Hay un elemento central de la guerra que el género bélico suele dejar de lado (no casualmente), y es que buena parte de quienes combaten no desean estar ahí, sino que fueron obligados. La cinematografía, en general, apoyada en conceptos trogloditas como “patria”, apunta a que se conforma un conjunto homogéneo (nosotros) contra otro conjunto homogéneo (ellos), pleno de convencimiento en los ideales que supuestamente implicaría cada bando, y que esos ideales no solo constituyen como válido el asesinato como la muerte del propio combatiente. El género bélico suele dejar de lado (no casualmente) a quienes edifican la guerra, a quienes no pelean sino desde un escritorio, y sobre todo a quienes obtienen una ganancia de ella. En este género, lo que importa es matar, anular al otro, y en caso de que muera un personaje del propio bando se transforma en una especie de sacrificio por el ideal supuestamente en juego.

En ese sentido, la novela Catch-22 de Joseph Heller, publicada en 1961 (es decir, antes de Vietnam, la única guerra que Estados Unidos admite como innecesaria, y esto porque la perdió) es un sano contrapunto. En ella, el protagonista no desea estar donde se encuentra (es decir, en el sur de Italia, donde lo destinaron). En determinado momento alguien le pregunta por qué se preparó en el entrenamiento para la fuerza aérea, que es la más peligrosa si de sobrevivir se trata, y el explica muy racionalmente que lo hizo porque el período de entrenamiento era mucho más largo y guardaba la esperanza de que la guerra se terminara antes.

La miniserie producida por George Clooney para el servicio de streaming Hulu (léase “nadie sabe cuándo se estrenará en Argentina”) toma con acierto el tono satírico de la novela, la forma de plasmar de que el protagonista que se quiere hacer pasar por loco para que lo manden de regreso (el artículo Catch-22 al que hace referencia el título) es el único cuerdo de todo su batallón, que como si se tratara de ganado se deja arrear al combate. Se trata, sin dudas, de una comedia bélica, pero no por ello deja de retratar en segundo plano (y en muchas ocasiones clave en la trama en primerísimo primer plano) el horror que implica la guerra, la destrucción.

El sur de Italia fue, para los aliados, uno de los destinos más benévolos. Ello no implica que no haya habido bajas, por supuesto, pero sí que los conflictos eran menos crudos y que la zona resultaba más agradable para los soldados. Eso se ve reflejado en la muy buena miniserie que empujó el actor George Clooney (quien actúa mal, como siempre, pero también como siempre deja en claro que no solo sabe elegir muy bien los proyectos en que se embarca sino que también es sabio en el detrás de cámaras), que se permite un rol pequeño pero importante. También Hugh Laurie se deja ver, cómodo tal su costumbre, para regocijo del espectador.

Pero en lo que a actuaciones se refiere, cabe destacar a Christopher Abbott, que interpreta al que no quiere estar ahí, al que se niega a aceptar la guerra como un hecho inmanente (que debe ser aceptado porque así lo decidieron otros). En su interpretación radica la mirada que ejerce la narración: los que intentan ganar dinero en medio del conflicto, los que buscan su propio prestigio a cambio de la sangre ajena, los que resultan condenados por vivir en un espacio donde se desarrollan los bombardeos e invasiones, los que desatan su instinto miserable aprovechando el revuelo, los que no soportan tanta locura.

Seis capítulos entretenidos, llevados adelante con inteligencia y sensibilidad, y que vale la pena ver. Y, luego, claro, leer la muy buena novela original.

Catch 22

Creadores: Luke Davies y David Michôd

Dirección: George Clooney y otros

Guión: Luke Davies y David Michôd, basados en la novela de Joseph Heller

Elenco: Christopher Abbott, Kyle Chandler, George Clooney, Hugh Laurie y otros

Año: 2019

Episodios: 6

Sin fecha de estreno en Argentina

Disponible en torrent

Sobre El Autor

Escritor, periodista y licenciado en sociología, Diego Grillo Trubba ha ganado diversos premios de relato y novela, destacando entre su obra títulos como Los discípulos o Crímenes coloniales.

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