En Argentina solemos decir: “Sí pasa…pasa”; es una expresión a modo de paraguas para tapar aquello que sabemos está mal, pero si nadie lo advierte, seguimos adelante. En Cuba es bien conocida la frase “de lo que se sabe no se pregunta”, con esto todos callan y se muestran complacientes. En Jamaica un proverbio bastante difundido reza: “If go near so” (Si no fue así, casi). Podría seguir con este vocabulario tan hipócrita, pero me detengo en la última reflexión que forma parte del epígrafe que acompaña a Breve historia de siete asesinatos. Marlon James no lo incluye por casualidad, sabe perfectamente que su historia barnizada de ficción es totalmente cierta y que los protagonistas son claros ejemplos de una sociedad corrupta, mafiosa y asesina. De hecho para escribirla tuvo que dejar su país por dos razones: Su condición de gay y la amenaza permanente de ser una víctima más del entramado matón y delincuente.

Debo confesar que A Brief History of Seven Killings (Breve historia de siete asesinos) me obligó a dejar muchas cosas de lado y meterme en ese submundo cruel y violento. Este novelón de 800 páginas asusta, parece interminable, agota, y en verdad todo esto es sano porque el relato sacude la cabeza, mueve los hilos de la marioneta y te llena de adrenalina positiva.

Todo el que lucha contra monstruos se transforma también en un monstruo”, pontifica Marlon James (Kingston, 1970) en esta novela que ganó el Booker Prize 2015. Ante el horror uno no puede despojarse del relato que suma más de treinta años y ochocientos muertos tirados en la calle, envueltos en el aceite de la corrupción; mientras que Bob Marley es solamente el cantante sin nombre y apellido, bautizado por el autor como El Cantante, desgarrada voz que prende la mecha de la trama mientras la CIA intenta evitar que Jamaica se convierta en la nueva república comunista del Caribe y Copenhagen City, gueto ficticio que James inventa con malicia, dicta sus propias reglas en vísperas de las elecciones de 1976 y del concierto que Marley ofrecerá el 5 de diciembre de aquel año, solo dos días después de su intento de asesinato.

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Este ladrillo literario es un ejercicio del periodismo literario al que venimos acostumbrados desde hace tiempo. No lo digo despectivamente, intuyo que dadas las condiciones, el documento periodístico es una prueba irrefutable y el manejo ficcional una herramienta propicia para enmarcar una obra que despierta a un muerto.

Me preocupa la traducción de la novela que James tardó cuatro años en terminarla. Mi obsesión parte de la base sobre cierto código oral jamaiquino difícil de respetar fuera de su contexto. Tal vez el trabajo de los traductores haya sido titánico, y sobre todo la tarea de Wendy Guerra poniendo una hispanidad cubanizada.

Marlon James estructura una ficción de corte realista; una red de intrigas varias, de asesinos a sueldo, drogadictos, agentes de la CIA, mafiosos, dealer, talladores fumados, guerras locales, políticos corruptos y buchones que se orinan ante el menor peligro. Todo lo que sabemos en estas latitudes, con sicarios y patoteros; todo prácticamente todo lo que pueden ustedes encontrar en nuestro continente.

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James bucea con ojo crítico en el pasado reciente de su país; se focaliza en el tiroteo ocurrido en la casa de Bob Marley el 3 de diciembre de 1976, cuando el cantante sobrevivió al ataque de siete pistoleros que irrumpieron a tiro limpio en su vivienda. Por entonces James era un niño de seis años. Aquella noche siete pistoleros ingresaron a la propiedad del cantante de reggae más famoso del mundo. En el patio se cruzaron con Rita Marley, la esposa de Bob. Uno de ellos levantó un arma y sin decirle nada le disparó a la cabeza. Tres de los agresores rodearon la casa y los demás entraron a la cocina en donde Marley conversaba con los integrantes de su banda, The Wailers, mientras preparaba una ensalada de frutas. Según la periodista londinense Vivien Goldman, que en aquel momento estaba en Jamaica, lo que siguió fue la escena de un fusilamiento en cámara lenta. Los atacantes vaciaron los cargadores sobre los músicos. Las paredes salpicaron astillas y gotas de sangre formaron charcos en el suelo. En medio de los gritos, uno de ellos apuntó al pecho de Marley y apretó el gatillo. En total dispararon 87 balas, pero de forma increíble aquella noche nadie murió. ¿Quién salvó a Bob Marley?, es una pregunta tan importante como esta otra ¿Por qué alguien querría matarlo? Los atacantes que ingresaron a la casa dispararon a todos los que encontraron y se fugaron del lugar en cinco minutos. Nunca fueron capturados ni se supo más de ellos.

Bob Marley siempre dijo que lo salvó el espíritu de Haile Selassie, el emperador de Etiopía fallecido el año anterior.

Para los rastafaris como él, Selassie era la reencarnación de Dios. El uso de los cabellos “rastas” y el consumo de marihuana son también parte de este movimiento espiritual nacido en Jamaica.


“Si Marley en ese momento hubiera estado inhalando en vez de exhalando, la bala hubiera atravesado su corazón”, señala Marlon James.

El proyectil le rozó el pecho y terminó incrustado en su brazo izquierdo. No hubo tiempo para un segundo disparo.

En medio de los trozos de pared y los gritos, Don Taylor, el manager del cantante, se lanzó sobre él y lo llevó al suelo. Taylor recibió cinco disparos en el abdomen, pero sobrevivió. Más increíble aún fue el caso de Rita Marley, la esposa de Bob. La bala que le dispararon a la cabeza quedó atrapada entre su cuero cabelludo y el cráneo sin hacerle mayor daño. Miento. Hubo un hecho aún más increíble. Y este tiene que ver con el carácter humano. Dos días después del ataque, con el pecho y el brazo vendados, Marley se paró frente a 80 mil seguidores en el concierto Smile Jamaica y cantó durante más de una hora. Lo acompañaba su esposa Rita, que movía bajo la cadencia del reggae la bata de hospital que aún llevaba puesta.

Bob Marley desapareció a los pocos días. Fue a Bahamas, Estados Unidos y luego a Londres. En cierta forma, nunca más volvió a Jamaica.

A la historia se suma el proceder de la colonia mafiosa organizada por el capo Josey Wales, una suerte de Pablo Escobar, personaje que en realidad corresponde al padre de Dudus, Lester Coke, quién muriera calcinado en su celda, en medio del incendio ocurrido en 1992. De aquel atentado y sus protagonistas la prensa se encargó de taparlo, incluso sus protagonistas se desdibujaron aunque son innumerables las conjeturas sobre ese homicidio frustrado.

El autor se aferra al atentado para presentar el escenario de un país aterrado por la violencia y sin duda el recurso literario de James fue encender la mecha para que estallara la bomba de una cadena de historias ligadas a la campaña electoral de 1976, cuando el socialdemócrata Michael Manley, del People’s National Party (PNP) y el conservador Edward Seaga, del Jamaica Labour Party (JLP) se enfrentaran por el poder. Aquí también debemos agregar que Bob Marley no era inocente y conocía los entretelones de esta lucha despiadada. Ya siendo un consagrado, en varias oportunidades actuó en presentaciones en el Tivoli Gardens para Claudius Massop, el jefe máximo del PNP, a quien conocía desde niño. James en la novela utiliza el nombre de Papa-Lo en lugar de Massop.

Para cumplir con el epígrafe, los sicarios se esfumaron. La investigación habla de ocho asesinos: Bam-Bam, Josey Wales, Weeper, Demus, Heckie, Funky Chicken y dos hombres de Jungle. Marlon James se ajusta a siete. Hay que agregar a Barry Diflorio, agente de la CIA, Nina Burgess, desempleada que ha pasado una noche con Marley y Alex Pierce el periodista de Rolling Stone, quienes ayudan a comprender la relación entre la política y el crimen organizado.

Como dije ésta es una novela que quema las manos: compleja, llena de voces locales, escrita en primera persona, crítica, audaz, lapidaria; que recomiendo leerla con tiempo, sin ningún apuro, no sea cosa que los siete asesinos irrumpan en la casa a los tiros.

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Párrafo del libro Breve historia de siete asesinatos

LOS CHICOS DE LA VIEJA ESCUELA

2 DE DICIEMBRE DE 1976 Bam.Bam / pag.21

…En Eight Lanes y en Copenhagen City lo único que se puede hacer es mirar. Esa voz que habla tan bonito por la radio dice que el crimen y la violencia están adueñándose del país, y que está por ver si va a cambiar la cosa o qué, pero en Eight Lanes lo único que podíamos hacer era mirar y esperar. Y yo vi que bajaban los ríos de mierda por la calle, y uno aquí, esperando. Y vi que mi madre se metía a dos tipos por veinte dólares por cabeza y a otro más que le pagó veinticinco pa soltárselo todo dentro en vez de echarlo pa fuera, y uno aquí, esperando. Y vi que mi viejo acababa tan harto y tan cansao de ella que la molía a palos. Y vi que el zinc de los tejaos se oxidaba hasta ponerse marrón, y luego pa colmo la lluvia le hizo tantos huecos que parecía un queso franchute, y también vi a siete personas en una habitación y una estaba preñá, pero la gente singaba igual porque eran tan pobres que no tenían ni pa la vergüenza, y yo, na, aquí esperando. Y el cuartito se fue quedando más y más pequeño, y siguieron llegando del campo más hermanas, hermanos, primos, y la ciudad crecía y crecía y no había sitio pa pegar un brinco ni pa marcarse unos pasillos y no había pollo pa’l curry, y cuando lo había era demasiao caro, y a una niña le metieron unas puñalás porque sabían que los martes le daban dinero pa comer, y los chamacos como yo estábamos creciendo y no íbamos mucho a la escuela ni sabíamos leer ni na de na, pero sí conocíamos la Coca Cola y queríamos ir a un estudio y grabar un tema y cantar hits y usar la música pa salir del gueto, pero Copenhagen City y Eight Lanes son muy grandes los dos y cada vez que llegas al final, el final se te fuga pa’lante, como si fuera una sombra, hasta que el mundo entero es un gueto, y tú, na, a esperar. Yo vi que eras ambicioso y que estabas esperando porque sabías que era sólo cuestión de suerte, así que te dedicaste a deambular por el estudio hasta que Desmond Dekker le dijo al men que te diera una opoltunidá, y el men te dio esa opoltunidá porque te notó la ambición en la voz hasta antes de oírte cantar. Grabaste un tema, Bam-Bam 2 3 pero no era un hit porque ya entonces era demasiao bonito pa’l gueto, y es que ya había pasao esa época en la que las cosas bonitas nos ponían la vida más fácil. Te vimos en el chanchulleo, haciéndote el macho para grabar un single y deseamos que te fuera mal. Y sabíamos que además nadie te iba a querer de pandillero porque tenías tremenda pinta de intrigante. Y cuando saliste pitando de aquí pa Delaware y volviste, intentaste cantar ska, pero el ska ya se había largao del gueto pa irse a vivir a los barrios altos. El ska se subió a un avión pa’l extranjero pa hacer creer a los blancos que era como el twist. Y no sé si los sirios y los libaneses estaban orgullosos de eso, pero cuando nosotros vimos a esa tribu en el periódico posando con azafatas de vuelo, no nos sentimos orgullosos, nos quedamos pasmaos. Entonces sacaste otro tema y esa vez sí que fue un hit. Pero un solo hit no te podía sacar del gueto si el men pa’l que grababas era un vampiro. Un solo hit no te podía convertir en Skeeter Davis o en el men ese que cantaba las Gunfighter Ballads.

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Titulo: Breve historia de siete asesinatos

Autor: Marlon James

Traducción: Javier Calvo/Wendy Guerra

Editorial: Malpaso

800 páginas

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Jose Maria Gatti

José María Gatti es psicólogo social, periodista e investigador.. Se especializa en la obra de Ernest Hemingway y colabora en distintas publicaciones del extranjero analizando la vida del escritor. En 2010 su bitácora www.lapipadehemingway.blogspot.com fue seleccionada por Technorati, el principal buscador automático de blogs, entre los 10 mejores blogs temáticos sobre Ernest Miller Hemingway. En el 2012 su cuento La leyenda del vino resultó finalista en el Concurso de Relatos Cortos Tinta, sangre y vino, organizado por las Bodegas Paternina (Logroño -España), con motivo del 55 aniversario de la visita del escritor a la bodega. En mayo de 2014 participó como ponente, con su trabajo Lo policial en Hemingway, del Cuarto Festival Azabache. Negro y Blanco, en Mar del Plata (Argentina). En setiembre, representó a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, en el V Festival Medellín Negro (Colombia) con su ponencia El sicariato colombiano en Argentina. Ha publicado Tres ensayos sobre arte latinoamericano (1980), En tren de charlas (1982), Hola Hemingway. Una mirada centenaria (1999), Ladrón de desalmados (2004), Gente de palabra (2005), La pipa de Hemingway (2008), Víctimas Inocentes (2013) y Carne en flor (2015).

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