La economía política supone la interacción mutua entre el Estado y el mercado, uno puede prevalecer sobre el otro, de acuerdo al contexto y las circunstancias históricas, pero, para hablar de economía política, ambas esferas deben existir. En el presente ensayo se describirá la corriente nacionalista o continentalista de tipo económica en el pensamiento latinoamericano de comienzos del siglo XX y dentro de esta, el caso del intelectual argentino Ricardo Rojas.

Dentro de la economía política se pueden distinguir diferentes ideologías que abordarán el rol y el significado del mercado y del Estado, una de ellas es la ideología nacionalista. Esta impulsa la subordinación de las actividades económicas a la construcción del Estado y a sus intereses. De esta corriente, se despliegan dos posturas: el “mercantilismo benigno” y el “mercantilismo maligno”. La primera salvaguarda los intereses económicos nacionales, que vendrán a componer la condición esencial mínima para la seguridad o supervivencia del Estado. La segunda verá a la economía internacional “como campo propicio para la expansión imperialista y el engrandecimiento nacional” (Gilpin, 1990: 44). El mayor objetivo del nacionalismo es la industrialización, el fundamento se encuentra en que: conduce a un desarrollo generalizado de la economía por el efecto “desborde”; se asocia con la autosuficiencia económica y la autonomía política y además en que es la base del poder militar, por lo tando de la seguridad nacional. El problema de la industrialización será constante en el discurso intelectual de América Latina.

El pensamiento latinoamericano del siglo XIX y XX estuvo marcado por dos aspectos fundamentales: la identidad y el afán modernizador (Devés Valdés, 2000). A grandes rasgos, el proyecto identitario está caracterizado por la reivindicación de lo propio sobre todo en materia cultural, asimismo defienden el “no intervencionismo” de los países más desarrollados en América Latina y destacan la independencia y la liberación. Por otro lado, el modernizador tiende a seguir a los Estados desarrollados por lo que aceptan diferentes formas de intervencionismo y pone énfasis en la apertura al mundo. En el caso argentino, la Generación del 80 estuvo imbuida en un proyecto modernizador: abrieron las puertas a la mano de obra extranjera, el capital británico se asentó en las líneas de ferrocarriles, además de las nuevas relaciones comerciales que se establecieron con Inglaterra y que dieron comienzo al modelo agroexportador. Todo esto derivando en una economía abierta al librecambio, apoyada en la producción primaria, en la importación de manufacturas y en el capital extranjero.

Con la llegada del siglo XX, la orientación del pensamiento latinoamericano viró hacia la defensa de la identidad nacional. En la Argentina aparece la figura de Ricardo Rojas, entre otros, como intelectual comprometido con la nacionalidad. Sus primeros textos políticos apuntaron al cambio que necesitaba la educación argentina ante el cosmopolitismo que amenazaba las bases de la identidad nacional. Ya en esta primera etapa, Rojas deja entrever que el país necesitará independizarse de Europa tanto culturalmente como económicamente. Esta corriente nacionalista pero más cultural e identitaria permaneció en los discursos de Latinoamérica hasta 1930.

A partir del 30, la crisis transformó el comportamiento del orden internacional y de las ideas. La práctica proteccionista de Inglaterra afectó profundamente a economías basadas en la exportación de productos primarios como la Argentina. A esto se le sumaba el creciente endeudamiento externo. Como reflejo a esta situación, se da entre los pensadores latinoamericanos un regreso al proyecto modernizador, pero con características particulares. Por un lado, el nuevo nacionalismo económico, también llamado “continentalismo” (Devés Valdés, 2000) defiende la economía continental, reivindica lo propio de la economía latinoamericana frente a las empresas de países poderosos y del sistema imperialista. Se expande la idea de defender el interés nacional, y, lo más destacable a los fines de este trabajo, asume una posición industrializadora que será sinónimo de desarrollo. Lo identitario en este momento se caracteriza por ser una tendencia antiimperialista y antisajona o antibritánico. Para los nacionalistas el empréstito es un arma suprema de sujeción internacional, sería una nueva forma de colonialismo moderno.

Ahora bien, ¿cómo se encuadra Ricardo Rojas en esta corriente de pensamiento? Generalmente se lo asocia al nacionalismo de corte cultural por sus ensayos sobre la defensa de la nacionalidad argentina (véase por ejemplo: La restauración nacionalista, Eurindia o Blasón de Plata), pero se ha dejado de lado su faceta política y de nacionalista ligado a la defensa de la economía nacional en el período que va desde 1930 a 1950 aproximadamente.

En 1929, el todavía rector de la Universidad de Buenos Aires, Ricardo Rojas crea el Instituto del Petróleo con el fin de formar recursos humanos y técnicos que se encarguen del resguardo de la riqueza petrolífera de las empresas extranjeras. Desde el ámbito de la universidad trata entonces de “integrarla al proceso de emancipación política y económica” (Castillo, 1999: 201) que se afirmaba en el país en esos tiempos. Mantiene también contacto con el general Mosconi al respecto para llegar a la nacionalización de los recursos y a la vez aunar esfuerzos para formar mano de obra especializada en el tema: “evitemos el temible poder de las grandes empresas extranjeras instaladas dentro del país como un Estado dentro del Estado” (Castillo, 1999: 202). La Revolución de 1930 alejan a Rojas del rectorado malogrando este proyecto nacionalista, nuevamente el cambio de régimen político implicará un cambio económico.

Llegada la crisis del 30, Rojas escribe El radicalismo de mañana, ensayo político que describe las bases sobre lo que debería reconstruirse la Argentina desde el plano social, pasando por el cultural y llegando al político y económico. Con respecto a esto último, expone una crítica al modelo agroexportador que sólo provee carnes y trigo a los poderosos del hemisferio norte. Esto provoca una dependencia directa de los capitales europeos y los Estados Unidos, una colonización cosmopolita: “la Argentina es todavía una colonia dentro de la economía internacional del mundo moderno” (Rojas, 1946: 234).

El problema de la deuda externa es un tema al que regresa constantemente el autor para poner en evidencia la falta de capitales propios. Sostiene que una nación con el mayor índice de producción y consumo de América Latina, debería controlar el mercado interno ante los embates del orden internacional. Este capital externo al cual critica está digitando desde lejos la economía interna del país, controlan el valor de la moneda, la provisión de maquinarias, el pago de empréstitos y esto obstruye la emancipación de la Nación.

Con respecto al continentalismo, a la defensa de la economía de Latinoamérica, expone que ninguna nación puede hoy estar fuera de la sociedad internacional, aislándose, sino que debe cobrar conciencia para situarse en el nuevo panorama mundial. Se destaca la siguiente propuesta para las naciones de América Latina: “debiéramos celebrar convenios de colaboración cultural, de reciprocidad aduanera, de equivalencia monetaria, de equilibrio militar y de cooperación naval para la defensa de nuestras costas” (1946: 295). Con lo expuesto anteriormente, se puede decir que Rojas adscribió a la corriente del nacionalismo económico de los años 30, tomando como punto de partida la necesidad de lograr un desarrollo económico promulgado por el propio Estado para afrontar la crisis internacional.

Comentarios finales

Pudimos observar a grandes rasgos los objetivos de los nacionalistas de los años 30. La industrialización y la independencia económica son dos constantes en sus discursos. A su vez podemos decir que el desarrollo económico a nivel interno traerá consigo un mejoramiento de la capacidad de negociación internacional de un Estado. Es decir, un Estado con graves problemas económicos a nivel doméstico dependerá mucho más del exterior, su autonomía se debilitará y esto es un factor determinante en el diseño de una política exterior. Por otro lado, con la industrialización aumentará el poder militar y con él, la seguridad nacional.

Tanto el desarrollo económico como la seguridad nacional son incluidas dentro de lo que se denomina “interés nacional”, es decir, el fin último y esencial que persigue el Estado. En este constructo falta nombrar la protección de la identidad, la cultura y los valores. Creemos que el nacionalista latinoamericano de los años 30 persiguió estos objetivos para sus respectivos Estados. La identidad sea cultural o económica no pueden separarse del bienestar económico y de tener una industria nacional. Esto construye a su vez una imagen hacia el exterior que posiciona al Estado en el comercio internacional y en la política internacional. De esto dependerá también el grado de dependencia de los capitales extranjeros y la capacidad autonómica.

 

Referencias

Castillo, H. (1999). Ricardo Rojas. Buenos Aires: Academia Argentina de Letras.

Devés Valdés, E. (2000). Del Ariel de Rodó a la CEPAL (1900- 1950). Buenos Aires: Biblos.

Gilpin, R. (1990). La economía política de las relaciones internacionales. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.

Rojas, R. (1946). El Radicalismo de mañana. Buenos Aires: Losada.

Sobre El Autor

Marcela Gisselle Tornier es Licenciada en Español, Maestranda en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Córdoba. Actualmente está culminando su tesis de posgrado sobre el intelectual argentino, Ricardo Rojas. Su trabajo académico ronda la temática de la lengua y la identidad nacional desde los discursos latinoamericanos y desde una perspectiva interdisciplinaria. Contacto: margitor@gmail.com

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