La Fuga de Atalanta es sin duda uno de los eslabones más brillantes de lo que que los filósofos alquimicos llamaban la “Cadena Áurea”, ha sido considerado el libro de emblemas más bello y sugerente de todos los tiempos. Su autor, Michael Maier (1568-1622), fue un célebre alquimista y médico de la corte del emperador Rodolfo II de Praga. Entre 1614 y 1622, Maier concibió una serie de obras alquímicas ilustradas, entre las cuales «La fuga de Atalanta» es, sin duda, la más importante. Publicada por primera vez en Oppenheim, en 1617, se inscribe dentro del movimiento espiritual rosacruz que floreció durante las primeras décadas del siglo XVII en los principados alemanes al cual pertenecían tanto el editor del libro, Theodor de Bry, como el autor de sus grabados, Merian.

fuga_de_atalanta
Parte de la fascinación que ha despertado esta obra se debe a su triple naturaleza, en tanto que libro de emblemas visual, obra musical –con sus cincuenta partituras que acompañan a las imágenes– y volumen puramente textual, con sus epigramas y comentarios alquímicos. Por todo ello, «Atalanta Fugiens» puede considerarse como el primer libro «multimedia» de la historia cultural europea.
La cuidada edición de Editorial Atalanta, no sólo reproduce los grabados a partir de una edición original e incluye por primera vez en castellano el texto íntegro de Maier, sino que ofrece también una magnífica versión musical interpretada por la Ensemble Plus Ultra, dirigida por Michael Noone, para poder escuchar sus cincuenta fugas, mientras se contemplan sus grabados y se leen sus epigramas. Indudablemente se trata de una de las  lecturas más sugestivas y sugerentes del mercado editorial actual.

A continuación reproducimos, con la amable autorización del editor, epigrama, grabado, discurso y fuga XIV. Esperamos los disfruten y estimule su deseo de hacerse con el material original.

EMBLEMA XIV DE LOS SECRETOS DE LA NATURALEZA

img_maier_2

Este es el dragón que se muerde la cola

 

 Epigramma XIV

Dira fames Polypos docuit sua rodere crura,

Humanaque homines se nutriisse dape.

Dente Draco caudam dum mordet et ingerit alvo,

Magna parte sui sit cibus ipse sibi.

Ille domanduerit ferro, fame, carcere, donec

Se voret et revomat, se necet et pariat.

Epigrama XIV

Aguijoneado por el hambre, el pulpo

roe sus miembros y el hombre se alimenta del hombre.

El dragón muerde y come su cola,

y se alimenta de una parte de sí mismo.

Somételo por la espada, el hambre y la prisión;

que se coma y se vomite, que se dé muerte y nazca de nuevo.

 

DISCURSO XIV

Los antiguos afirmaban que la serpiente que ha devorado a otra se convierte en dragón, pues ejerce su crueldad sobre su propia raza, como hace el ladrón o el asesino. Se sabe que en África las hay tan abundantes y tan grandes que devoraron a gran parte del ejército de Alejandro. Entre los asaqueos, pueblo de Etiopía, nacen unas muy grandes que, entrelazadas como zarzos, se esfuerzan, con la cabeza alzada, por alcan­zar los mejores alimentos. Se cuenta que los reyes de las Indias alimentaban a dos dra­gones, uno de ochenta codos de estatura, el otro de noventa. Además, según una observación hecha por autores de nuestra época, cerca de Angola se encuentran tam­bién dragones semejantes que pueden igualar en tamaño a los mástiles de enormes navíos. Se ha dicho también que las montañas de la India y de África encierran gran abundancia de oro, pero que son guardadas por dragones, de manera que nadie llegue hasta el oro y se lo lleve. En efecto, los dragones se reúnen junto a las fuentes y arro­yos que descienden de las montañas y, al mismo tiempo, montan guardia junto al oro. Por eso los filósofos colocan tantos dragones y serpientes junto a sus tesoros, como ocurre con el Vellocino de Oro, el Jardín de las Hespérides, y también con relación a otros personajes o temas químicos, como Cadmo, Saturno, Esculapio o Mercurio, cuyo caduceo está ceñido por dos serpientes, macho y hembra. Por dragones no entienden otra cosa que los objetos químicos. Por eso afirman: «Las montañas pro­porcionan Rebis y dragones; la tierra proporciona fuentes». Añaden que el dragón devora su cola, aludiendo a su hambre extrema. Otros lo interpretan como el año, que vuelve sobre sí mismo y describe un círculo, pero esta imagen fue aplicada inicial­mente por los filósofos químicos a sus temas. Por el dragón quieren significar la ser­piente que devora a otro miembro de su especie y que es propiamente denominada azufre, como está atestiguado en innumerables lugares. Llull dice en el capítulo 31 de su Codicilo: «Ése es el azufre, hijo mío, y ésos son la víbora y el dragón que devoran su cola, el león rugiente y la espada acerada, que corta, mata y rompe todas las cosas». Y en el Rosario leemos: «El dragón no muere si no lo matan su hermano y su hermana»!’ y un poco más adelante: «El dragón es la plata viva extraída de los cuerpos, que posee cuerpo, alma y espíritu. Esta agua recibe también el nombre de agua fétida después de la separación de los elementos».

Se cuenta que la serpiente devora su cola porque absorbe la parte de sí misma que es móvil, venenosa y húmeda, de modo que, sin cola, parece después más voluminosa y lenta, pues su movimiento y su agilidad tienen en gran parte su origen en la cola.

Todos los demás animales se apoyan en sus patas, pero las serpientes, los dragones y los gusanos sustituyen las patas de las que carecen por movimientos de contracción y expansión de su cuerpo; como el agua derramada, describen círculos determinados, inclinándose ora de un lado, ora del otro, como se puede ver en la mayor parte de los ríos, que, a la manera de las serpientes, doblan su curso y lo curvan con sinuosidades. No carece, pues, de razón que se dé a la plata viva el nombre de serpiente, y que se atribuyan las serpientes a Mercurio, puesto que éste parece arrastrar una cola y se alza bien de un lado, bien de otro, con una masa móvil. Pues igual que se desliza la serpien­te, así hace Mercurio, que por esta razón posee alas en los pies y en la cabeza. Se dice que en África las serpientes son aladas y devastarían todo si no fueran destrozadas por los ibis. Por eso el ibis forma parte de las imágenes sagradas de Egipto en razón de los servicios manifiestos que rinde al país, y a causa también de una propiedad oculta comprendida solamente por algunos.

Se dice que este dragón, después de morderse la cola, se desprende de la piel vieja y recibe una nueva al tiempo que recupera la juventud, de modo que la naturaleza ha concedido una longevidad mayor no sólo a las cornejas, los cuervos, las águilas y los ciervos, sino también a las serpientes. La hormiga, cuando envejece, adquiere alas, como también numerosos gusanos. El hombre, cuando envejece, es confiado a la tierra, y, renaciendo a partir de ella, será consagrado a la vida eterna. Con cualquier serpien­te quemada se hace un polvo que se revela muy eficaz contra todos los venenos. Se debe hacer un antídoto con ayuda de este dragón una vez ha devorado su cola (apén­dice habitualmente amputado en las víboras), y será ése un remedio muy poderoso (alexipharmacum) contra los males de la fortuna y del cuerpo.

img_maier_1

 

En el siguiente video pueden escuchar algunas de las fugas grabadas por la Ensemble Plus Ultra, dirigida por Michael Noone.

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir a la barra de herramientas