Hernán Salvo insiste con el simbolismo que habita que sus obras. Intenta que las preguntas que mueven a un espectador a acercarse a su trabajo, no sólo no encuentren respuesta, sino que aumenten, que se reproduzcan.

Al ingresar en la sala 12 del Centro Cultural Recoleta, nos encontramos con cajas de madera, lustradas con una prolijidad muy estricta, en diferentes tamaños, con diferentes motivos. En sí mismas podrían ser un trabajo de forma y color. Pero en Mirar no es suficiente las cajas albergan escenas que debemos espiar.

Salvo se dirige a espectadores activos, curiosos. “Me gusta generar un clima escenográfico. Entonces hablo de escena cuando, al mirar esa escenografía, tratás de entender lo que está pasando, indagar, meterte en ese espacio y quizás armar tu propia escena”, dice Hernán.

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Cuboctaedro, 2016. 54 x 54 x 54 cm. Madera, lente, iluminación.

Como en Alicia en el país de las maravillas, espiar por la mirilla nos da acceso a otra realidad. El preciosismo, la minuciosidad y el misterio que sugieren las escenas escondidas en las cajas, despiertan el deseo de hacernos chiquitos y entrar. Habitar y recorrer esos espacios que, teñidos con una estética que recuerda a David Lynch o a Stanley Kubrick, son habitados por el suspenso. En esta serie, como en otros trabajos, Hernán Salvo deja ver la gran influencia que ejerce el cine en su obra. Tanto en pinturas, como en relieves y maquetas, explora el suspenso no develando nada, aún cuando se deje ver la puesta en escena. Los espacios que construye pueden ser ingresos a salas, interiores de cines donde la pantalla proyecta o donde se destaque el ambiente. Todas las variables inducen al silencio inquieto de la probabilidad sugerida. En esta oportunidad un misterio detrás de las puertas cerradas, abre interrogantes. Una posibilidad en los cosmos dentro de las cajas o al final de un corredor nos produce el deseo de indagar más.

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Un acercamiento al infinito, 2016. 30 x 30 x 100 cm. Madera, vidrio, iluminación, bronce.

Sobre su obra Portal, que cristaliza lo pequeño de la situación construida dentro de la caja contra la inmensidad del cosmos, Salvo nos dice: “Es una cuestión de relaciones, no hay grande ni chico, sino que es en relación a… Así como es tan grande el universo, tenemos partículas adentro del organismo que son similares a las del cosmos. Los elementos de la tabla periódica están dentro de nosotros y en el universo. Es como si nosotros estuviéramos inmersos en el todo, siendo parte de la inmensidad en donde las relación entre las dimensiones son sólo comparaciones subjetivas”. Estos vínculos pueden ser tal vez el espacio de encuentro e identificación que nos convoca en cada pieza. Así, la escenografía y la iluminación nos atrapa, nos hipnotiza, nos hace volver sobre nuestros pasos para observar, una vez más, dentro de las cajas por si algo cambió o se movió, en la escena o en nosotros. “Son elementos de la realidad, pero la idea es trascenderla” dice el artista que encuentra entre sus referentes e inspiraciones a James Turell, Anish Kapoor, Hans Op de Beek, Rómulo Macció, Sebastián Gordín, Norberto Gómez, entre muchos más, que le resultan innumerables en cuanto empieza a buscar dentro suyo.

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Portal, 2016. 42 x 28 x 112 cm. Madera, felpa, papel, bronce, vidrio, iluminación.

“En tres de las obras hay un corredor con una puerta al fondo, ahí estoy abordando el transitar, la caja te llama a mirar buscando una respuesta y lo que hay adentro te devuelve otra pregunta.”, Hernán Salvo se vale de un simbolismo de potente carga existencial, que abre posibilidades de significado en cada mirada de cada espectador que se involucra al acercarse a las piezas.

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Las escenografías construidas por el artista cuentan con un trabajo de color que no sólo aparece en los espacios que construye, sino también en las paletas que Salvo explora a través de la iluminación de las pequeñas maquetas forradas en madera. Ya sean los destellos de las estrellas, luces tenues en los pasillos, detrás de puertas semiabiertas, o planos de color; el escultor nos interpela sensorialmente a través de la luz.

Hernán Salvo se formó en la Prilidiano Pueyrredón, estudió con Eduardo Stupía -otro referente para él-, y trabajó con varios artistas junto a los cuales su aprendizaje se hizo más sólido y nutrido. Aprendió carpintería trabajando con Luis Wells, donde también pudo conocer la labor de construcción de maquetas. En esta oportunidad, la realización de la marquetería que contiene las escenas, fue un trabajo autodidacta, de investigación y tutoriales, que en diálogo con su necesidad toman la forma de obras sumamente sugestivas.

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La muestra “Mirar no es suficiente” se podrá visitar a partir del 23 de junio hasta el 31 de julio, en la sala 12 del Centro Cultural Recoleta, Junín 1930. Los horarios son de martes a viernes de 13.30 a 20.30 y sábados, domingos y feriados de 11.30 a 20.30.

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Candelita Gomez

Nació en Buenos Aires en 1986. Trabajó durante quince años en diversas puestas en escena como directora, dramaturga, asistente y actriz. Exploró el universo audiovisual, realizó su cortometraje ESTERTOR y escribió otros guiones. Se formó en teatro, dramaturgia, danza Butoh y contemporánea. Colaboró en correcciones y traducciones de guiones de cine, poesía y narrativa. Trabajó durante ocho años en el Museo Nacional de Bellas Artes donde, durante el 2015, produjo el ciclo Bellos Jueves. Actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional, se forma como docente en letras y escribe por necesidad vital.

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