Después de El muertito de Hemingway, José María Gatti vuelve a la novela negra con Siempre llueve detrás del arco iris, una obra que lleva un subtítulo al menos llamativo: ´”La otra historia del inspector Gadget”. Hay entre los dos enunciados una tensión entre lo poético del primero y la oscilación hacia lo cómico del personaje de historieta en el segundo. De algo así está hecha la vida, después de todo.

Como buena expresión del género, en Siempre llueve detrás del arco iris dinero, sexo y poder dirigen el hilo de la historia. Una serie de asesinatos se producen en Puerto Madero, el barrio más elegante de Buenos Aires. Corrupción, negocios turbios, sexo como moneda de cambio; muertes en cantidad: mucho brillo, mucho glamour para tapar la cloaca de las capitales.

El ambiente como un personaje más es parte de la apuesta de Gatti en esta oportunidad. Sin las avenidas, las oficinas, los departamentos, los restaurantes de lujo, el relato no se contaría de la misma manera. El lector se asoma a la vida de los ricos  que se zambullen en dólares casi, casi como Rico McPato, y al entretejido de las maniobras poco claras que cimentan esas riquezas. Que todo está mal detrás de esta gente se percibe desde el inicio y se sostiene hasta el final.

La primera frase ubica al lector en el universo de la historia: “el Inspector Gadget apareció asesinado de seis puñaladas, el 31 de enero de 2009, en el interior de un baño químico ubicado en Avenida del Libertador y Juncal”. Muerte, violencia, desechos y una esquina elegante de la ciudad. En este comienzo se desecha también cualquer alternativa de un guiño aliviador a un simpático personaje de cómic.

Siempre llueve detrás del arco iris está dividida en tres partes. La primera pone en marcha el mecanismo de la intriga criminal. Se organiza en parágrafos numerados que, en su mayoría, llevan el nombre de los personajes que en ellos se presentan. Con una prosa austera, se ubica en el registro de lo fáctico y de la acumulación. Sin detenerse, el relato avanza presentando personajes y mostrando hechos, una flecha que atraviesa el espacio narrativo en una dirección precisa: aclarar lo que la primera frase había propuesto. La tercera parte retoma el tono de la primera, a modo de cierre.

La segunda parte, en cambio, tiene un tono absolutamente distinto. A modo de un informe de inteligencia clasificado, un narrador en primera persona empieza a contar hechos que echan otra luz sobre lo que se viene relatando, principalmente a lo que se esconde tras estas preguntas que aparecen en la primera parte: “¿Quién era Gadget?, ¿una sombra?, ¿un temerario asesino serial?, ¿un femecida?, ¿un loco?, ¿o todo eso junto?”. Una prosa más humana, que tensiona con la categoría impuesta de “documento” y la proliferación de siglas que remiten a códigos secretos y de seguridad, escandida por frases desesperadas, como gritos no escuchados.

El nuevo libro de José María Gatti apuesta a un lector atento a las reglas del género, pero que también pueda saltar a otras perspectivas -más íntimas, más intensas- de la vida de sus personajes. Y permitirse oscilar tanto entre las dos puntas abiertas por título y subtítulo como en la posibilidad de sentir por esos protagonistas desprecio o compasión.  Como en la vida misma, después de todo.

 

Sobre El Autor

scritora, docente y periodista. Publicó las novelas Caras Extrañas (2001), La Banda de los Seguros (2011), Con la Muerte a Cuestas (2014) y Mecanismo de relojería (2020). Es co-autora, junto con Verónica Meo Laos y Juan Carlos Pirali, del ensayo Tras las huellas de Girondo. De muertos y revivos yoes (2011). En 2016 publicó Tres tipos difíciles: Borges, Girondo, Arlt (2016), en la colección juvenil Abrepreguntas de EDULP. Ha publicado cuentos en numerosas antologías y revistas literarias, así como trabajos académicos sobre literatura y educación en revistas y volúmenes colectivos.

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