Hace cuatro años que la capitana Marion perdió el rastro del Ketterpilar, poco después de que misteriosamente Petro Landas zarpara sin ella a bordo. Es el barco de sus sueños, en donde aprendió todo lo que sabe sobre el mar. Cuando ya no tiene esperanzas de encontrar la embarcación ni a su antiguo capitán, un desconocido -en extrañas circunstancias- le ofrece el mando de la nave y le confirma la noticia de que Petro, quien formara parte de una red de conspiradores contra el gobierno de la Papisa, está desaparecido desde hace unos meses. Ajena a las rencillas políticas de Knur, la capitana no perderá la oportunidad de volver al Ketterpilar y tratar de averiguar qué le sucedió a su viejo amigo, lo que implica sumarse a una misión para desenmascarar la verdad tras la tiranía de la Papisa. Marion emprende así un viaje que la llevará a una inesperada aventura por los caminos de la memoria, la justicia y el amor.”

Victoria Bayona derrocha ternura, pero le gustan las heroínas de armas tomar; bautizó a su capitana en honor a Marion Ravenwood, la novia de Indiana Jones en la primera entrega de la saga: “-me encantaba ese personaje y, como es una mujer fuerte, pensé -mi capitana tiene que ser así-”. Entra apresurada al bar, sonríe y el ambiente se llena de luz, sin embargo un destello en sus ojos, ciertos silencios en la charla denotan un temperamento indómito: “-Creo que Marion es como una versión mía sin censura. Yo soy más política, a Marion no le importa nada. Eso me gusta, ella responde como quiere, si tiene ganas, está de malhumor… No sé si tengo muchas cosas en común con ella, pero lo que sí sé es que me encantaría ser su amiga.”

 Camino a Aletheia

 

¿Por qué Camino a Aletheia?

Aletheia es una palabra griega que significa correr el velo para desentrañar lo oculto, es como el concepto primitivo de “verdad”, la verdad como desocultamiento. El que escribe la poesía aletheia es Parménides y yo tomo parte de su nombre, Ménides, para nombrar a uno de los personajes. Aprendí el concepto de Aletheia mientras estudiaba en la escuela Pueyrredón, en las clases de filosofía, ética, y estética… En algún momento surgió la palabra aletheia y me pareció hermosa como imagen y pensé: -Alguna vez la voy a usar para algo. Cuando vino a mí la imagen de la capitana Marion y me dieron ganas de escribir una historia fantástica, mi intención fue contar la historia de esta capitana y que en el transcurso de la novela ella sufriera un cambio. En ese cambio estaba implícito un descubrimiento de su verdad; ahí aparece el juego de palabras del titulo “Camino a Aletheia” que, por un lado es la isla y, a su vez, el camino a una verdad que es la suya propia.

¿Siempre está oculta la verdad?

No siempre pero está bueno ir a buscar la verdad propia como un trabajo activo.

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Victoria Bayona

 

En tu caso, ¿cuál fue la búsqueda de Aletheia?

En mi caso advierto que fue bastante natural el hecho de que me gustara desde muy chiquita todo lo que tenía que ver con lo artístico, escribiendo un texto para el filbita nos pedían que contáramos algo de nuestra infancia y la lectura o la literatura. Me puse entonces a buscar el origen de cómo empecé a escribir y qué influencias tuve y contaba que en reuniones familiares desaparecía y volvía disfrazada de algo, haciendo de Indiana Jones o de detective… ahí estaba la actriz. Después en la escuela cuando nos pedían composiciones yo llegaba a casa agarraba la composición y hacía los dibujos, armaba el libro, le ponía colección Mickey y copiaba de la Biblioteca Impreso en… y todos los datos que le ponen a los libros, hasta el ISBN. Me acuerdo particularmente que a eso de los once llegué a Alfonsina Storni por el colegio, porque la maestra nos dio algunos poemas y me enamoré, me pareció que estaba expresando lo que yo sentía, esa cosa melancólica que uno tiene cuando es chico, que se siente miserable cuando va creciendo. Nos habían dado la tarea de escribir una poesía al estilo de Alfonsina y empecé a escribir y no paré más. Ahí me di cuenta de que quería ser escritora.

Escritora, pintora, cantante, actriz, artista plástica…

La búsqueda fue por varios lados: en el secundario dudé si estudiar letras o no y me empezó a pesar esta idea del estudio y su influencia negativa en mi pasión por escribir. Pensé: “-Mirá si después tengo que leer o escribir por obligación y eso me quita disfrute”. Ese terror me llevó a elegir otra carrera que también me apasiona, desde siempre me gustó dibujar, mi abuela era pintora. Entonces tengo también una cuestión de recordar que mi abuela venía a mi casa o la visitábamos. Dicen que uno termina concretando sueños que vienen acarreándose en la familia desde tiempos anteriores. Mi abuela había querido estudiar bellas artes y sus papás no la dejaron, mi mamá estudió letras, es como que hay algo también que yo vine a concretar de una cadena de mujeres… y bueno, me inscribí en la Escuela Pueyrredón y estudié dibujo, mientras tanto estudié también unos años de canto, en donde conocí a Verónica Armentano que es guitarrista, con la que me hice muy amiga y empezamos otro proyecto de dúo con el que cantamos muchos años pero, cuando mis energías estuvieron muy puestas en la literatura, le tuve que decir que dejara de contar conmigo porque ella sí quería hacer una carrera en la música y me parecía que la estaba retrasando en sus proyectos. Pero de vez en cuando nos juntamos a cantar y si sale una fecha la hacemos. Haber estudiado en la Pueyrredón me dio mi arma de trabajo actual que es dar clases en la secundaria de plástica. Después me puse a estudiar teatro, que también era algo en lo que siempre había querido incursionar. Llegado el momento me fui a probar a una compañía de teatro para chicos, quedé y pasé dos años viajando por todo el país y luego por México y Venezuela. Con tanto viaje, se disparó la idea de utilizar el tiempo muerto entre trayecto y trayecto para empezar a darle forma a una historia de Fantasy, que en ese momento era lo que más me gustaba -y aún me gusta- leer… Así surgió Camino a Aletheia.

 

¿Lo redactaste así, durante la gira?

No, antes de sentarme a escribir, llevo un cuaderno de hojas lisas a todas partes, en donde anoto la estructura de la novela que estoy por empezar, los rasgos de los personajes, los dibujo. Me ayuda a ordenarme y saber a dónde voy cuando comienzo el trabajo de escritura más formal. Camino a Aletheia surgió, en primer lugar, de un sueño que tuve en el que me despertaba en un barco, iba a cubierta y veía los lomos de tres ballenas rosas y una negra que se alejaban hacia el horizonte. Lo escribí en el cuaderno, me gustó la imagen y terminó por convertirse en la primera escena del libro.
Durante la gira con la compañía de teatro, pasaba mucho tiempo mirando por la ventanilla, imaginando cosas; a medida que pasaba por los distintos climas, paisajes y escenarios, mi novela se nutría de los suyos y el argumento iba cobrando forma.
Tenía ganas de que la protagonista fuese una mujer fuerte y valiente, pero también sensible. Finalmente me senté a escribir el libro que tenía ganas de leer.

¿Las ilustraciones que aparecen en la publicación son las tuyas?

Sí. Está bueno porque en un principio pensé que no iba a poder ilustrarla pero como se demoró un poco el tiempo de publicación, me dieron vía libre y pude hacer las ilustraciones, que era algo que tenía muchas ganas de hacer. Me parece que es como un plus.

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¿Estás trabajando en algo más ahora en cuanto a la escritura?

Estoy escribiendo mucho teatro, para el año que viene vamos a hacer una obra –también pienso actuarla- y después tengo la segunda novela que escribí, que no tiene que ver con Aletheia, que está buscando su camino…

¿Género?

También fantasy. A su vez la segunda parte de Aletheia ya está escrita y estoy escribiendo la tercera.

En esta segunda novela que se ubica fuera del ciclo de Aletheia, ¿el protagonista es femenino o masculino?

Femenino. Me cuesta mucho pensar que alguna vez vaya a escribir algo con un protagonista masculino, me parece que el escritor tiene que tener un entendimiento con el sentir más profundo del protagonista y me costaría describir tan profundamente a un hombre.

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Sin embargo los hombres de la novela están muy bien construidos. Contame un poco de ¿Cómo surgen los personajes como Petro Landas, la gran promesa del segundo volumen?

Mientras que en esta primera parte los flashbacks son de la vida de la capitana Marion, en la segunda parte los flashbacks son de la vida de Petro y es todo el camino en paralelo del camino que recorre Marion para encontrarlo. El personaje de Petro surge de un arquetipo masculino, es el que enseña, el que protege, es muy mayor que ella… No lo puedo asociar con nadie de mi vida personal, pero creo que tiene algo de personajes como Indiana Jones, más cinematográficos. Rudy, es uno de los personajes que a mí más me gustan aunque no tenga una actuación demasiado protagónica en la novela, pero me parece que es esencial, es la persona con la que Marion más conecta. Yo lo asocio mucho con un amigo mío. Después está Augur, a quien asocio con mi hermano por su costado protector. Me gustaba como figura contrastante con ella que es puro impulso. Mientras que Marion no tiene paciencia, Augur es su perfecto contrapunto. Me gustó narrar la relación entre ambos y cómo fue naciendo una amistad que en un principio parece imposible. Creo que en la isla, lo que ambos deben transitar es reconocer quiénes son realmente cada uno, eso los une para siempre.

Hablame de la ornitomancia

La ornitomancia existe, la practicaban los etruscos, es la observación de los pájaros para predecir el futuro. Es un elemento que surge de haber estudiado cosas de la historia del arte. Me parecía atractivo que el personaje de Augur, que siempre aparece como tan medido, tan poco sensible, tuviera una relación con esta águila, Rey, a la que en la escena de la zapatería le dedica palabras cariñosas. Me gusta buscar contrastes y detalles en los personajes que no sean esperables, que sorprendan. También es cierto que es muy común en este tipo de historias el compañerismo con un animal.

Hay quien lee El señor de los anillos como una metáfora de la 2º Guerra; Kalpa imperial de Gorodischer, novela inaugural del Fantasy nacional, fue muchas veces interpretada como una visión del retorno de la democracia. ¿Existe un horizonte político en Camino a Aletheia?

No tuve la intención de plasmar una cuestión política, la comencé a escribir en octubre de 2006 y terminé en octubre de 2007, pero resultó que, al terminar la novela, noté que había volcado muchos conceptos sociales importantes para mí como la búsqueda de la verdad, la justicia y el bienestar común.

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Una vida de palabras

Tarea: escribir un poema a la manera de Alfonsina.

¿Sabía la maestra lo que hacía? ¿Se habrá imaginado, cuando copiaba con letra esmerada en el pizarrón, que cambiaría la vida de alguien para siempre?

Igual yo ya sospechaba. Pequeños indicios, como dedicar las tardes a pasar las composiciones que hacía en el colegio a hojas lisas y hacerles dibujitos. Abrocharlas en el centro, diseñarles la tapa y, por último, tomar un libro cualquiera de la biblioteca para imitar los datos. Así, mis producciones caseras de los nueve años ostentaban derecho de autor, fecha de impresión y hasta el ISBN del modelo que hubiera tocado en suerte.

Pero podría haberse tratado tan sólo de otra de mis ocurrencias. Nunca fui una nena muy normal. Para empezar, en vez de jugar a la casita, me gustaba pensar que era la novia de Indiana Jones y que andaba por el mundo huyendo de piedras monumentales, encontrando tesoros y combatiendo villanos. En las reuniones familiares podía desaparecer sigilosamente y, momentos más tarde, hacer una entrada triunfal disfrazada de detective con un secador de pelo a modo de pistola, de bailaora flamenca o del mismísimo Indiana Jones con el gorro del conjunto impermeable de mi madre.

Mis parientes estaban acostumbrados a este tipo de exabruptos. No deben haber dejado de mirar a mis padres con condescendencia, “tiene alma de artista” era el comentario, y sí, había algo de resignación en el tono.

Volvamos a Alfonsina.

En casa no había nadie. O había, pero para mí tan sólo éramos la hoja en blanco, Alfonsina y mi alma perturbada de pre-adolescente. Escribí. Escribí uno. Escribí dos. Tres. Cuatro. Escribí como si se hubiera abierto un arcón con genios encerrados deseosos de contar sus sueños acallados por centurias.

Era mágico: en el papel podía dejar algo de mí, deshacerme de eso que quemaba, encontrarle forma a los delirios que me acompañaban desde siempre. Un alquimista frente a la piedra filosofal: había descubierto el universo, los misterios del amor, del deseo, de la melancolía.

Los mundos de papel, que hasta ese entonces me habían cautivado desde las lecturas, me llamaban ahora a cruzar allí donde las historias estaban por escribirse.

Y crucé, vaya que crucé. Como Bastián, en “La historia Interminable”, mi vida y la de “Fantasía” se nutren mutuamente y me gustaría creer, como decía el librero de Ende, que renuevan al mundo.

Por las noches yo, pequeña, le rezaba al dios que me enseñaban en el colegio. No le pedía por la paz mundial, ni que me fuera bien en las evaluaciones, como hacían mis compañeras. Yo le pedía: “Señor, dame una vida especial”. Y con especial quería decir que me diera una vida de palabras.

Sobre El Autor

Actualmente coordina el Centro de Narrativa Policial H.Bustos Domecq de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Fue hasta 2016 coordinador del Programa de Literatura de esa institución y editor de la revista literaria Abanico desde 2004. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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