El ejercicio de la relectura es una práctica enriquecedora. Los neurocientíficos suelen advertir que de un libro leído la mayoría de las personas olvida su contenido en 24 horas y que el lector sólo retiene pasajes, momentos y breves recuerdos. Por eso volver a leer un libro es determinante para reorganizar las ideas y profundizar el concepto de lo leído. No siempre es posible hacerlo, la inmediatez nos juega una mala pasada. Aquello que leímos hace 20 años no será lo mismo 20 años después. Volver a leer un libro permite ver con nuevos ojos el panorama. Las cosas cambiaron, los tiempos cambiaron, las ideas que antes no tenían sentido también sufrieron el paso del tiempo; uno no es el mismo. Ahora bien…¿debemos releer todos los libros?. No, claro está, sólo conviene hacerlo con aquellos que dejaron una huella, una duda, una emoción, el recuerdo del momento que el libro llegó a nuestras manos; tal vez rememorar el regalo de un amigo, una portada que nos impactó, la referencia en otro libro, esa deuda y culpa pendiente por no haberlo terminado. Hacer posible aquello de “una experiencia debida” y “una experiencia de vida”. Releer es un volver al pasado, a nuestra historia, a un momento que siempre seguirá en nosotros.

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BALADA DEL CONSENTIMIENTO A ESTE MUNDO | Bertold Brecht

De Bertold Brecht (Eugen Berthold Friedrich /Augsburgo-Baviera, 10 de febrero de 1898 – Berlín Este,14 de agosto de 1956) todo se ha dicho. Hasta aquella reflexión atribuída erróneamente:

“Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”, que pertenece al pastor protestante Martín Niemöller (1892-1984) y no a Brecht.

Este texto de “Ellos vinieron” tuvo tanta difusión que parecía innecesaria cualquier aclaración; sin embargo, el verdadero autor fue un personaje controvertido que a lo largo de su vida cubrió el cargo de comandante en un submarino alemán durante la Primera Guerra Mundial, hasta transformarse en pastor luterano y apoyar como tal al régimen nazi en ambas contiendas; para después mezclarse en las guerras amparadas por el imperialismo y visitar a Ho Chi Minh en Vietnam del Norte, en 1965.

Poeta, director teatral y uno de los dramaturgos más influyentes del siglo pasado, Brecht es el creador del llamado teatro épico.

Inconformista y radical desde su infancia, sus primeros poemas fueron publicados a los dieciséis años. Poemas pornográficos con vagabundos y prostitutas como protagonistas. Su agudo sentido social, su punzante crítica, su actitud de rebeldía, lo transforma en un perseguido por el nazismo y sus obras son prohibidas, lo que hace que deba exiliarse en 1937. Vive en Dinamarca, Suecia, Finlandia y Estados Unidos, donde sus guiones fueron rechazados por las grandes productoras. Acosado por el Comité de Actividades Antiamericanas huye a Suiza. Finalmente se instala definitivamente en Berlín Este, donde funda junto a su esposa Helene Weigel, la compañía de teatro Berliner Ensemble. Sus poesías reflejan su carácter inconformista, radical, provocador y revolucionario.

Uno podría seguir hablando hasta el cansancio sobre el autor pero lo mejor es ingresar a su biblioteca y rescatar una obra llena asperezas y minada de aspectos que el buen lector no dejará de admirar. En este sentido la reedición de Balada del consentimiento a este mundo (Ballade von der Billigung der Welt) publicada por Libros del Zorro Rojo en el 2014, acompañada con las excelentes ilustraciones de Henning Wagenbreth (Eberswalde,1962), cartelista e ilustrador de libros y revistas como Liberation y The New Times. Entre sus reconocimientos se destacan el primer premio The Goldene Letter en la categoría los libros más bellos del mundo y la Medalla de Plata de la Bienal del Cartel de Varsovia (2004); es una suerte de renovado aire fresco ante tanta letra impúdica.

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Balada, escrita en 1932, es un manifiesto social que dispara contra los discursos ideológicos de los grupos de poder dominantes y llama a la reflexión de una conciencia dormida, aplastada por el miedo, la falta de compromiso y la indiferencia. Brecht se introduce en el cuerpo de la maza silenciosa y golpea a los políticos, jueces, policías, militares, y burgueses preocupados por el poder y el dinero. El inconformismo del alemán tiene pasajes que hoy son de enorme vigencia:“No soy injusto, pero tampoco valiente. Hoy me enseñaron el mundo tal cual es. Me lo mostraron con un dedo ensangrentado y me apresuré a decir que sí, que por mí estaba bien“, dice el autor para después agregar…“Como detesto bajezas y necesidades mi arte no tiene aprobación en este tiempo. Porque a la mugre de vuestro mundo de maldades le hace falta – lo sé- mi consentimiento“. Y es aquí donde debemos valorar el discurso agresivo y poético de Brecht donde con toda energía nos plantea otra mirada, otra forma de ser en un mundo desparejo, sobrecargado de desigualdades e injusticias sociales, señalado por el odio, la discriminación y el abuso, donde el consentimiento cínico doblega a la necesidad primaria de vida. Brecht es ácido y crudo en un momento político donde la tibieza no estaba legitimada.”No acepten lo habitual como cosa natural, pues en tiempos de desorden sangriento, de confusión organizada, de arbitrariedad consciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer imposible de cambiar”.

 

 

 

 

 

La poesía de Brecht transita por la dureza de sus palabras y el extremo sentido crítico anticapitalista se ve reflejado en esa magia irónica que sólo esta reservada para los grandes.

Volver a releer este trágico y valiente libro deja la sensación de que el ser humano es perverso e hipócrita y poco receptivo con el otro, algo que a pesar de los años forma parte de una desleal forma de vida.

El narrador nos puede resultar un cínico oportunista, uno de esos muchos que también hoy pasean con andar desenvuelto. Todo lo que en el mundo sucede lo acepta con absoluta serenidad pero en rigor Brecht nos anuncia que la esperanza no es una entelequia sino un forma de estar más cerca de la felicidad, mas cerca del ser.

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1

No soy injusto, pero tampoco soy valiente

Hoy me enseñaron el mundo tal cual es

Me lo mostraron con un dedo ensangrentado

y yo me apresuré a decir que sí, que por mí estaba bien

 

2

El palo sobre mi cabeza, los ojos bien abiertos,

noche y día el mundo entero ví,

vi que los carniceros, como carniceros sirven,

y a la pregunta:¿Te alegra lo que ves? Yo dije: sí.

 

3

Desde ese día dije que sí a todo:

mejor cobarde que hombre muerto, me oí decir.

Y sólo por no caer en esas manos,

consentí en todo lo que no se puede consentir.

 

4

Vi al estanciero revender cereales,

y al pueblo hambriento aplaudir con humildad.

Rodeado de intelectuales dije en voz alta:

es algo caro, pero de buena calidad.

 

5

Vi a los empleadores allí: a uno de cada cinco

lo emplean, e incluso pagarían.

A los que me piden que interceda les digo:

hablen con ellos. Yo no sé de economía.

 

6

Vi a los militares planeando sus saqueos;

vi que por cobardía los dejan andar sueltos.

Sospenchando lo peor, les cedí el paso

y grité: ¡Bravo! Para éstos, la técnica no tiene secretos.

 

7

Vi a los diputados que a sus hambrientos votantes

juran que ellos todo lo cambiarán.

No mienten, digo, son grandes oradores,

pasa que los supera la realidad.

 

8

Vi a los burócratas enmohecidos

mantener funcionando el superinodoro,

mal pagados, por presionar y patear entre quejidos.

Para ellos pido más sueldo y más decoro.

 

9

No quiero olvidar a los agentes del orden

bastión insobornable de la honestidad.

Les alcanzo la toalla llena de sangre

con tal de que me defiendan mi seguridad.

 

10

Veo a los jueces, patrones de las leyes,

encubrir evidencias con el mayor cinismo.

Salvar la propiedad, las amistades.

Si fuera juez, sin ofender, haría lo mismo.

 

11

Y digo: esos señores son incorruptibles.

No hay importe que los pueda tentar.

Cuidar las leyes y dictar sentencia. ¿No es

suficiente incorruptibilidad?

 

12

Allí a pocos metros, veo unos delincuentes

golpeando a un anciano, a una mujer y a un niño;

veo también que sus palos son de goma…

Y me doy cuenta que no son bandidos.

 

13

La policía que combate la pobreza,

para que la miseria detenga su invasión,

tiene trabajo a manos llenas. Mi última camisa

es para ellos que salvan del ladrón.

 

14

Así demuestro que no tengo agravios,

y espero que aprecien mi transparencia,

más aún si me identifico

con los que han sido calumniados por la prensa.

 

15

Para los periodistas: la sangre de sus víctimas

suele hacerles de tinta: «Los asesinos no lo hicieron».

Yo ayudo a distribuir las hojas aún mojadas,

y afirmo: buen estilo, tienen que leerlo.

 

16

El poeta nos envía su Montaña Mágica para la lectura.

¡Lo que él (por dinero) allí dice, lo dice con razón!

¡Lo que él (gratuitamente) calla, podría ser la verdad!

Yo digo: no confundir ceguera con mala intención.

 

17

Un comerciante convenciendo a los que pasan:

«soy yo el que huele mal, no mi pescado.» Pienso:

ese no come su pescado podrido. A lo mejor tengo suerte

y me vende en el mercado. Por las dudas lo cuido.

 

18

La piel medio comida por las infecciones,

un viejo compra a una jovencita con plata robada.

Le doy la mano (con cuidado), con mis congratulaciones,

agradeciéndole que ayude a la muchacha.

 

19

A los médicos, que a los pacientes pobres

como pescado chico devuelven a las aguas,

no dejo por eso de pedirles turno, y sobre

sus camillas me tiendo y encomiendo el alma.

 

20

A los ingenieros creadores de las cintas sin fin

que al desgraciado obrero quita toda energía,

les canto loas por su técnico perfil,

el triunfo del espíritu me exalta de alegría.

 

21

Vi a los maestros, pobres represores,

formar niños a su imagen y semejanza.

Del Estado cobran sus remuneraciones.

No retarlos. Ni para morirse de hambre les alcanza.

 

22

Y veo chicos de catorce años,

del tamaño de seis y que hablan como ancianos.

Y digo: así nomás. Y a la muda pregunta:

¿Por qué? Contesto: No sé. ¿No es humano?

 

23

Los profesores, que con bellas palabras

justifican lo que su mandatario hace,

hablan de crisis financiera en vez de crímenes.

No son peores que lo que puede imaginarse.

 

24

A la ciencia que multiplica nuestro conocimiento,

que a su vez hace crecer nuestra miseria,

la ensalzan como a una religión, que en su momento

estimula nuestra ignorancia, que también se revela.

 

25

No quiero hablar de más. A los curas los siento mis amigos.

Las guerras y las matanzas no los cambian. En alto

sostienen la fe en el amor y la asistencia al vecino.

Nada de todo eso será echado en el olvido.

 

26

Vi a todo el mundo alabando a dios y al usurero.

Y escuché al hambre gritar: ¿dónde hay que pedir?

Y vi unos dedos gordos señalando hacia el cielo.

Y entonces dije: ¡vieron que hay algo allí!

 

27

Los gordos pelados, que hace ya un tiempo

bocetara George Grosz, están a punto

de degollar a la humanidad en un planeado intento.

Si es un plan ordenado, estoy con el asunto.

 

28

He visto a las victimas y a los asesinos.

Sé distinguir entre coraje y compasión,

y frente a la valentía del asesino digo:

bien hecho, es una doble elección.

 

29

Veo venir las formaciones de matarifes,

quiero gritarles ¡Alto! Pero también veo que

estoy rodeado de un montón de guardias,

y grito lo que gritan todos: ¡HEIL!

 

30

Como detesto bajezas y necesidades

mi arte no tiene aprobación en este tiempo.

Porque a la mugre de vuestro mundo de maldades

le hace falta -lo sé- mi consentimiento.

[Del libro 80 poemas y canciones, editorial Adriana Hidalgo, traducción de Jorge Hacker]

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Sobre El Autor

José María Gatti es psicólogo social, periodista e investigador.. Se especializa en la obra de Ernest Hemingway y colabora en distintas publicaciones del extranjero analizando la vida del escritor. En 2010 su bitácora www.lapipadehemingway.blogspot.com fue seleccionada por Technorati, el principal buscador automático de blogs, entre los 10 mejores blogs temáticos sobre Ernest Miller Hemingway. En el 2012 su cuento La leyenda del vino resultó finalista en el Concurso de Relatos Cortos Tinta, sangre y vino, organizado por las Bodegas Paternina (Logroño -España), con motivo del 55 aniversario de la visita del escritor a la bodega. En mayo de 2014 participó como ponente, con su trabajo Lo policial en Hemingway, del Cuarto Festival Azabache. Negro y Blanco, en Mar del Plata (Argentina). En setiembre, representó a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, en el V Festival Medellín Negro (Colombia) con su ponencia El sicariato colombiano en Argentina. Ha publicado Tres ensayos sobre arte latinoamericano (1980), En tren de charlas (1982), Hola Hemingway. Una mirada centenaria (1999), Ladrón de desalmados (2004), Gente de palabra (2005), La pipa de Hemingway (2008), Víctimas Inocentes (2013) y Carne en flor (2015).

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