Volar es lo que me ha permitido mantener los pies sobre la tierra, dijo John Travolta a la prensa argentina. Eso mismo piensa Carolina Blanco. También piensa que con el actor/piloto su vida cambiaría para mejor. Ser azafata de Travolta, ¿por qué no? Carolina tiene una familia tan disfuncional como las nuestras, tiene buenos amigos, tiene por lo menos una enemiga y un ex marido demasiado cerca. Tiene hombres que la quisieron, hombres que la desearon, hombres que la dejaron, y aunque su vida no es ninguna maravilla, tiene algunos planes que sueña realizar. Si es que llega a salvo al otro lado del océano. Si es que lo extraordinario no se cruza en su camino. Barajas, para Carolina Blanco, es más que un aeropuerto. Barajas es un destino, una hazaña y una cuestión de suerte.

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¿Cómo surge Barajas?

Me iban a presentar a la editora de una colección de historias protagonizadas por mujeres. Yo no me veía haciendo algo de ese estilo, para nada. Pero una noche se me apareció un personaje y después otro y otro y otro. Una azafata, sus compañeros de tripulación, su familia, los pasajeros de un vuelo. Y así empezó BARAJAS. Como un elenco inestable de personajes.

¿Por qué pensás que siendo de tanto vuelo literario, la literatura olvidó hasta el momento a un personaje como el de la azafata?

No lo sé, supongo que no existió el interés. O quizás como vos decís, sea un tema demasiado elevado. Me consta que Elmore Leonard escribió una novela: Jackie Brown. Más conocida por la peli de Tarantino. Yo no supe de ninguna otra, pero debe haber.

¿Cuánto hay de investigación y cuánto de imaginación en las anécdotas que narrás?

No soy buena en matemáticas y cálculos. Hay investigación porque desconocía ese mundo y porque no soy muy viajada en aviones. Vi muchas películas, desde ¿Dónde está el piloto?, La Terminal, Serpientes en vuelo, Vuelo nocturno, Whisky Romeo Zulu, Todas las azafatas van al cielo hasta el documental de Iron Maiden, Fligth 666. Todas tenían en común el avión o el aeropuerto como escenario principal. Me entrevisté con un par de azafatas. Fui de excursión a Ezeiza. Mis amigos me contaban anécdotas o me pasaban datos. Leí manuales de autoayuda para viajeros miedosos de volar. Con un poco de todo esto intenté construir una mentira creíble. Creo que la clave es esa: mentir bien.

¿Por qué Travolta?

Un día, hojeando una revista, encontré una nota en donde habían enganchado a Travolta saliendo de un restaurante de Puerto Madero. El tipo tenía una sonrisa de oreja a oreja por el bife de chorizo que acababa de comerse. Su visita era de incógnito porque en realidad había venido a promocionar una aerolínea australiana. Travolta no sólo es piloto profesional sino que tiene un hangar con aviones propios y una pista de aterrizaje en la puerta de su casa. Yo sentí que si él se me estaba cruzando en el camino era porque tenía que ser parte de Barajas. Igual en mi novela tiene un papel secundario, algo que como actor jamás agarraría. Además Travolta es una marca de época. A finales de los 70, vi Fiebre de sábado por la noche en el autocine de Villa Gesell. En los 90 volví a verlo y admirarlo en Pulp Fiction. John Travolta es el tipo que se hizo y rehizo a sí mismo, me transmite algo muy físico y verdadero.

“Apenas se encienden los motores, los pasajeros pierden el control de sus vidas y se transforman en chicos aterrados que dependen de nosotras”… “¿Estaremos un poco locas? O quizá volamos porque pensamos que nuestro lugar está en otra parte”. ¿El cielo como espacio antinatural o como plan de evasión?

Las dos cosas. El cielo como un espacio desconocido para conquistar, para contemplar o para transportarnos a un lugar lejano.

Chick Lit: ¿Cuánto puede la industria editorial bastardear a la literatura? Desde la mercadotecnia de las industrias culturales ¿perdió el libro su valor simbólico para convertirse en mercancía?

Chick Lit es sin duda un apodo del mercado (donde tallan periodistas, académicos, editores, prensa y marketing editorial). Tan comercial como cualquier otro género popular. En los ´30, el policial no tenía valor literario, sino de uso: historias para divertir a las clases populares. Hoy es el género más prestigioso. Algo parecido le pasó a la ciencia ficción, lo cuenta Ballard en su autobiografía. Igual el chick lit, como género, todavía me parece débil. Las coordenadas que lo definen me suenan algo caprichosas. No sé. Quizás dentro de 80 años se hable del chick lit como hoy hablamos del policial o la ciencia ficción.

Mi experiencia con Barajas es que pude hablar de lo femenino sin traicionarme. Y que escribí la historia que quería escribir, la historia que yo me sentaría a leer.

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Alejandra Zina

 

Zina personal:

¿Hay hombres que se arrodillan a tus pies?

Suficientes para tener fantasías imperiales, como la china de mi historia.

¿Hay hombres que te quieren sin besar?

Mis amigos hombres me quieren sin besar. Mis amigas mujeres también. Y yo a ellos y ellas. Muchas veces tengo ganas de besarlos de tanto quererlos.

¿Hay hombres que te dejan y ya está?

Nunca hubo un “ya está” cuando me dejaron. Mis duelos fueron larguísimos y dolorosos. A veces, peligrosos. Por suerte estoy rodeada de gente que me cuida de mí misma.

¿Hay hombres que te quedan en la piel?

Sí.

¡Mmm que escasa de datos! ¿Hay hombres que te miran y te atrapan?

A veces es una mirada. A veces algo que se dice. Y otras veces lo mejor que te puede pasar es encontrar un hombre con quien bailar. Yo lo encontré.

Entre Lo que se pierde y Barajas recorrés un camino que va de las voces masculinas y la violencia cruda de cada relato a una primera persona femenina ligera y divertida. ¿Cómo manejaste este cambio de registro?

Me llevó muchos meses encontrarle el tono y la voz a Carolina. Nunca había escrito una novela en primera persona y tampoco tenía muchos relatos con una voz femenina. Me lo tomé como un desafío. Yo creo que los capítulos flashback me ayudaron mucho a encontrar el rumbo. Quizás porque funcionan como cuentos y sentía que podía manejar mejor esa extensión. Quizás porque conectan con algo más íntimo del personaje. Si los juntás te das cuenta de que esos capítulos-cuentos forman una especie de educación sentimental de Carolina Blanco.

 

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