Dentro del policial existe el subgénero “de venganza”. Siendo su obra más trascendente La bestia debe morir (Nicholas Blake, 1938), se trata de un policial con estructura extremadamente sencilla: alguien padece o presencia una pérdida (por lo general, un ser querido), y luego encara una venganza que se va dando por pasos sucesivos hasta el enfrentamiento final, en el que quien protagoniza puede morir o no pero siempre materializa la venganza que tenía en mente. Desde el punto de vista sociológico, en general el subgénero plantea que hay cuestiones en las que el Estado no responde, o que la respuesta institucional es insuficiente, por lo que debe encararla un privado, por lo general en soledad y en secreto. Desde el punto de vista psicológico, la propuesta va por el lado de que hay ciertos traumas que devienen obsesión, y que solo la materialización de la venganza puede subsanar (y la mayoría de las veces ni siquiera).

El inconveniente que suele enfrentar el subgénero es bicéfalo. Por un lado ideológico, ya que planteos semejantes suelen bordear (y a veces caer con ganas en) el fascismo más recalcitrante (basta recordar la saga de El vengador anónimo, con Charles Bronson, allá por los 70s). Por el otro, dramático: apenas se plantea el conflicto y uno ya sabe de qué va la cosa, la estructura tiende a ser tan repetitiva como predecible, aburrida. Hay, por supuesto, grandes ejemplos que se oponen a la tendencia general, como la primera John Wick que ponía el esquema patas arriba con una avasallante carga irónica, o las Kill Bill de Quentin Tarantino, donde la estética visual pasaba a reemplazar la estética ideológica, y donde la estructura se desfragmentaba a punto tal que al espectador ya no le importaba saber el final (de la segunda) apenas empezada la película (la primera).

Quentin Tarantino es el karma que le toca vivir, a cada paso, a Guy Ritchie. Surgidos casi en paralelo (una diferencia de apenas 6 años entre las óperas primas de ambos), por el simple hecho de arribar segundo al mercado el británico debió soportar las comparaciones con el norteamericano. Las similitudes eran muchas (la hiperviolencia, la postura cool de los personajes, el recurso de mostrar los bajos fondos contemporáneos y sus códigos, las propuestas corales de personajes protagónicos)), y lo cierto es que en las comparaciones siempre salió ganando Tarantino. Por si fuera poco, el norteamericano consiguió superar la prueba del paso de “ejército de protagonistas con onda” a “único protagonista con onda” con Kill Bill, y los intentos de Ritchie en la misma dirección no resultaron tan benévolos (alcanza con recordar sus revisiones de Sherlock Holmes).

El peso de las comparaciones no invalida los logros de Guy Ritchie. Formado en el videoclip, supo llevar con él algunas de sus virtudes y algunos de sus defectos. Por el lado positivo, una narrativa virtuosa y vertiginosa (con el hallazgo de las elipsis en montaje, como por ejemplo la escena de sexo en Rockanrolla, o el uso de diálogos que se inician en una escena con un personaje y continúan en otra con otro, aunque esto último no es original pero sí lo hace con maestría). Por el lado negativo, no es demasiado lo que tiene para decir: viendo Lock & Stock y la brillante Snatch, que son sus dos primeras películas, alcanza para haber visto no solo lo mejor de su obra sino lo único que sabe hacer funcionar: muchos personajes de los bajos fondos que manejan códigos morales particulares, mostrados con sabiduría visual. El resto de las buenas o muy buenas películas que hizo (la mencionada Rockanrolla o The Gentlemen) son básicamente la misma cosa.

En el medio, Ritchie hizo películas que provenían probablemente de encargos más que de su búsqueda artística (recordar un bodrio como su Aladdin, sobre la que encima hará secuela, aunque bajo el amparo de los dolarotes de la Disney, que ya no sabe cómo hacer para comprar prestigio). Esta flamante Wrath of Man probablemente vaya por ese conjunto.

 

Wrath of Man es una peli de venganza. Hecha a la medida de Jason Statham, que en sus inicios de la mano de Ritchie pintaba para actor de personajes toscos pero simpáticos y luego devino “action hero”. Dicho esto, es imaginable la situación en que Statham llama a, o se cruza en un evento con, Guy Ritchie, uno le dice al otro que deberían volver a trabajar juntos, y uno le comenta al otro que vio la película francesa Le convoyeur (dicho sea de paso: nada del otro mundo, uno de esos tristes momentos en que el cine francés intenta replicar la estética y la narrativa norteamericana), y que eso los podría reunir. De ahí a Wrath of Man, hay un solo paso.

Sabiendo que el género vuelve predecible la trama, Ritchie intenta descomponerla. Las situaciones se presentan por partes, y cada parte responde a un nuevo ángulo desde el que ver el asalto a un blindado que abre la película. Dicho así, uno podría pensar en Kurosawa. Pero no.

Wrath of Man arranca bien, casi muy bien. Mientras el personaje de Jason Statham se mantiene en misterio, en que se sospecha que busca venganza (al fin y al cabo, el espectador ya vio los afiches o el trailer) pero se desconoce su origen y sobre todo se ignora por qué es tan efectivo a la hora de matar a alguien, hay algo que bordea la ironía al género (esa ironía que John Wick supo transformar en diamante). El problema es cuando se empieza a explicar el pasado del protagonista, y luego el pasado de quienes deben recibir venganza. El problema es que, justamente, cuando se empieza a explicar la cosa se transforma en obvia y sosa, se adentra y se empantana con las limitaciones del género.

Consejo: ver solo el primer acto, y abandonar cuando aparezca el cartelito que señala el siguiente. Una pena que Ritchie (o Statham, vaya uno a saber cuánto se metió) no haya sabido ver que la cosa iba por lo del principio, y no se haya dado cuenta de que de esa forma finalmente podría haber superado el desafío de hacer una buena película que no fuera coral, y de ese modo acercarse al menos un cachito a Quentin Tarantino.

 

Título: Wrath of Man

Dirección: Guy Ritchie

Guión: Guy Ritchie, Ivan Atkinson y Marn Davies, basados en la película “Le convoyeur”

Elenco: Jason Statham, Andy García y otros

Disponible en torrent

Fecha de estreno sin determinar

 

Sobre El Autor

Escritor, periodista y licenciado en sociología, Diego Grillo Trubba ha ganado diversos premios de relato y novela, destacando entre su obra títulos como Los discípulos o Crímenes coloniales.

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