Un autor, que es también editor y fundador de una editorial, dos libros, tres relatos.

Una novela que sin pedirle permiso a la memoria, abre sus puertas con la fuerza que encuentra en esta recreación de los recuerdos.

Una asociación de personajes representativos, de cierta realidad adolescente, explora el under en aquella primera instancia de la democracia.

Sexo, drogas y amor en una ciudad erótica que, en 1983, abre su cabeza, sus brazos y, cada noche, también sus piernas.

Una generación que, en libertad, parte de cero y es punta de lanza en nuevos riesgos.

Un sueño compartido entre jóvenes unidos para subirse a un escenario, y a la vida, rastreando algún premio prometido.

Espacios emblemáticos de ayer, que fueron al olvido, son rescatados por Luis Mazzarello cuando pone su mirada en ellos, empezando por Plaza Monti.

Una historia de vínculos ganados y perdidos entre excesos, urgencias y traiciones.

En una dimensión distinta, piezas preciosas hasta aquí descolocadas resultan ser iluminadas con una energía elegida por el autor. Así, una galería del pasado despierta y regresa a la ficción. Un reportaje a la creatividad que se articula cruzando personajes que, entre flashes, entran en acción. Nada es lineal; no lo es el tiempo ni la memoria. Una estética que gana espacio en movimiento.

Entre metáforas, detrás de la ironía y entre líneas, al exprimir recuerdos, se filtra un dejo de melancolía.

Una conexión entre mundos discordantes, aunque de realidades más o menos cercanas.

Una experiencia alucinante; un camino de ida y vuelta. La partida, el regreso y, luego, el conocimiento y la resignación.

En Un mogra nunca es un gramo, paseás al lector por Buenos Aires, por sus barrios: el Centro, San Telmo, Pompeya, Palermo, Belgrano, Flores, y tantos otros; ¿qué diferencias significativas podrías marcar entre aquella ciudad de los años ’80 y la que caminamos hoy?

Buenos Aires en los ’80 era para mí un mundo a descubrir. Comenzando la veintena y la promesa de experimentar una ganada libertad después de la caída del Proceso, muchos veinteañeros nos lanzamos a intentar vivir al límite. Autores como Williams Burroghs, Henry Miller, Boris Vian, Jack Kerouac, Kurt Vonnegut, Philip Dick y Carlos Castaneda (así de mezcladitos) en esa época me condicionaron a experimentar Buenos Aires como un gran escenario en el que vivía mis aventuras, sacadas de una u otra lectura. La Buenos Aires que camino hoy (sólo puedo hablar por mi experiencia y subjetividad) es bien diferente, mis condicionamientos son otros. Pero veo que mis hijos viven su Buenos Aires de un modo muy parecido al que yo vivía el mío.

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¿Cómo te relacionás con los personajes de cada una de tus novelas?; ¿los perseguís, o son ellos los que te buscan?

Nos encontramos. Creo que la mente es el espacio más virgen, el menos explorado. Cada tanto me permito explorar ciertas zonas poco colonizadas de ese espacio, ahí me encuentro con los personajes, las situaciones y las imágenes que después forman parte de mis cuentos, novelas o cuadros.

Los enanos fascistas, el ejército de ratas; el clima de golpe, el nuevo dictador; los muertos vivos – los zombis-. Imágenes que son parte de una trama en la que el lenguaje prende y apaga la luz. ¿Es así?; ¿podrías ampliar la idea?

Me parece que el lenguaje en cuanto representación de la realidad prende y apaga la luz de todo cuanto experimentamos en la vida cotidiana. Me cuesta definir lo que es real (y creo que toda definición de lo que es real es fascista), me parece que nos movemos en un complejo entramado de representaciones de diversos aspectos de una o más realidades. Cada individuo adscribe a una cantidad de esas representaciones, en cada momento apaga y prende la luz de una u otra, deja prendidas dos o más en simultáneo, de acuerdo a eso, actúa. “Este es mi mundo” transcurre principalmente en un mundo paralelo, en el Buenos Aires del contínuum de los personajes de ficción, un personaje que no se cree personaje, sino persona, desencadena una crisis. Ese contínuum como este (el nuestro cotidiano) está conformado por un complejo entramado de representaciones de aspectos de una o más realidades (conviven desde personajes literarios hasta de la televisión, historietas y ficciones que nunca salieron a la luz, como en el caso del mismo Piero Trampozzo), por eso todo cuanto acontece es imprevisible (lo era para mí mismo escribiéndola). Nunca me divertí tanto en un proceso de escritura.

 

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En tu creación, de mundos coexistentes, aparece un tiempo político y también un aspecto social en consecuencia; ¿qué podés decirnos de ello?

Uno de los hilos más gruesos del entramado es el político. El lenguaje político define y condiciona gran parte de los actos de nuestro trascurrir cotidiano, es uno de los que está prendido casi constantemente. Al menos en la vigilia.

¿Cómo te llevás con los sueños y a dónde te llevan?

 Para mí los sueños son una experiencia más. A veces inspiran, otras resuelven situaciones, otras alertan, pero siempre que los recuerdo, condicionan.

¿Cómo definirías, en amplitud, “la voz del ver”?

En la obra de Castaneda “ver” es un estado de conciencia ampliada. Los brujos ven cuando perciben la trama (las emanaciones del águila en la obra castanedaica) y a los seres como globos luminosos. Ese estado a veces viene acompañado de una voz que guía al brujo. Castaneda suele intercalar en algunas obras pasajes muy cómicos. Uno tenía que ver con la voz del ver. En “Figuras en el espejo” (novela dedicada a Carlos Castaneda), remito a ese pasaje.

¿Qué pensás que lleva frecuentemente consigo el “diálogo interno”?

Creo que todos tenemos un constante diálogo interno. Solemos creer que ese diálogo es nuestro pensamiento, según la obra de Castaneda no lo es, sino que es nuestro anclaje con una forma de percibir la realidad. Muchas de las prácticas son para parar el diálogo interno. Algunas meditaciones buscan lo mismo: detener el diálogo interno, aunque sea un instante. Otras prácticas buscan alterar ese diálogo interno, meter un bocadillo que lo modifique. Autores cono Vonnegut, Dick y Castaneda lograron eso conmigo (o eso es lo que creo). A partir de esas experiencias me adicioné, y es lo que busco en nuevos libros, películas, músicas y otras expresiones artísticas.

 

 

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¿Cómo nace editorial Wu Wei?

La editorial nace con la intensión de crear un espacio, un espacio que algunos no estábamos encontrando. La necesidad de crearlo y abrirlo se hizo imperiosa al poco tiempo que comencé a considerar la escritura como una de mis necesidades vitales.

¿Qué diferencia hay entre una editorial dirigida por escritores y las grandes marcas de la industria del libro?

Principalmente la relación con el mercado. Las grandes marcas de la industria editorial deben desempeñarse según ciertas reglas. Esas reglas no difieran de otro tipo de industria de consumo masivo ya que sus estructuras son las de industrias de consumo masivo. Las editoriales pequeñas o independientes pueden tener otra relación con el mercado, o al menos intentarlo. Si están dirigidas por escritores pueden ensayar y permitirse otro trato con los autores. Hay mucho para experimentar. Igualmente el mercado las restringe. Hay autores y autoras que acusan esa restricción a la hora de sentarse a escribir, el marketing de las grandes, las producciones televisivas y en menor lugar la crítica, tienen un efecto condicionador del gusto de los lectores y de los escritores.

 

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Luis Mazzarello

 

Sobre El Autor

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integró el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Se desempeña en el Centro de Narrativa Policial H. Bustos Domecq. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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