Existe una leyenda urbana que me contó Mat en Shinjuku. Dicen que el tema de Los Auténticos Decadentes, «Diosa» originalmente, se llamaba «Gyoza» (una alusión a los buñuelos chinos 餃子, tan afamados… jiozi, en chino, mandu en coreano, o «momo» en su versión devanagari) pero en un afán patriótico Gustavo «Cucho» Parisi, el cantante pidió desviar la letra de ese tema aún no grabado que venían regalando, solo en algunos recitales. Un grupo de orientales que, de casualidad lo escucho tal como era, emocionados, lo corean mientras caminan abrazados por la calle Arribeños: «¡¡¡Gyoza!!!, …de cerdo negro tostado-moreno, radiante perla japonera, Y perfumada por la sal!».

Al coliseo. Seguramente muchos (algunos tantos) recuerden el anime «La melancolía de Haruhi Suzumiya». Fue un importante boom del estudio Kyoto Animation (KyoAni) en su momento. Shinji Aoba, el hombre que el mes pasado incendió el estudio de dibujos animados llamado «Kyoto Animation», matando a 35 personas, está hospitalizado por las graves quemaduras que sufrió, tras el fuego que inició. El sujeto, de 41 años, fue detenido y admitió ante la policía haber esparcido gasolina en grandes cantidades dentro del edificio de tres pisos y luego haber prendido fuego, con un encendedor. Todo fue debido a que la compañía productora de animes, le había «robado» una novela (en verdad, la entrega fue sin respetar las bases del concurso). Dicen que cuando realizó los preparativos del mega-asesinato (la noche ulterior, Aoba escribe en una web de internet) de camino al lugar, se esforzó para no importunar ni incomodar a nadie que no fuera parte de su venganza. Casualmente este estudio realiza animaciones con personajes estéticamente muy under age (estilo rori, o lolita) el perfil preferido de los llamados «otaku de Akihabara». Desde ahora, melancolía es la palabra asociada con quienes perdieron su vida de esta shockeante forma. Junto con la de NHK, las dos noticias más impactantes de los recientes meses, en la isla del Sol.

No televisión. La segunda noticia trastornada de los últimos tiempos en Japón es la del político Takashi Tachibana, responsable de un muy bizarro partido. Uno en contra de la TV nacional. La misma, es una mosca que viene zumbando en los oídos de los japoneses hace mucho tiempo. Una mosca medieval. Muchos se toman a chiste al «Partido que Protege al Pueblo de la NHK» dado que los personajes del ballet en cuestión (la televisión nacional erguida sobre la ley, con su ejército de cobradores puerta-a-puerta, los indefensos japoneses, hiper-sensibles y la agrupación que surge para defenderlos del tremendo dualismo ético y jurisprudencia medieval que el asunto carga desde hace siglos) danzan en un posible Titanic. Este grupo, una agrupación *cuyo único punto en agenda* es su rechazo a la cadena de Tv pública japonesa, que obliga vilmente a toda persona con «aparatos capaces de recibir señales de TV» a pagar una cuota por ver sus programas, aunque no tengan ojos. El ejército de cobradores «puerta a puerta» de NHK presiona para que se pague y si se tiene un televisor, se debe pagar. Yes or yes. Desechando el TV (no, tirándolo por la ventana) y enviando un comprobante de prueba, es la única vía para escapar del asunto (casi un script de cine). Tachibana, este «vengador justiciero» se plantó frente al enorme monstruo NHK con la intención de defender al pueblo, con una única y sorprendente promesa de campaña. A capa y espada, pronunciando lo que nadie (japonés) se atrevía a decir. Sorpresa: Tachibana alcanzó una curul en la Dieta y su partido recibirá 59 millones de yenes en 2019 en subsidios estatales. Tachibana organizó el lunes una protesta frente a la estación de TV donde se transmite el programa que se refiere a ellos como «enfermos» (liderados por el travesti insurgente «Matsuko Deluxe»). El legislador exigió que no se ridiculice a los votantes y sus partidarios se enfrentaron a «piña limpia» contra la policía en la calle, revela Mainichi Shimbun.

En el reino del medio, los afamados buñuelos chinos (metafísicos, legendarios, en el poder de irradiar felicidad); los gyouza (ahora acompañando, la o de una u) se comen en enormes cantidades durante el año nuevo, y urden en la penumbra traslúcidos hilos: el tejido no dual de la realidad o sat-cit-anand (सच्चिदानन्द). La felicidad de vivir. Los «jiaozi» se denominan así debido a su forma de cuerno y tales recuerdan a «Los Toros del Zen» esos «toros a domar», que no representan otro que, indómito intelecto.

Sobre El Autor

Ex docente FFyL UBA; Traductor en Japón desde 2007.

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