No tengo muy claro cómo se llamaba la materia que estaba cursando en la facultad, pero todos los miércoles te llevaban a un museo diferente. Sí tengo claro que fue en el Museo de la Casa Rosada donde vi el famoso mural de Siqueiros. No era solo una pared, sino que te envolvía. Se te venía encima. Es al día de la fecha la única obra de arte a la que me metí en mi vida. No solo verla. Tenías que entrar. Eso sí, antes de hacerlo te hacían ponerte los típicos cubre zapatos que te dan cuando te operás. Esos mismos que ves que tienen puestos los forenses cuando caminan por la escena de un crimen. Así que mi veta negra me hacía sentir así cuando entré al mural. Me metía a una obra de arte, a un pedazo de historia. O a algo medio turbio. Leyendo Pintamonos me di cuenta de que mis sensaciones de ese momento podían no estar tan erradas.

Santullo y Sandler toman como eje de la historia los cruces dados entre diferentes artistas mexicanos, los muralistas Siqueiros y Rivera y Frida Kahlo, las chispas que se sacan por sus diferencias políticas. Toman estas cartas y las barajan a su manera, aprovechan esos pequeños espacios en blancos para armar otra historia, jugar con las leyendas. Y nos regalan cuatro de ellas, donde el guía o eje central de la historia parece ser el buen Siqueiros.

En la primera de ella lo vemos atentado contra Trotsky, al que acusa de haberle hecho mal al comunismo. Diego Rivera, amigo de León decide arreglar las cosas y propone un duelo con Siqueiros, en el que ambos demuestran que sus habilidades manuales se limitan a las artes y no al campo de las armas. Si no pueden lastimarse con plomo, van a darse donde más le duele: en el ego. Sin desperdicio.

El segundo episodio es una suerte de “Frida Kahlo P.I” donde un misterioso visitante en los momentos previos al asesinato de Trotsky puede saber quién es.

Hay tiempo también para un film noir a lo James M. Cain versión porteño, en “Mural en Don Torcuato” vemos el origen del famoso mural de Siqueiros —llamado Ejercicio Plástico— que les mencioné arriba, y en el encargo de esta obra nos encontramos con un triángulo amoroso en el que Siqueiros, mujeres, artes y poder se mezclan, y la rabia de que te arrebaten lo que más querés no conoce tiempo de olvido, solo tiempo de revancha. Y de crimen, claro.

¿Qué harías cuando sabés que no hay manera de recuperar algo? (Leer con voz de trailer de VHS de los noventa).
La respuesta: Comprá Pintamonos, que tampoco te voy a contar todo, che.

Cierra el volumen la despedida de Frida Kahlo —en donde Sandler la rompe y toda— y vemos que Siqueiros, al menos el Siqueiros de Pintamonos, tiene problemas para olvidar, y volvemos al primer episodio y su pica con Rivera, y donde ni siquiera el funeral de una amiga va a evitar que haya una tregua para las diferencias políticas entre los muralistas.

Lo que me pasa cuando leo una historieta de Santullo es preguntarme cómo se las arregla para meter tanto en tan poco. Cuando uno dice qué hija de puta cuando lee una obra solo significa dos cosas. O la está pasando muy bien. O todo lo contrario. Y con Pintamonos una la pasa en grande. El uruguayo es un narrador que entiende la aventura, la disfruta y después te la entrega comprimida para que en tan pocas páginas haya hasta subtramas, subtextos, los gags siempre en el momento justo y, sobre todo, cuando ya tocaron la campana se las ingenia para meterte uno más. Santullo te saca dos risas en tres viñetas.

Y a Sandler no hay personaje que le queda grande, no le tiembla el pulso a dibujar la historia —posta, el funeral de Frida, el ícono de ella y el pueblo ahí, acompañando—, tampoco a la hora de captar los rasgos de Rivera o Siqueiros, ni tampoco al momento de meterle mostrar a una Frida con un revólver. Además de eso, no conoce tiempo muerto ni fondo de relleno, el detalle de una mirada, de un gesto, una marca de época, hacernos sentir ahí, la humedad de ese sótano, la tristeza de una sociedad, los primeros neones. Toda superficie es explotable .

Pintamonos juega con elementos familiares y reconocibles y los da vuelta, va por el otro lado, el lado cotidiano del mito, la épica involuntaria. El famoso What if. Y lo más interesante es que uno no puede dejar de pensar que, en una de esas, las cosas podrían haber sido tal cual como se nos cuentan acá.

A resumidas cuentas, Pintamonos es una celebración de la aventura.

PINTAMONOS

Guion de Rodolfo Santullo.

Dibujos de Leonardo Sandler

Editorial: Maten al Mensajero.

Sobre El Autor

(Buenos Aires, 1986) Trabaja en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Participa en RASTROS: Observatorio Hispanoamericano de Novela Negra y Criminal. Dogo (2016, Del Nuevo Extremo), su primera novela, fue finalista del concurso Extremo Negro. En 2017, Editorial Revólver publicó Cruz, finalista del premio Dashiell Hammett a mejor novela negra que otorga la Semana Negra de Gijón. Es hincha de George V. Higgins, Donald Ray Pollock, Edward Bunker, James Sallis, David Goodis, Raymond Chandler, Jeff Nichols, Kike Ferrari, Leonardo Oyola, James Crumley, Ben Affleck, Daniel Woodrell, Taylor Sheridan, Vern Smith, Newton Thornburg, Jason Aaron, RM Guera, entre otros.

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