CRÍMENES APROPIADOS | FABIO NAHUEL LEZCANO

La novela de Fabio Nahuel Lezcano es un texto político que el autor canaliza a través del género policial. Planteo esto desde el comienzo porque de otra manera no podría el lector encaminar sus pasos hacia un tema  todavía caliente para una sociedad no siempre comprometida. Es de rigor que un relato policial se hace al revés de la narrativa tradicional: un enigma que se resuelve al final. Y aquí nos metemos en un lío porque tendríamos que ahondar en la ideologización y el partidismo, cosa que escapa a esta crónica. Claro que el modelo de denuncia ante la crisis política siempre fue un caldo de cultivo para los narradores del género y no en vano esa ideologización fue llamada en Cuba “literatura policial revolucionaria”. Pero volvamos al libro ganador del Primer Premio de Novela Negra Cosecha Roja y tratemos de entender a los miembros del Jurado cuando determinaron su fallo. Esta obra es más argentina que el dulce de leche y uno al leerla sabe bien de quién habla Lezcano. “Estamos en Argentina, en la Argentina de la ignominia y la depravación moral y mental”, dice Paco Camarasa en el prólogo, como si fuera un argentino, como si se tratara de un individuo que camina por el microcentro y se tutea con las miserias urbanas a la que estamos acostumbrados los porteños. Y aquí mi pregunta: Siendo una novela tan nuestra, tan argentina… ¿por qué fue premiada en España? La respuesta fácil sería porque tiene mérito suficiente para ello, pero en rigor,Crímenes apropiados es un texto de denuncia universal que desnuda a los oligarcas omnipresentes, a la prensa cómplice, a los disidentes desaparecidos, a los niños robados, al silencio hipócrita en el escenario de una Argentina quebrada por la dictadura militar.

 

Dice Lezcano en un párrafo:

Todos somos malos. En mayor o en menor medida pero parece que la maldad está en nuestra naturaleza —comenzó a leer C por tercera vez el párrafo de la carta—. No creo que haya alguien que pueda decir: «No tengo ningún muerto en el ropero». Y yo, como sabrás, no estoy afuera de esa máxima. Desde quedarme callado cuando en la Redacción querían silenciar a los que reclamaban lo que era para todos o no mover un pelo cuando atacaban a aquellos que querían formar el sindicato, hasta escribir una nota brutal para desacreditar o incluso destruir a algún funcionario que no respondía a los intereses del Diario —C detuvo la lectura y prendió un cigarrillo. Miró por la ventana la pared humedecida del vecino y siguió leyendo—. Cualquiera que sepa esto puede reclamarme lo que hice o dejé de hacer para lograr una paz ficticia porque, en realidad, la conciencia sigue pesando más que el presente. Por eso te mando estos documentos (ya sabés que soy un tipo grande y no confío en la tecnología).

 

Óscar Brox como español, arroja su hipótesis: Crímenes apropiados cuenta una historia puramente argentina que, sin embargo, resulta comprensible para un lector español. Basta con mirar atrás para encontrar una dictadura y un ejército a su servicio, una policía fascista, el robo y la venta de bebés y, ahora en clave contemporánea, la concentración de poder que se ha generado alrededor de varios medios de comunicación. La diferencia fundamental estriba en que los argentinos, y en general Latinoamérica, no han perdido esa intensidad política sobre la realidad en la que viven. Algo que en España, pese a todo, sí se echa de menos. Así que Fabio Lezcano encara el material de partida con la precisión de un documentalista, como un escritor que utiliza los archivos desclasificados para construir su ficción con hechos y pruebas. No en vano, en su novela pocos personajes cuentan con un nombre completo; tan solo sus iniciales. Hay un C, una K misteriosa, un JJ o un MK que devienen mártires del relato. Tan solo los villanos lucen con el orgullo de la impunidad sus apellidos: un milico, Montenegro, y Manggione Roble, un empresario de la prensa. El resto, como tantos otros desaparecidos en la dictadura, guarda un pudoroso silencio. A Lezcano le interesa armar un andamiaje sólido en el que no se noten los préstamos de la novela negra ni tampoco las deudas contraídas con la Historia. Crímenes apropiados avanza con un único objetivo: mostrar cómo, pese al reguero de cadáveres que acompaña al relato del último medio siglo de Argentina, la única víctima de esa guerra es la verdad. Aquí su autor, transmutado en periodista, recorre las cloacas de su país en busca de aquello que ha permanecido silenciado: una huella genética, un asesinato encubierto, una deportación forzosa. Todo recurso, por pequeño que sea, que conduzca a la investigación hacia la cabeza del proceso. Una labor que abarca décadas, que ve cómo sus protagonistas maduran y envejecen, mientras el mal permanece imperturbable en su lugar privilegiado. Consciente, tal vez, de que todavía no se ha inventado algo que lo elimine, ni siquiera la muerte de sus instigadores. Si algo nos ha enseñado la Historia es que siempre nos podemos hundir un poco más. Parapetado tras el periodista C, su autor cuenta el relato de dos hijos bastardos del poder criados para convertirse en brazos ejecutores. No estamos en tiempos de dictaduras ni juntas militares, de luchas intestinas entre ideologías, pero eso no es óbice para que los vencedores extiendan sus tentáculos para terminar de estrangular a los vencidos. Y la victoria, en el presente, pasa por el monopolio de la información. Eso que va de una pequeña, pero sustanciosa, manipulación política hasta la necesidad de corregir la historia oficial. La verdad, hoy tan relativa que cualquier tertuliano puede esgrimirla en un mísero debate como argumento de autoridad. Ahí es donde Crímenes apropiados se crece, donde su carga de angustia, literal y existencial, oprime cada capítulo repartido entre la pesquisa del periodista y los pensamientos secretos de uno de los bastardos. Bajo ese manto de auténtica mierda que salpica en todas direcciones y mantiene desprotegidos a sus principales actores. Personajes, todos ellos, marcados por un destino ineluctable, contra el que se puede oponer resistencia aunque de nada sirva. Mérito de Lezcano es trasladar esas sensaciones, la agonía y el desamparo, a un contexto en el que la violencia aparece intermitentemente en forma de ejecuciones sumarias y agujeros de bala todavía humeantes. Siempre negamos, qué remedio, la sensación de que hemos perdido la confianza en las bondades de papá Estado. Quizá la desconfianza es el segundo mejor aliado de la corrupción, el que nos hace creer que la rebelión es posible y una multitud puede ganar a un grupo de elegidos. Lo que Crímenes apropiados pone de manifiesto es el miedo, el terror primario que se apodera de cada personaje envuelto en la conspiración política. El miedo a escuchar demasiado o a callar mucho, el miedo que se azuza desde arriba para disuadir cualquier alternativa de poder. El miedo a perder definitivamente el valor de la verdad.

María Pía López en el posfacio de la obra nos advierte que “es una novela sobre la historia argentina: sus dilemas, sus zonas más oscuras, sus pantanos”. Coincido, tiene la mirada aguda que no escapa a la denuncia. Lezcano atraviesa el tejido social y se mete como piedra en zapato para molestar a cierta parte cínica de esta Argentina seducida por la lectura fácil y el comentario edulcorado. No es Crímenes apropiados un texto liviano, por el contrario, al leerlo aparecen en la mente las figuras de muchos individuos y colegas que pagaron con su vida la renuncia al silencio.

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Fabio Nahuel Lezcano nació en Buenos Aires, Argentina, en 1976. Estudió Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Formó parte del equipo de investigadores que desarrolló el Martín Fierro Interactivo para la Biblioteca Nacional Argentina. En la actualidad escribe guiones para documentales audiovisuales. Forma parte del nuevo grupo de jóvenes escritores que dinamizan el género entre los que podemos citar a Horacio Convertini, Fabio Lannutti, Juan Carrá, Kike Ferrari, Tatiana Goransky, Mercedes Giuffré, Selva Almada, Matías Bragagnolo, Gabriela Cabezón Cámara, entre otros.

 

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Crímenes apropiados

Fabio Nahuel Lezcano

Prólogo de Paco Camarasa

Posfacio de María Pía López

Editorial: JPM Ediciones

Año: 2015

Páginas: 408

Formato: 13 x 20 cm.

Sobre El Autor

José María Gatti es psicólogo social, periodista e investigador.. Se especializa en la obra de Ernest Hemingway y colabora en distintas publicaciones del extranjero analizando la vida del escritor. En 2010 su bitácora www.lapipadehemingway.blogspot.com fue seleccionada por Technorati, el principal buscador automático de blogs, entre los 10 mejores blogs temáticos sobre Ernest Miller Hemingway. En el 2012 su cuento La leyenda del vino resultó finalista en el Concurso de Relatos Cortos Tinta, sangre y vino, organizado por las Bodegas Paternina (Logroño -España), con motivo del 55 aniversario de la visita del escritor a la bodega. En mayo de 2014 participó como ponente, con su trabajo Lo policial en Hemingway, del Cuarto Festival Azabache. Negro y Blanco, en Mar del Plata (Argentina). En setiembre, representó a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, en el V Festival Medellín Negro (Colombia) con su ponencia El sicariato colombiano en Argentina. Ha publicado Tres ensayos sobre arte latinoamericano (1980), En tren de charlas (1982), Hola Hemingway. Una mirada centenaria (1999), Ladrón de desalmados (2004), Gente de palabra (2005), La pipa de Hemingway (2008), Víctimas Inocentes (2013) y Carne en flor (2015).

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