¡Finalmente sucedió!, después de más de dos décadas de estar a la vanguardia en lo que a género respecta el cine surcoreano ha llamado la atención del público masivo. Tal vez sea éste el único logro práctico de los premios Oscar en lo que va del siglo, pero gracias a cómo Parasite arrasó en la última entrega de premios es previsible que las puertas de una más amplia distribución internacional se abran a las producciones del fracturado país.

Para los que seguimos con especial atención el cine asiático, Corea del Sur viene regalándonos muchas de nuestras mejores experiencias cinematográficas desde la década de los noventa del siglo pasado, en especial en lo que concerniente al cine de género. El policial, el thriller y, en los últimos años, el cine de terror producido en ese país, han fungido como soplo de aire fresco entre tanta decepción llegada de Hollywood.

Tal vez sea el momento de empezar a rescatar esas gemas venidas de Asia, pero ese será el tema de futuros posteos, en esta oportunidad nos toca hablar de Byeonshin, estrenada en el gran país del norte con el título de Metamorphosis y en algunos países hermanos con el de Los rostros del diablo. Se trata del nuevo film de Kim Hong-Sun, director de The Chase (2017), The Con Artist (2014), Traffickers (2012) y de las series de TV Liar Games (2014) y Fireworks (2006)

Con Byeonshin es la primera vez que este joven director de 43 años se aleja de la ficción de suspenso criminal para internarse de lleno en el terror. La película narra la historia de un sacerdote católico devenido exorcista que, tras una intervención fallida que deja como saldo una niña muerta y una familia destrozada, se debate en su fe sin saber si colgar los hábitos o perderse en los confines del mundo como misionero, en tanto que su propia familia comienza a sufrir el acoso de una entidad maligna, un diabólico cambiaformas infiltra el núcleo familiar exponiendo todas las formas en que lo siniestro puede irrumpir en el ámbito más privado.

A decir verdad, la propuesta no es osada en cuanto a lo argumental, pero el film goza de una fotografía estupenda, buenos efectos y unas actuaciones sólidas. Las diferentes formas de violencia familiar están bien exploradas, la tensión dramática y las escenas de suspense son funcionales. La apuesta por lo macabro está bien lograda desde la ambientación, desde el maquillaje y desde la lógica interna del guión.  Byeonshin se separa victoriosamente de las cúspides melodramáticas tan comunes en las ficciones coreanas, tal vez sea éste un indicio de superación o tal vez se trate de una sobreadaptación al mercado occidental, en todo caso, es de celebrar la distancia con los momentos lacrimógenos de producciones anteriores.

Si bien es cierto que la cinta no llega a sorprender como lo hiciera hace un par de años Tren a Busan, también lo es que destaca en el panorama internacional del terror contemporáneo que, lamentablemente, pareciera atravesar un momento de sopor, motivado tal vez por una asfixiante corrección política y la mercadotecnia adolescente.

 

 

 

Los rostros del diablo

Título original: Byeonshin

Dirección: Kim Hong-Sun

Guión: Kim Hyang-ji

Elenco: Bae Seong-woo, Sung Dong-il, Jang Young-nam, Kim Hye-jun, Cho Yi Hyun y otros

Nominaciones: Blue Dragon Film Award for Best Supporting Actress, Premio Blue Dragon al Mejor Logro Técnico

Sobre El Autor

Actualmente es el Director de Gestión Cultural de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Entre 2016 y 2020 coordinó el Centro de Narrativa Policial H. Bustos Domecq de dicha institución y antes fue Coordinador del Programa de Literatura y editor de la revista literaria Abanico. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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