EL GOCE DEL GÉNERO

Albert Herbin acaba de salir de la cárcel. Son las vísperas de noche buena y nuestro protagonista vuelve vencido a la casa de su infancia, en la que su madre terminó sus días mientras él estaba guardado. Todo es gris y pequeño marcado por los recuerdos.

En la noche parisina Herbin se va a cruzar con la señora Dravet, una mujer hermosa, madre solícita de esposo ausente. Una mirada basta para que Herbin se recuerde como un hombre apasionado. El roce de una mano, la promesa de un beso, son suficientes para que abra las puertas del montacargas…

Pocas cosas hay en la vida más funcionales que los géneros narrativos. Como un adicto, cuando la realidad me supera, cuando se me quema la cabeza, el cuerpo me pide una dosis.

Mi veneno: cine de terror y novela negra. En la pantalla tanto Vincent Price como las tonadas monocordes de Carpenter calman mi ansiedad. Los muertos de Romero o los destrozos de Gojira también son efectivos. En papel Simenon es un estado de ánimo. Tengo días Simenon, en los que sólo puedo leer los roman durs del belga, pero cuando se trata de goce puro y duro voy al noir clásico, a ese corazón oscuro que entre el 30 y el 60 recorrió el mundo: Cosecha roja, El largo adiós, La bestia debe morir, ¿Acaso no matan a los caballos?, El gran reloj, Martillo azul, El asesino dentro de mi

El montacargas pertenece por derecho propio a esta estirpe de novelas. Publicada en 1961 fue llevada a la pantalla grande al año siguiente.

Como es de rigor en estos casos, el lector acompaña a Herbin anonadado y embriagado por sus errores. Quiere gritarle que no se aventure, como a la protagonista de la película de horror que escucha ruidos y va a chequear que todo esté en orden en la cocina. Sin embargo, el goce secreto y morboso ante la potencial caída es indefinible. Es el abismo y la ignominia lo que nos seduce, éste es el pacto ficcional que los maestros del género saben extremar para causarnos un vértigo infinito, su declaración de amor a nuestro costado más oscuro.

 

Título: El montacargas

Autor: Frédéric Dard

TRaducción: Vanesa García Cazorla

Editorial: Siruela

145 páginas

Sobre El Autor

Actualmente es el Director de Gestión Cultural de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Entre 2016 y 2020 coordinó el Centro de Narrativa Policial H. Bustos Domecq de dicha institución y antes fue Coordinador del Programa de Literatura y editor de la revista literaria Abanico. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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