Jean Paul Sartre, el filósofo francés, tuvo una gran influencia en la segunda mitad del siglo XX. No solo sus tratados filosóficos sino también sus novelas, cuentos y obras de teatro desbordaban de soberbia proclamando su ateísmo. Fue una característica de los escritores y pensadores del siglo pasado adherir fervientemente al ateísmo como si eso fuera testimonio de su intelectualidad y Sartre no fue la excepción.

Sin embargo, cuando se lee entre líneas, cuando al final de su vida fue bajando la guardia, terminó por admitir sobre Dios:

Hoy, cuando me hablan de Él, digo con la diversión sin pena de un viejo enamorado que se encuentra con su vieja enamorada: «Hace cincuenta años, sin ese mal entendido, sin esa equivocación, sin el accidente que nos separó, podría haber habido algo entre nosotros.»

Investigando sobre su vida rescaté un episodio poco conocido. En 1940 se alistó en el ejército, cayó prisionero y estuvo durante un año en un campo de concentración alemán junto a otros doce mil franceses. Cuando llegó la época de Navidad algunos sacerdotes pidieron a las autoridades alemanas que les permitieran celebrar un encuentro religioso para celebrar la fecha. Sartre era amigo de uno de los sacerdotes con quien mantenía extensos diálogos sobre filosofía y entonces le propuso escribir una obra de teatro y ponerla en escena en Nochebuena. En seis semanas escribió Barioná, el hijo del trueno, las puso en escena y representó uno de los papeles.

Me resultaba interesante poder leer esa obra, pero los libreros me informaban que no estaba en ningún catálogo. Contacté a un importador importante y su respuesta también fue negativa. No me di por vencido, recurrí a Internet y finalmente me enteré que una editorial española desconocida en Argentina lo había editado. Comencé entonces el proceso de importación de un ejemplar porque me parecía que era fácil recibirlo por correo, pero cuando consulté me desalentaron por los trámites y el costo de la operación que multiplicaba varias veces el valor del libro.

Durante ese tiempo pude conseguir algunos fragmentos de la obra, que estimularon aún más mi curiosidad pero también ahondaron mi desánimo. Como última opción entre en Mercado Libre pero, como era de esperar, no estaba entre las ofertas del sitio. Me resigné a medias pensando que alguna vez viajaría a España y, si no estaba agotado, podría adquirirlo.

Pasaron seis o siete meses y seguía preguntándome que habría escrito Sartre sobre la Navidad. Releí los fragmentos que pude conseguir y la curiosidad aumentaba. Barioná se convirtió casi una obsesión porque sabía que el escritor había sido remiso a su publicación poniendo todos los obstáculos posibles a quienes lo intentaban y tratando de hacer desaparecer los originales. Sabiendo que era nieto de Albert Schweitzer, el filosofó y teólogo que fue misionero en el África, y que en su familia había varios ministros religiosos sospechaba que la obra tendría algunas claves para entender su itinerario espiritual.

Un día entré en Mercado Libre y coloqué el título de la obra sin ninguna esperanza, cuando veo que un librero lo había puesto a la venta en Buenos Aires por un precio muy bajo. Inmediatamente lo compré, pero evité que me lo enviaran por correo y pacté con el vendedor que lo iría a buscar personalmente.

BARIONA

Fui a retirar el ejemplar en una pequeña y oscura librería de saldos en la calle Montevideo. Luego que me entregó el libro, pregunté cómo había llegado ese ejemplar a sus manos. “Vino un señor que había vivido en España —me dijo— y trajo un lote de libros, casi todos religiosos. Los ofrezco a un precio bajo porque… ¡a quién le van a interesar!” Casi me sentí ofendido, pero le comenté el valor que el libro tenía para mí. Se quedó mirándome; presumo que pensaba que hubiera podido sacar más dinero por un libro que estaba nuevo y había ofrecido como saldo, pero ya era tarde.

Lo leí lentamente. Es la primera de las obras teatrales que escribió Sartre y, como afirmaban algunos críticos, sin duda la mejor escrita. La obra es reveladora, muestra a un Sartre diferente, marcado por la circunstancia que estaba viviendo y que, contra todo lo que proclamó en sus libros filosóficos, hace un claro llamado a la esperanza.

Sartre representó el papel de Baltasar, el oponente del fatalista Barioná. Transcribo un fragmento del parlamento que el filósofo recitó con tanto sentimiento que, según contaron los que estuvieron presentes en la representación, muchos de los prisioneros lloraron al escucharlo:

Barioná, (…) cuando hemos visto esa estrella en el cielo nuestro corazón ha vibrado de alegría, como el de los niños. Nos hicimos como niños y nos pusimos en camino porque queríamos cumplir con nuestro deber de hombres, que es esperar.  (…) Esta bella noche, henchida de tinieblas y fuegos que la atraviesan como los peces hienden el mar, te está esperando. Te espera al borde del camino, tímida y tiernamente, porque Cristo ha venido para regalártela. Lánzate hacia el cielo y serás libre —¡Oh criatura superflua entre todas las criaturas superfluas!— libre y palpitante, asombrada porque existes en pleno corazón de Dios, en el reino de Dios, que está así en el Cielo como en la tierra.  

Parece increíble que Sartre haya escrito y recitado estas palabras, que nos deja una duda sobre lo auténtico de su proclamado ateísmo.

Sobre El Autor

Salvador Dellutri es teólogo, conferencista y conductor radial. Uno de los principales referentes del pensamiento protestante en Latinoamérica, su estilo propone un análisis de la fe en relación con la cultura, el arte y la filosofía. Conduce el programa radial Tierra Firme, que se emite en Latinoamérica, Estados Unidos y España. Entre otros libros, ha publicado los estudios El mundo al que predicamosy La aventura del pensamiento, el volumen de reflexiones En primera persona y la novela policial Hay que matar a Jesús.

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