Carlos Zanón nos habla en términos reales y los empalma con otros imaginarios.
Son expresiones explícitas e implícitas. Imágenes que enriquecen la creación literaria, construyendo hechos poéticos que emergen, entre descripciones encadenadas,  mediante un lenguaje que, en sí mismo, reconoce  cierta interconexión sostenida a lo largo de su obra, aunque sin llegar a establecer una evidente continuidad.
Cada imagen que evoca es un sentimiento. Cada poema, una interpretación del  ser en este mundo. Nostalgia, melancolía, soledad y, en el fondo, decepción; algo de miedo y algo de fe, en la vida y hacia la muerte.                     
Se advierten fantasmas que se acercan más a una verdad escondida, que a lo ilusorio o a lo alucinado.
Zanón ahonda en la existencia y, desde la profundidad que alcanza refleja, como un espejo, figuras ideales que él convierte en elementos preponderantes.

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YO VIVIA AQUI es la primera antología de la trayectoria poética de Carlos Zanón. Reúne poemas desde su primer libro El sabor de tu boca borracha (1989) hasta el último, Tictac tictac (2010) así como de varios inéditos.

 

Antes de entrar de lleno en Yo vivía aquí, quisiera pedirte un comentario acerca de tu experiencia con  la poesía y, además, una reflexión sobre las diferencias más destacables que, desde tu punto de vista,  podemos encontrar entre  este género y la prosa en lo que hace a la inspiración y al proceso de escritura.

Escribo poesía desde muy joven. Mi primer libro lo publiqué a los 22 años. La poesía es una mirada, una manera de descifrar la realidad mediante un retorcer el lenguaje, un jugar con las palabras para ir más allá de lo que es el primer plano de la realidad.

Abordo la prosa igual que con la poesía. Nunca enfoco la acción de una manera directa, sino desde algo tangencial, los detalles. Me interesa de ambos estilos la intensidad, la emotividad, el desenmascaramiento. Es sólo el trazo de un argumento, el trabajo de construcción de la estructura lo que lo diferencia.

En tu obra hay palabras, figuras, imágenes y elementos que aparecen una y otra vez; esto les otorga una mayor relevancia. Por esta razón, me gustaría poner el acento en algunas  de estas expresiones y pedirte que nos hables de ellas, de esas ideas que cobran fuerza en tu voz. Y te pido que me eximas de tener que intercalar comillas tras comillas.

Veamos:
La lluvia. Toda la lluvia caída… Una lluvia fina… Va lloviendo una música vieja, acaso triste… La lluvia dibujando nombres en el salpicadero… La lluvia empapando mi equipaje… La lluvia a través de los cristales… Recoger toda la lluvia que cae… Crueles vendavales… Un diluvio de sensaciones y perfumes… Huele a lluvia y la lluvia a tu ausencia…  La lluvia queriendo entrar… Caja de cartón empapada de lluvia… Las viejas cañerías que anticipan la lluvia… La tarde huele a lluvia, la lluvia a noche… La lluvia empaña los cristales…
¿Qué representa la lluvia en tu obra poética?

En toda la literatura, el subconsciente se te cuela casi sin quererlo. Para mí la lluvia es redención. Es un nuevo principio. Es lo que limpia el ambiente. Una nueva oportunidad desde la melancolía.

El agua. El agua helada… El agua del río, plomo y veneno… Agua bendita… Un antiguo círculo sobre la superficie del agua… Aguas estancadas… Sobre las aguas y la arena… Morir en su lecho de agua… El agua escarchada de la fuente… Abrir el agua… Las fétidas aguas del río… Las aguas tranquilas… Agua sucia…
¿Qué tantas realidades se encuentran bajo la figura del agua?

El agua sana y envenena. Como las personas, el amor: lo que te da vida, te mata. Al nacer te condenan a muerte. El agua no sana mi sed, me la recuerdan.

Los dedos. De lluvia, de plomo. El dedo herido de la noche… Las puntas de mis dedos helarse… Enguantarse los dedos… Manejado por curvos dedos de ángeles que sólo guardan aquello que desean y acaso envidien… Unido al mundo por un dedo… Ensortijar mis dedos en tu pelo rojo…  Los dedos helados…
¿Qué podés decirnos de los dedos como recurso simbólico?

El dedo como inicio de la caricia, como lo que te señala, el fantasma que te asusta. Unos dedos suplen una caricia. Hay algo divino en unos dedos que te eligen, que se enredan con tu pelo…

Las sombras. Mi sombra… Recuperar la sombra… Tu sombra a lo lejos… Enamorarse de una sombra… Alargar más su sombra…
¿Hay algo de Jung entre estas sombras? Me refiero a esa suerte de insuficiencias y carencias; a la añoranza de todo aquello que no podemos aceptar o no sabemos encontrar en nosotros.

Totalmente. O lo que perdimos. Lo que nos recuerda, lo que se quedó en el tren cuando saltaste

La mentira. Mentiras… Entre mentiras y añoranzas… Rota y arrogante como una mentira… La primera mentira… La mentira mal escondida…
¿Cómo te llevás con la mentira?

La mentira nos salva de la unicidad. Nos permite desdoblarnos. La mentira nos proyecta a la eternidad de ser todos y a la vez pero al mismo tiempo nos va pudriendo. Nos morimos sin que nadie sepa quienes somos, queriéndonos por lo que saben de nosotros no por quienes somos.

Fantasmas. Aquellos fantasmas… Los fantasmas de jardines… Invocando el fantasma de una madre muerta… El fantasma rondaba a tu alrededor…
¿Cuánto pesan los fantasmas en tu historia de vida?

Uno habla más con sus muertos que con los vivos. Con los que pudo ser y no fue.

La muerte. Y el agua de lluvia… Llovieron ríos de barro y muerte… Los muertos… Penetrante hedor a muerte… Calando los huesos de los muertos… Huesos rotos bajo la piel… Enterrados vivos… Suave como el horizonte, como la muerte que besa a oscuras…
¿Qué esperás del final?

Que haya valido la pena. Que haya sido divertido.

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Las velas. Luz de velas y vino amargo en copas de cristal vertido… Luz de velas en el teatro vacío… Luz de velas y vino dulce en copas de metal servido… Todas las velas están fundidas en recipientes rojos, en recipientes amarillos, en recipientes celestes…La copa vacía… Apagar las velas con los dedos.
Aquí me interesaría poner el acento en las velas fundidas.

La vida que se consume. El deseo que se apaga.

La basura. Bajar la basura… Rebuscando entre la basura… Rumor de túnicas desgarradas entre la basura…
¿Qué hay detrás de la basura, en la poesía?

Flores y… más basura.

Los gatos. Sobre banderas, gatos y antenas… Los gatos de pelaje eléctrico… Tres gatos (bailando)… Gato y gatito…Un gato pendenciero… Un gato armenio…
¿Cómo te relacionás con ellos?

No soy un fanático de ellos. Siempre he tenido. Me gusta su electricidad. Su elasticidad. La noche. El gato armenio me guió por Jerusalén.

Agujeros. Un agujero…Un agujero negro… Negros agujeros… De este agujero no nos sacan al menos que nos digan quiénes somos…
¿Cómo salimos después de atravesar, de lado a lado, cada uno de los agujeros que se nos presentan aquí y ahora?

Salimos más sabios, más miedosos, más cansados.

Nostalgia y melancolía. El tren suave y lento de la nostalgia… Atroz melancolía… Soledad… Sueño y recuerdo… Vómito de nostalgia…
¿Hasta qué punto se pueden capitalizar -transformar en algo interesante y positivo- estos sentimientos?

La nostalgia de lo que nunca se vivió es una fuerza muy poderosa. La melancolía es un rasgo de carácter. Una putada, de hecho. La alegría es mejor esposa.

El olvido. Todos desmemoriados… Alrededor siempre del mismo miedo… El miedo a ser olvidado… Es más sencillo, mucho más efectivo, asesinar a un amante que olvidarlo… Sólo es cierto lo olvidado… Cuerpo, recuerdo, olvido…
¿Es viable, factible, recomendable hablar de las virtudes del olvido?

Para seguir hay que olvidar, no mirar atrás: ser cruel. Además solo se recuerda lo olvidado.

El cuerpo. Es calle… Cuerpo cubierto de ceniza… Cuerpos dormidos… Reventar cuerpos… Ese cuerpo que arrastramos de las ruedas desde hace rato… Nuestros cuerpos se quemaron… Un cuerpo de mujer… Deshecho de mi cuerpo…
¿Te puedo pedir una reflexión sobre el fin del cuerpo, dándole a la palabra “fin” ambos sentidos (la finalidad del cuerpo y su culminación)?

El amor, el sexo es lo más cercano a Dios que uno puede conocer desde su ateísmo. El fin es dejar de ser uno. Y la muerte, claro.

La boca, los labios y los besos. Morder tu boca rota… Una boca embrujada… La boca de su amado infiel… La boca de sangre… Las bocas resecas por el olvido… Otra boca con distintos besos y palabras… En la alfombra áspera de los labios… Dulce como sangre en los labios… Labios que no son más que ceniceros de antiguos besos… Un primer beso… Besos fríos… Besos y mordiscos… Besos no usados… Cerramos los ojos en el beso… Inmortal en unos besos… Un beso es sólo un beso…
¿Qué podrías decirnos al respecto?

La boca, los besos, el morir en otro.

Ojos. Los ojos, las miradas. Seguiré mirándome a los ojos… Manos y ojos en vez de corazón… Ojos de pez… Acertar con el contorno de los ojos… Grandes ojos… Los ojos inyectados… Los ojos tan tristes… Cierro los ojos… Ojos de niño… Con ojos grandes… Con los ojos abiertos… La mujer cierra los ojos… Una ruina de ojos hundidos…
Los ojos llegan a ser reflejos del alma. Hay quienes acuerdan con tal afirmación; sin embargo, por otro lado se asegura que el alma alberga facultades tales como el entendimiento, la sensibilidad, la voluntad y la memoria. ¿Todo ello se refleja en una mirada?

La mirada, algunas miradas, dicen cosas que las palabras no saben o no quieren saber.

Portada yo vivía aquí4-2..

De El sabor de tu boca borracha.

Sin cara, sin gestos, sin labios,

sin voz ni dedos,

sonámbula sobre mi pecho,

en mi cama, en mi casa y en mi cuerpo

la agonía de los océanos azules,

de los besos inmensos y lejanos,

sobrevuelas, envuelta en pieles de cebolla,

medusa,

tules y velos de novia ennegrecidos.

En ceniza y en recuerdos.

Sin cara, sin gestos, sin labios,

sin voz ni dedos,

¿he estado amando a una condenada

o es que me estoy enamorando de una muerta?

pan duro y agua, agua y pan duro.

Rompe mi cuerpo, rómpeme los huesos,

porque sólo soy el ser que se ató

las muñecas

al rizado hilo de un teléfono,

a tu pelo y a tu nombre.

¿Qué importa si tenía un nuevo amantes,

si me amabas o me odiabas

o si tan sólo tratabas de olvidarme…?

Sólo soy el ser que aún hoy, guarda

una carta tuya,

un regalo

o una pista para entender algo.

Pan duro y agua, agua y pan duro.

Quiero que empapes tu vestido de sudor

y me lo envíes.

No me hará daño tenerlo,

sólo un poco quizás.

Me lo pondré cuando me sienta solo,

tan solo como hoy.

Cuando la cosas no me vayan bien

y así parecerá que no te has ido del todo.

Sin cara, sin gestos, sin labios,

sin voz ni dedos,

te arrastras por el suelo,

manchas las paredes

y me esperas entre las sábanas.

La máquina ósea, la máquina letal.

Y la vida, disfrazada de maldita serpiente de luz

se me enrosca quebrándome la espalda,

en un terrible y lascivo abrazo de amor,

en mi cama, en mi casa y en mi cuerpo.

Dormiré bajo tu lengua,

en tus noches de mujer enamorada,

empapado de miedo y nostalgia,

ordenando el caos,

una y otra vez

hasta que acabe esta pesadilla.

Este dolor es puro,

este llanto inútil,

esta espera es cruel.

Aprendiendo a vivir,

inquilino y huésped.

En mi cama, en mi casa y en mi cuerpo.

Y mañana a las dos irrumpirás

como Tom Sawyer,

para convertir las lágrimas en polvo de estrellas,

y la tragedia en una lluvia fina y cansina.

Y más tarde, a las ocho,

esperaré en el portal de tu casa

a que bajes y me digas: “¿A dónde vamos?”.

Pan duro y agua, agua y pan duro.

 

De Ilusiones y sueños de 10.000 maletas.

El brujo.

El brujo habla y no dice nada.

Dibuja garabatos en un sobre

y envía cartas y postales a la muerte

tratando con direcciones falsas de engañarla.

La vida es blanca

y se escribe sobre papel blanco.

Siempre ha sido así

¿por qué iba a cambiar ahora por mí?

Quizás haya un motivo

en cada una de mis encías,

en estos dos hilos de alta tensión,

quizás un por qué en este río de mercuriio

que me ennegrece los dientes

mientras fluye pausadamente

hacia ningún mar.

En algún sitio debe haber respuestas.

Estoy seguro de ello.

¿Por qué sino, me avergüenza mi propio dolor,

por qué muerdo entonces la almohada

y pruebo de no gritar?

¿Por qué aun aquí trato de no molestar,

de ser mejor que los demás,

de caer simpático bailando martes y jueves,

convulso bajo la luz blanca

que ciega pero no cura,

saturado de peyote y dexidrina,

doblado,

deseando con todas mis fuerzas

tener alma pero no cuerpo

pues éste está enfermo y tira hacia adentro,

pudriéndome las alas de negro,

de gangrena y tierra.

En algún sitio debe haber respuestas.

Seguro.

Caídos desde el cielo hay ángeles

que no saben aún que las nubes no son de algodón,

que todavía creen que de un túnel

siempre acaba saliendo un tren.

Sé yo que les molesta hurgar en las llagas,

mirar a los ojos,

retirar los meados,

agujerearnos el culo

pero también sé que les da igual,

que todo es normal,

que pueden vivir a pesar de eso,

con los días divididos en horarios,

turnos y medias jornadas

en el reloj de la sala,

en el círculo amarillento del pijama

que todos tratamos de disimular

cuando nos cambian las sábanas

y dan la vuelta a nuestro colchón.

 

De En el parque de los osos.

En el rompeolas.

Gota a gota.

La máquina ósea, el estallido del metal y la sangre.

Estoy temblando llevo un abrigo estoy sentando

en el cemento, cerca de las olas.

Apesta a cerrado apesta a muerto apesta a silencio.

Y hay niños morenos guapos hombres morenos guapos

con los cuerpos completamente tatuados

de águilas azules, cuerpos de mujer,

cadenas de oro, Cristos y también puñales,

zambulléndose en las aguas,

buscando anzuelos,

piedras con las que romper sueños y cristales.

Gota a gota,

el próximo amor me durará siempre.

 

Este poema fue seleccionado para la Exposició Fotogràfica de les Biblioteques de Barcelona ‘Tant imatge com Paraula (17 mirades poètiques sobre Barcelona)’

 

De Algunas maneras de olvidar a Gengis Khan.

Lobo

Lobo hunde sus pisadas

en altas moquetas de hoteles

y la puerta giratoria le exime,

por unos instantes, de decidir.

Palacios de nieve y aeropuertos:

Lobo no ama, espera, sólo espera

con ese cansancio en respirar,

hablar y mirar, vivir el hilo

que enhebra sueño y recuerdo

hasta que se te desfonda el alma.

Que inútil: ya estás muerto,

todo se repite para no volver.

Corazón de plomo y agua sucia

-diluvios, castigos, sólo tormentas-,

con la que hierves leche y café

en el botarás, ciego, tu barco

que entre escollos de magdalena

tratará de llegar a buen puerto:

sólo es cierto lo olvidado

y nada de pierde en la memoria

excepto nombres y aniversarios.

Temblando de frío, hambre y deseo,

Lobo ya no llora: sólo espera.

 

Más que vivos

Es una estrella muerta.

Pienso en Aznavour y sus amantes,

atrapados hasta el infinito

entre canales y tercas nostalgias.

Pienso en tí, transformándote,

pagando tu amor y tu engaño

con orgasmos, cortinas nuevas

y algún exorcismo barato:

hogueras al fin y al cabo,

mantenidas con la resina

que va supurando el olvido.

Y es que en ocasiones, el amor

ni da lumbre ni alimenta.

Es un cáncer, un agujero negro

que se va tragando el Tiempo.

es momento, quizás, de volver

a los libros, recordar

para que sirven las cosas,

robar las palabras a sus dueños,

romper espejos y pagar

sin miedo alguno

los siete años de desdicha.

Pienso en tí y en mí,

muertos si era cierto que ayer

estábamos más que vivos.

Pienso en tu cuerpo y en el suyo,

pienso en ese nicho abierto

en el que hasta los recuerdos

han de olvidarse a sí mismo.

 

En ocasiones el amor no ama.

 

De Tic tac tic tac.

Jerusalén

Un gato armenio, apenas me oye,

aparece desde los callejones,

para decirme que el Rey David no existió

y que tú ya no me amas.

Le creí –como yo- hambriento de noticias tuyas,

de saber de ti, conocer si aún seguíamos separados

en el dédalo cobarde en el que un día nos perdimos

para evitar matanzas, noches de inocentes

y minutas de abogados.

Por saber qué fue de todo aquello, ya sabes,

lo que sentíamos dentro y no sabíamos explicar,

lo que prometíamos y decíamos hace mil años,

el ansia con el que nos robábamos,

al primer descuido,

los besos, la vida y la ropa.

El gato tiene sucio el hocico, lustroso el lomo gris

y se deja acariciar como también haces tú

pero tiene el alma gitana como yo,

de Faraón de los Autochoques,

aquellos que prometen más de lo que quieren dar.

Se enreda el gato armenio en la electricidad

de mis piernas como hiciste un día tú,

sólo para recordarme cuánto te quise

y qué pena da el amor que, de repente,

en un callejón, nadie se atreve a matarlo

a la luz de un cuchillo y un adiós.

 

Cadáveres conocidos

Perdido entre callejones

que a su vez andan escondidos

de rascacielos y avenidas

mientras atruenan en mis oídos

las campanas de las catedrales,

la carita mojada de aquella niña

que acudía a buscar, letal,

su dosis de cariño y confort.

Trato de huir de la belleza,

de esta atroz melancolía,

con la que se trenza la vida.

Escapar, desaparecer,

subirse a un autobús y que la lluvia

empañe los cristales y los pasajeros

no pregunten quién eres,

a dónde vas o quién es

ese cuerpo que arrastramos

de las ruedas desde hace rato.

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Luis Adrian Vives

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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