la propuesta es que cada lenguaje (musical, escenográfico, el lumínico que está también particulamente muy bien utilizado, lo actoral y sus potencias) resulta súmamente funcional a lo que se busca contar y lo hace urgente, necesario, pero nunca tedioso. No se cae en estereotipos, aún cuando el texto está plagado de freses hechas. La anatomía del destino logra entrelazar, y por eso el vínculo con Franzen, cómo hemos construido una realidad que nos consume, cómo jugamos y tratamos de engañarnos, cómo lo que hacemos y lo que sentimos no siempre (o quizás nunca) se enmarca en la coherencia; cómo la exigencia de funcionalidad sobre los seres humanos es contraria al deseo, cómo la propia idealización de uno o el mundo se da la cabeza con la realidad, cómo somos una y otra vez erráticos, contradictorios, humanos y hermosos, porque aún en el horror se manifiesta la maravilla de la existencia.

Advertencia no menor: el diseño gráfico de la obra: su afiche, material de mano, la imágen en colores rosas y violeta no hace ni un poco de justicia a la estética del espectáculo. Al ver el poster podríamos imaginar un plomo naif, una composición colectiva de taller de iniciados pero no, por suerte no.

La puesta en escena cierra por todos lados, una hora y media súper bien llevada, no le sobra ni le falta. El despliege de talento que presenta merece ser visto. Está en cartel los viernes a las 21hs en el teatro El Ópalo (al que fui ya en varias ocaciones y nunca vi tan bien aprovechado el espacio), es en Junin 380. Podés saber más de la obra en: http://www.alternativateatral.com/obra53165-anatomia-del-destino

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¿Cómo surgió la obra, (el texto, la puesta en escena)?

Yo quería crear una obra que asumiera que el relato es un hecho fuertemente político porque implica tener que asumir puntos de vista, recortes, personajes, temáticas, lo que implica necesariamente compromiso.

Así que hace dos años me dieron ganas de salir a construir un espectáculo que asumiera ese compromiso de “contar” y de relatar casi barrocamente, de crear una máquina poética de generar relatos escénicos. Justamente la escenografía es eso: una máquina autónoma de crear ficciones, donde dos actores, encerrados en un micro-mundo (micro-jaula), tienen sus vestuarios para construir personajes, donde operan todo lo sonoro, donde la luz es propia del mismo dispositivo.

Pero “contar” me generaba también la inquietud de cómo hallar nuevos modos de generar ficciones que se conecten con el presente de los espectadores y allí me surgió el interés de indagar en las Teorías del Caos. Comencé a trabajar los conceptos de azar, multiplicidad, interactividad, y recursividad; y ahí aparecieron ciertos rasgos del espectáculo: una obra que juega con una segunda persona que parece incluir a los espectadores en las decisiones del personaje; el azar que cambia vidas; líneas de fuga del relato; la estructura hipertextual de incluir en el relato intertextos de Facebook, Youtube; Wasapp, Skype, flashbacks del pasado; y la multiplicidad de vidas posibles.

Pero no me interesaba que esto fuera meramente un juego formal así que procuré jugarlo con temáticas que me movilizaran: el mundo del empleo; el yo individual y el sistema; y la política.

A su vez había otra sensación que quería poner en diálogo: ¿para quién hacemos teatro? Y ahí me conecté con un autor que admiro: Brecht. Traté de investigar cómo podría pensarse la poética brechtiana hoy y ahí fue que trabajé una obra que alternara cierto recitado épico con lo dramático, ver a los actores construyendo la ficción y mostrando el artificio; y el tema de los dilemas de los personajes.

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¿Cómo llegaste a los actores?

En cuanto a los actores, a Clara la conocí hace 10 años, apenas llegada de España a Argentina, porque entrò por casting a un espectàculo que tenìa un texto mìo pero la direcciòn de otra persona. Despuès la volvì a ver actuando en “Granos de uva en el paladar” de Susana Hornos y cuando hace 4 años emprendì la producciòn de mi obra anterior “La mujer del anatomista” y necesitaba una actriz que hablara en “español” me acordè de ella y la convoquè. Y trabajamos muy bien juntos y estuvimos tres años haciendo sin parar ese espectàculo por toda Argentina y España. Clara me aporta dos condiciones que yo valoro y necesito para mis puestas: saber decir y cuidar el texto; y construir y generar emociòn.

Asì que armamos un minicompañìa con Clara donde “Anatomìa del destino” es la segunda producciòn.

Para esta nueva obra, requerìa un actor mùsico porque querìa trabajar lo musical como un actor màs de la puesta.

Federico actuaba un monòlogo mìo en un ciclo bajo la direcciòn de Juan Mako y luego por casualidad lo encontrè cantando tangos en un bar. Asì que lo llamè para un prueba y me encantò. Federico me aporta ese juego de poder entrar y salir lùdicamente de muchos personajes y voces de una manera precisa y ràpida y maneja muy bien los climas musicales.

¿Cómo fue el trabajo con los actores en los ensayos?

Con Clara Díaz, conformamos hace unos años la compañía “Malón teatro”, con la cual ya habíamos estrenado hace tres años el espectáculo “La mujer del anatomista”. Es decir que este es nuestro segundo espectáculo como compañía. Escribí el texto dramático ya pensando en que lo actuaría Clara, que es española, y es por ello que la protagonista es de nacionalidad española.

El proceso de trabajo incluyó una etapa inicial de investigación de ciertos temas: las teorías de la Complejidad o Caos, la poética de Brecht; el mundo del trabajo, filosofía contemporánea y luego una etapa de un año de escritura de un 70 por ciento de lo que es el texto del espectáculo.

Empezamos los ensayos con los actores y durante la etapa de ensayos se terminó de conformar el resto del texto dramático. El trabajo con la música fue determinante desde el comienzo y luego fuimos incorporando lo lumínico y las proyecciones hasta llegar al resultado final.

¿Cómo fue el trabajo con el diseño comunicacional? Porque se nota que desde la estética, el diseño tiene poco que ver con la obra.

En realidad el diseño de la comunicación visual emula un tipo de libros que se publicaban bajo la denominación de “Elige tu propia aventura”. En dicha colección, las historias estaban narradas en segunda persona y generaban un efecto de inclusión del lector en la historia. Dos características que nuestro espectáculo también trabajaba, por eso nos pareció que podíamos vincular la estética de nuestra obra a esa colección de libros.

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Cómo laburaron el espacio, la construcción de la escenografía, fue una propuesta de Emilia o fue mutando en el proceso de trabajo.

Con Emilia Perez Quinteros, estuvimos varios meses, pensando, proponiendo y analizando hipótesis de trabajo. Nos conocemos hace tiempo y confiamos mucho en la percepción del otro. Teníamos la idea de generar una máquina poética, un espacio escénico delimitado, como un micromundo o microcosmos, donde se jugara todo adentro: una multiplicidad de historias, personajes, donde lo sonoro y lo lumínico está todo contenido allí dentro, casi tanto como el tema del destino, del cual habla la obra.

En un proceso de prueba y error, de ir afinando hipótesis, hemos arribado a la síntesis espacial con la cual contamos ahora.

¿Cuáles son los planes futuros para la obra?

Tenemos durante este año la temporada en la Ciudad de Buenos Aires los viernes a las 21 hs en el Teatro El Opalo (Junín 380). Después durante el 2018, volveremos a hacer temporada en el Gran Buenos Aires y nos espera una gira por el país y por distintos festivales.

¿Cómo es tu formación?

Yo me he formado inicialmente en la carrera de Letras y luego me he especializado en Teatro, tanto en lo académico como en lo práctico. Soy docente e investigador universitario  también, procurando combinar la teoría y la práctica. En Teatro me fui formando con Carmen Arrieta, Rubén Szchumacher, Susana Torres Molina, Mauricio Kartun; Ana Alvarado, Jorge Dubatti, entre muchos otros.

¿Cuáles son tu referentes?

Soy muy abierto a valorar y apropiarme de los aportes de todos los maestros y colegas con los cuales tuve la fortuna de compartir espacios.

 

 

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Candelita Gomez

Nació en Buenos Aires en 1986. Trabajó durante quince años en diversas puestas en escena como directora, dramaturga, asistente y actriz. Exploró el universo audiovisual, realizó su cortometraje ESTERTOR y escribió otros guiones. Se formó en teatro, dramaturgia, danza Butoh y contemporánea. Colaboró en correcciones y traducciones de guiones de cine, poesía y narrativa. Trabajó durante ocho años en el Museo Nacional de Bellas Artes donde, durante el 2015, produjo el ciclo Bellos Jueves. Actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional, se forma como docente en letras y escribe por necesidad vital.

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