Foto: Ale Meter

Un tiroteo en una avioneta y unos paquetes de coca que llueven del cielo. Dos hermanos que piensan que —para variar— tienen algo que ganar; un viejo con poco que perder y una caterva de mafiosos con cuentas que saldar. El cielo que nos queda confirma a Nicolás Ferraro como una de las voces más destacadas del panorama negro argentino.

 Hace un año te preguntaba qué distancia encontrabas entre Dogo, tu primera novela, y Cruz. Luego ésta última quedó finalista al Hammett, el premio más codiciado por los escritores de novela negra de habla hispana. Con El cielo que nos queda ya podemos comenzar a hablar de una voz sostenida. ¿Cómo ves el desarrollo de tu obra? ¿En cuáles aspectos te sentís firme y en cuáles notaste un crecimiento?

La verdad no soy de pararme a hacer balance o pensar en una obra. También hay algo de aprender y descartar, o perderlo. El narrar, por ejemplo, de una manera eficaz, supone haber encontrado algo en medio de todo, que al hacerla “único”, lo vuelve descartable. 

Casi todas mis preocupaciones están en el texto que estoy escribiendo en la actualidad, ese momento de tener que estar frente a la pantalla / papel como si nunca antes lo hubieras hecho, de decir y “ahora qué” “cómo era esto” “lo perdí (¡como si alguna vez lo hubieras tenido!)” ─los escritores somos un poco extremistas. Un poco bastante─. Creo que el trabajo ─me siento más cómodo con esa palabra que “obra─ ya realizado funciona como una calma para ese momento. Ya lo hiciste. Ya tuviste estas dudas, estos problemas. Ya las pudiste solucionar. Ya negociaste con ese miedo. Y le ganaste. En mayor o menor medida.

Yendo a un ejemplo puntual de crecimiento, siento que cada vez le dejó más lugar al lector, y eso es una confianza en lo que hago. También entender que sí, hay una trama y es importante -soy un defensor de la trama-, pero me gustaría inclinarme más a unas historias que sean guiadas por los personajes y sus decisiones.
Con El Cielo Que Nos Queda fue un proceso raro porque la escribí en el 2016 y de un tirón, con cierta urgencia. Y la dejé estar. Pensé que ya estaba, que al ser la primera que narraba en tercera persona, había puesto toda la carne en la trama. Y cuando la volví a releer me encontré con que no me detenía mucho en narrar qué iban a hacer los personajes, o qué hacían; eran gente esperando, que se movía de un lado a otro, pero que había un montón de secuencias que no estaban explicadas y tenían que ver con cierto interés en esos personajes más que en la acción. En las consecuencias de eso que ya había pasado o estaba ocurriendo.

La novela comienza con una escena de super acción narrada con absoluta solvencia. ¿Cómo se transmite el vértigo en palabras?

Te agradezco el comentario, primero que nada. Te diría que me encantaría tener una fórmula para poder repetirlo, pero si así fuera, ¿qué gracia tendría? 

Desarmando un poco el mecanismo, un lector confundido es un lector sorprendido. Y atento al mismo tiempo. Algo de eso se consigue arrancando un texto en media res. Empezar con una promesa e inmediatamente después ir derecho a una acción que ya está sucediendo. Algo está pasando. No ponerse a explicar quiénes son, ni por qué se están tiroteando. Son dos hombres -tres- luchando por una escopeta en una avioneta en medio de un vuelo cargada con más de doscientos kilos de merca. Si hay una receta para el desastre, creo que esos son sus ingredientes principales. 

Después, claro, hay un equilibrio entre algo a toda velocidad y algo que se ralentiza, más allá de que hay un hombre que se come un disparo, al lector le interesa esos últimos momentos. Un hombre al que le disparan es poco y nada. Otra cosa es alguien que estaba tratando de agarrar una escopeta que se le escapaba de dedos, con la jeta dormida por la merca flotando, y cuando está a punto de agarrar la Ithaca son otros dedos los que la levantan y uno ya puede ver cómo su mirada sigue el recorrido del caño de la escopeta subiendo antes de dispararle. La literatura está hecha de detalles. En ese equilibrio entre acción y detalle se juega buena parte del éxito de un relato. 

Algo de esto se hablaba a la hora de diferenciar, por ejemplo, el Joker de otras películas de superhéroes. La violencia en el Joker tiene un impacto donde rebotar, pienso en la escena del tren, por ejemplo, algo estalla y ya no es lo mismo. La violencia es real. Y sus consecuencias, también. No son efectos especiales como bien podrían ser en películas como Avengers. 

Uno de los puntos fuertes de tu escritura es que el género no anula la poética narrativa. Hablanos de esta búsqueda estética.

El género tiene que pensarse más como un hueso que como piel, algo sobre el que partir y no algo a lo que llegar. Uno puede ver los materiales que lo conforman y decir: para lo que voy a contar me sirve esto y esto, pero quiero cambiar esto otro. 

Sí, uno va a los inicios de la novela policial y tiene esta herencia de prosa parca, operativa, de hombres de pocas palabras y dispuesto a la acción y sin sentimentalismos. Y otros colegas me han comentado esta “traición” al género en cuanto a su lenguaje, pero forma parte de esta búsqueda estética como vos bien decís

Entiendo que los temas que tratan mis novelas son duras, y hoy, ya con el diario del lunes, puedo decir que está intención poética tiene que ver con una manera de volver tolerable los acontecimientos narrados. Si uno narra algo de una manera poética puede conseguir que estos pasajes, que de otra manera serían difíciles de digerir, sean, hasta cierto punto, disfrutables. Es el lenguaje el que vuelve a estos acontecimientos tolerables.

El otro punto fuerte es la construcción de personajes. ¿Cómo manejás las distintas voces y personalidades?

En este caso fue un desafío especial. Es la primera que escribí en tercera persona, y no solo eso, sino que además presenta a diferentes personajes principales: Lucero, Zupay, Reiser, los Vargas. Y también, creo, es mi novela más corta. Con lo cual, cómo paso de tener 250 páginas y mostrar a una personaje que nos está contando todo, a dividir eso entre cuatro…Lo primero fue hacer que se revelaran a través de sus acciones. Pueden pensar esto o aquello, o querer hacer esto, pero a fin de cuentas van a ser lo que hacen. 

También, aproveché esos tiempos muertos, esos momentos de espera de los que hablé antes, para narrar sus trasfondos, con uso de flashback o raccontos.

Después, claro, lo que creo que funciona trabajarlos descubriendo la tensión que hay entre aquello que quieren y aquello que necesitan.

El narcotráfico está en el corazón de tus tres obras…

Porque el narcotráfico está en el corazón de nuestra realidad y uno, inevitablemente, consciente o no, al hacer novela negra está hablando de lo que pasa ahora.
En el narcotráfico a su vez encontramos una figura casi invisible donde se tejen diferentes instancias de distintas índoles como políticas o jurídicas. Va más allá de hablar del “narco”, hay alguien que habilita esto, desde un permiso o desde una ausencia.
Aunque claro, a mí me interesa ese último eslabón, el visible, el del desesperado, el del que nunca le va a alcanzar y agarra lo que puede con tal zafarla. Si hoy en día alguien escribiera El Halcón Maltés, esa bendita estatuilla estaría hecha de falopa, y sería ese material con el que se destruyen los sueños. 

La merca funciona tanto como vía de huída a través de un consumo, un escape de la realidad, y a la vez una doble posibilidad de escape transformándose en vendedor de la misma. Y sin embargo, para los personajes que trato, ese último eslabón, los peones no hay escape que no sea el de una bala o el de una sobredosis. ¿Cómo sostener una vida sabiendo que no hay más que esas opciones?

En El cielo que nos queda Reiser termina funcionando como figura paterna en la lógica narrativa, tal vez incluso de una forma más luminosa que el viejo Cruz en tu novela anterior. Me interesa indagar en estas variaciones de la figura del “padre”.

Es verdad lo que decís. No lo había pensado. Qué me estará queriendo decir mi inconsciente, ¿no? Creo que ambas figuras actuan no desde el afecto, desde el cariño, sino desde la protección, ojo, eso también es en cierta manera, un cariño. Pero creo que si tuviera que definir a ambos no son personajes que harían que tu vida fuera un cielo, pero sí que se preocuparían de sacarte del infierno. Que es un lugar donde estuvieron. Y no quieren lo mismo para ellos. La diferencia podría que el viejo Cruz está cómodo en el infierno, y le gusta ir abriendo sucursales por ahí. Reiser sí admite que la pifió y le gustaría ser otro.Salir de ahí, pero hay cosas que por mucho que quieras cambiar, hay un precio que pagar. Yendo a un argentinismo total, hay veces que me da la impresión de que las cosas buenas que uno hace se cotizan en peso, y las cagadas hay que pagarlas en dólares. 

También hay algo que me parece válido marcar es que el viejo Cruz nunca tiene voz, habla con sus acciones sí, pero hay un imaginario construido -y subjetivo- por las historias que cuentan de él, tanto el mundillo del hampa como su propio hijo. ¿Qué pasaría si tomara voz el viejo Cruz? Quizás no sería tan diferente a Reiser. 

El trabajo de la literatura tiene que ver con abrir empatía donde antes no la había.

Tanto en el planteo de escenas como de personajes tu trabajo es profundamente cinematográfico. Me gustaría saber el peso de séptimo arte en tu narrativa y si tenés vocación de alcanzar ese horizonte con tu narrativa.

Hablar hoy de algo cinematográfico es casi un lugar común. Llevamos consumiendo cine desde hace casi cien años, y tanto literatura y cine llevan retroalimentándose desde esos tiempos, con lo cual los recursos parecen no tener “patente”. Hoy en día, y ya desde hace unos años, podemos hablar también, y en especial, de la influencia de las series, estos largos arcos de desarrollo de personajes, diferentes estructuras -delimitadas por la autonomía de los capítulos- que permiten un cambio total del registro que se viene manejando, que modifican tanto las competencias del escritor como del oyente. 

Me gusta plantearme desafíos a la hora de narrar que tienen su origen en el cine, mostrar no explicar, pensar que aquello que escribo más como escenas que como capítulos donde es importante entrar lo más tarde posible y salir lo más pronto posible, donde el diálogo no se vuelva expositivo y si redujera la novela a dialogo y acción se siguiera entendiendo sin tener que recurrir a monólogos o voces en off que aclararan qué está sucediendo. Y donde, además, me vea obligado a avanzar continuamente sin perderme en mamotretos de pensamientos o descripciones extensas.

Aún no desarrollé ningún largo en lo que se refiere a guión de cine, si bien hubo intenciones respecto a adaptar alguna novela. Si bien me gustaría formar parte de algún equipo con alguna propuesta en la que sintiera que puedo aportar y que está relacionada de alguna manera con el tipo de historias que me atraen.

Sos un lector informado del género, tanto nacional como norteamericano. ¿Qué distancias podés marcar entre ambos escenarios? ¿Qué aciertos y qué omisiones observás en la narrativa negra nacional?

¿Vos me querés hacer pelear con todos, no? La primera distancia que podemos encontrar es en la profesionalización; buena parte de los autores estadounidense viven de la literatura; hay un mercado programado. “Este año escribo un libro, el otro hago gira de presentación en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, capaz España”. Pueden dedicar un mayor tiempo a la concreción de sus novelas, cuentan con un sistema de agentes que se preocupa de vender sus libros al extranjero, que es donde obtienen sus mayores ingresos, Japón, Alemania, Francia, etc. Hay una idea más construida del libro como mercado. Ojo, no estoy diciendo que cualquier autor de allá viva de lo que escribe, no, pero mayor parte que en Argentina seguro. 

Otro factor es el tiempo que el género se encuentra desarrollado y los grados de producción del mismo. La diferencia es abismal a favor del mercado estadounidense. Esto lleva a un mayor grado de prueba y error, de avanzar sobre diferentes tradiciones, de mezclarlas con otros, también la ligazón que hay entre libros y Hollywood y la respectiva retroalimentación. Hay un canón de obras fundamentales sobre las que se cimientan diferentes géneros y sub géneros con un largo trazado tanto en cantidad de libros como en tiempo de desarrollo.

Es difícil en Argentina encontrar un grado de cultores del género que hayan desarrollado un corpus extenso, y que además, hayan hecho una saga ─a diferencia de lo que suele suceder en Estados Unidos con los personajes franquicias─. Somos pocos los que tenemos más de tres obras ancladas en el género; pienso en Juan Carrá, Leo Oyola, Guillermo Orsi o Claudia Piñeiro, María Inés Krimer y Ezequiel Dellutri. O Rubén Tizziani, que podríamos considerar el fundador del género negro en el país. Esta falta de trayectoria dentro del género, no lo consideraría un desacierto, pero sí una diferencia clara frente a USA.
Esta suerte de falta de tradición, es a su vez una posibilidad y el mayor acierto en el grado de que muchas obras noir argentinas no siguen un camino de clichés o repeticiones de lugares comunes. Hay una hibridación con otros géneros, son narradores que escriben con rabia y furia sin atenerse a escribir lo que vende. Esta libertad creativa ha llevado a que se producieran grandes obras que en otros países no hubieran visto la luz al no ser del agrado de los editores que piensan en sacar aquello que vende, una novela conformista y domesticada.
Y ligado a un poco esto, el hecho de los festivales de género negro, algunos de ellos ya extintos, vinieron asociados de la mano de un supuesto boom del género, y muchos autores vieron luz y dijeron “hagamos algo de género negro” sin tener bien claro qué es o las dimensiones del mismo. Eso le hace mal al género. Y también por el otro lado, diversos autores que salen a huir y aclarar que lo que ellos escriben no es novela policial o negra. Muchas veces viene a que hay una idea global errónea de qué es género negro y qué es novela policial.También de parte de los lectores que dicen: “uh, otra de gabardinas y femme fatales. ¿No se cansaron de eso?”. Y no es así. 

Para que aprovechen nuestros lectores: ¿Cuáles son los mejores 5 libros de autores extranjeros necesarios y absolutamente contemporáneos a los que deberíamos prestar atención y por qué?

Creo que cualquier libro de George Pelecanos es un buen punto de partida. Es un autor “cool”, con mucha cultura de pop de fondo, mientras narra dramas sociales sin caer en panfletos y con unos personajes totalmente humanos. 

Desguace Americano de Bonnie Jo Campbell es un libro de cuentos plagado de historias rurales, de gente sobreviviendo como puede, a los tumbos, y con belleza narrativa que uno podría emocionarse leyendo a una escena de tortura.

El irlandés Gene Kerrigan es otra apuesta segura. Delincuentes de medio pelo es como su nombre lo indica una historia de desesperados que quieran dar un golpe para salvarse, para dejar de ser el último escalafón. Una interesante combinación de humor, relato social y violencia.

Tu Cabeza Tiene Precio de Marçal Aquino es una historia de sicarios y frontera que recupera el ambiente rural brasileño pero desde una mirada criminal. Es una novela donde las pulsiones sexuales y violentas se adueñan de los personajes y los empujan al fondo del abismo y de sí mismos.

Y para cerrar Donald Ray Pollock, el puto amo. El Diablo A Todas Horas es una aplanadora de esperanzas y sueños, un rural noir de pura cepa, sórdido, con humor negro y ese último atisbo de humanidad que cuelga de los personajes como un diente arrancado se aferra a la encía. Justo antes de caer.

Sobre El Autor

Actualmente es el Director de Gestión Cultural de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Entre 2016 y 2020 coordinó el Centro de Narrativa Policial H. Bustos Domecq de dicha institución y antes fue Coordinador del Programa de Literatura y editor de la revista literaria Abanico. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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