Escribir sobre Borges implica considerar la importancia del Otro y del espacio en su narrativa, la presencia de rasgos locales y foráneos, y la intertextualidad como una constante que caracteriza su producción. A nivel discursivo, Borges se desplaza sobre temáticas que comprenden desde la idea del infinito hasta la otredad y, sobre este punto, resulta interesante abordarlo desde la perspectiva de Michel Foucault. Para tal fin, los textos seleccionados en los que la otredad se construye como algo monstruoso, por su duplicidad o por los límites corporales, fueron “La casa de Asterión”, “Deutsches Requiem”, “Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius”, “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz” y “El fin”.

Según Foucault, la construcción de la otredad en las sociedades occidentales se dio, históricamente, desde una postura discursiva legitimada que señalaba al Otro diferente con la finalidad de reafirmar la mismidad del sujeto enunciador. Ese Otro se caracterizaba por no poseer una subjetividad o un cuerpo disciplinado. Esto significó que ciertas subjetividades fueran vistas como un Otro monstruoso o peligroso que era expulsado hacia las periferias de los núcleos normativos. Estos Otros funcionaban como reguladores de la norma y representaban aquello que quienes se encontraban dentro de la matriz normativa legitimada no querían ser (Foucault, 2008). En el texto “Los anormales”, Foucault (1996) señala que la figura de los llamados anormales tiene un estrecho vínculo con un conjunto de instituciones de control que aplican mecanismos de vigilancia sobre los cuerpos y sobre la distribución del orden. En esta categoría, se encontraban las subjetividades indefinidas dentro del discurso jurídico-biológico. Se miraba como Otro a aquel que estaba fuera de las regularidades jurídicas y que era, al mismo tiempo, una combinación de lo imposible y de lo prohibido, un monstruo humano.

Con esta perspectiva foucaultiana, se puede observar en la literatura borgeana la construcción del Otro monstruoso, mitad hombre y mitad bestia en el texto “La casa de Asterión” de El Aleph (Borges, 2011a), en el que este ser con cuerpo de hombre y cabeza de toro se encuentra desplazado y excluido dentro de un laberinto que oficia de confinamiento y, si bien tiene la posibilidad de salir, opta por permanecer adentro. Ese Otro monstruo llamado Asterión, sin embargo, observa a quienes habitan por fuera del laberinto, es decir a la plebe, como lo diferente: “Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta” (Borges, 2011a: 234). En este punto, la otredad vista desde Asterión está puesta en los humanos que son diferentes a él. Él se percibe como único, por ser el hijo de una reina y, aunque todas las cosas sean infinitas o se repitan muchas veces, recuerda que hay dos cosas en el mundo que son únicas: el sol, arriba y abajo, Asterión (Borges, 2011a). Es interesante el espacio de confinamiento en donde se encuentra el personaje ya que es un lugar de expulsión, periférico y de control del Otro monstruo.

En lo que respecta al texto “Deutsches Requiem” (Borges, 2011a), la construcción del Otro se da en términos de los antepasados que habitan en el personaje de Otto Dietrich zur Linde y que condicionan la forma de su muerte. Lo monstruoso y lo implacable se impone por medio del destino familiar. El Otro puede habitar en uno mismo, ya que, en este texto, el personaje se plantea como la suma de los antepasados, con la posibilidad de experimentar situaciones similares de todos esos Otros en su propia existencia. Dietrich zur Linde, ante su pronta ejecución, enumera a sus antepasados quienes murieron en diferentes enfrentamientos bélicos. Él va a ser fusilado por torturador y asesino y logra verse, en ese momento previo a su muerte, como uno de ellos: “(…) es natural que piense en mis mayores, ya que tan cerca estoy de su sombra, ya que de algún modo soy ellos” (Borges, 2011a: 247).

En Borges, el tema del doble se da también en relación a los espejos y esta concepción puede tener diferentes matices. Tal es el caso del texto “Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius” (Borges, 2011b), en el que la capacidad de duplicar se concibe como algo temible: “Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres” (Borges, 2011b: 13). Los dobles que pueden producir los espejos se inscriben dentro del Otro monstruoso, hasta el propio espejo se enuncia como una presencia que acecha desde el corredor por su capacidad de duplicar infinitamente.

Sobre el espacio como lugar formador de otredad, en Borges, La Pampa y el desierto pueden ser leídos en esos términos ya que son ambientes hostiles donde la naturaleza marca una impronta en quienes los habitan y se construyen subjetividades como el indio o el gaucho que, a la vez, operan como los Otros con respecto a la población de la ciudad de Buenos Aires. En el texto “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz” (Borges, 2011a), se puede observar de qué manera se presentan estas características ya que, en la construcción de la figura de Tadeo Isidoro Cruz, se señala que “Quienes han comentado, y son muchos, la historia de Tadeo Isidoro, destacan el influjo de la llanura sobre su formación, pero gauchos idénticos a él nacieron y murieron en las selváticas riberas del Paraná y en las cuchillas orientales” (Borges, 2011a: 222). Es interesante destacar que hay un juego del Otro y del mismo entre las figuras de Cruz y Martín Fierro porque se relata que al parecer toda la vida de Cruz se tejió para que pudiera vivir una noche que agotara su historia y pudiera saber para siempre quién era él. El último fragmento del texto narra:

Éste [Cruz], mientras combatía en la oscuridad (mientras su cuerpo combatía en la oscuridad), empezó a comprender. Comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva dentro. Comprendió que las jinetas y el uniforme ya lo estorbaban. Comprendió su íntimo destino de lobo, no de perro gregario; comprendió que el otro era él. Amanecía en la desaforada llanura; Cruz arrojó por tierra el quepis, gritó que no iba a consentir el delito de que se matara a un valiente y se puso a pelear contra los soldados, junto al desertor Martín Fierro (Borges, 2011a: 225).

La Pampa es la otredad, el desierto es la otredad y quienes los habitan son el Otro desde la concepción del pensamiento del Estado nacional. Es un lugar donde se encuentran los Otros de la Nación (el indio, el negro, el gaucho o el extranjero). En el texto “El fin” (Borges, 2011b), se señala esta situación. En La Pampa tuvo lugar el enfrentamiento entre Fierro y el hermano del Moreno. El testigo de este encuentro fue el desierto, la vastedad del paisaje, que es la periferia en donde habita el Otro gaucho que repite su propio destino incansablemente. Una vez cumplida su tarea de justiciero, el Moreno se convirtió en nadie o, mejor dicho, se convirtió en el Otro y ya no tenía destino sobre la tierra porque había matado a un hombre (Borges, 2011b).

Desde la propuesta de Michel Foucault, se observó cómo está construida la otredad en el discurso de Borges. El juego entre lo que se duplica y lo que es duplicado, el Otro como categoría que señala la subjetividad que habita en la periferia, en el afuera, en los lugares de expulsión, en los espacios que forman parte de la construcción del Otro.

Lo monstruoso está plasmado en la otredad, en la duplicidad, en aquel que es el Otro pero que habita en uno y en la idea de un espacio o un objeto que los reproduce permanentemente.

 

 

Referencias bibliográficas

 

Borges, J. L. (2011a). El Aleph. Buenos Aires, Sudamericana.

————— (2011b). Ficciones. Buenos Aires, Sudamericana.

Foucault, M. (2008). Vigilar y castigar. Buenos Aires, Siglo veintiuno editores.

————— (2000). “Los anormales”. Buenos Aires, Siglo veintiuno editores.

Sobre El Autor

Emilene Teresita Nuñez Campos nació en Asunción del Paraguay en 1985. Es Profesora y Licenciada en Español. Lengua Materna y Lengua Extranjera recibida en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Tiene estudios de Posgrado sobre Antropología (UNC), Cultura Contemporánea (UNC), Filosofía Latinoamericana (UCC) y Estudios de Género (FLACSO). Actualmente cursa el Doctorado en Semiótica en la UNC. Su línea de estudio es sobre Análisis del Discurso y teoría queer. Trabaja como docente de Lengua y Literatura y da talleres sobre Biopolítica y Género y clases particulares de escritura académica, elaboración de tesis, gramática y literatura. Contacto: emileneteresita@gmail.com

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