Un libro de experiencias, de aprendizajes en diversos procesos que constituyen un ciclo cerrado que antecede al nuevo, en virtud de una distancia finalmente elegida.

Un accidente. El recuerdo de la pérdida, de la madre muerta. Desaparecida. Imágenes difusas.

Esa ausencia esencial en el inicio de la vida.

Un libro íntimo que alcanza lo poético, abriéndose camino entre el manto de esta historia y su corteza, todo de roca, piedra y madera.

Episodios confusos; hechos luctuosos.

Encrucijadas, enigmas, secretos y dilemas. Amor, aventuras, intrigas y suspenso. Magia y nostalgia.

Una mudanza; alguien que se fue, regresa. Y alguna revelación en aquella ciudad de veinte mil habitantes. Una mirada incrustada sobre lo fantástico y otra que lo justifica. Algunas desapariciones.

Misteriosas luces surcando el cielo en aquella noche de tormenta.

Y la sospecha de naves espaciales, la aparente presencia de extraterrestres. La teoría de las abducciones. Y la seguridad del fraude, del engaño, del montaje, del embuste.

El tránsito de la infancia a la adolescencia. Un tiempo compartido entre tres que se reconocen ligados por elección y sin condicionamientos. Una amistad a toda prueba, algo cierto, algo genuino.

Un pacto irrompible -Sam Jackson, Billy Pompeo y Miranda Matheson- Verano de 1985.

El hogar de huérfanos, la mansión y el ático, la sala de proyección, la película casera.

Las bibliotecas, la de la granja, la municipal, la de los Meyer; Joseph y los intervalos lúcidos, las lecturas, el jardín de Collette, el cuartito y el enano de yeso que cobra vida según cómo se lo piensa. El bosque, el “centro de operaciones”, el pantano de las mariposas. Y el ánimo de exploración.

Mapas y brújulas. La casa del árbol.

Se puede espiar desde la libertad que ofrecen las ramas de un olmo y desde el encierro de alguna  galería escondida que recorre el interior de un caserón. Se puede vivir ejerciendo de una manera obsesiva el control, y se puede morir o matar, al perderlo por alguna imprudencia.

Sam, antes podía soñar con su primer amor y, también, con la vieja muerte de quien le dio la vida.

Hijos de familias encumbradas y tantos otros ubicados en el fondo de la escala social.

Mundos diferentes; vínculos cruzados. Y la presencia de un psicópata perverso.

Sam, ahora en Nueva York, disfruta la vida de otra manera; encontró un nuevo horizonte. Pero no  olvida su pasado, no se olvida de nadie y mucho menos de sus grandes amigos, Billy y Miranda.

La libertad de las mariposas. Y una vuelta de tuerca en el final.

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¿Podríamos iniciar esta entrevista diciéndoles a los lectores algo acerca del título de la novela, manteniendo en reserva la sorpresa final?

El Pantano de las mariposas es un sitio en el inmenso bosque de Carnival Falls al que los niños visitan como parte de sus aventuras. Eso ya de por sí lo convierte en un lugar especial. Para mí representa nuestra niñez, donde confluyen los miedos y también la magia. Y hasta allí creo que es bueno decir, porque desde luego el final de la historia revelará algo más y eso es mejor que el lector lo descubra por sí mismo.

Sería interesante, en este caso, teniendo en cuenta las particularidades propias de El pantano de las mariposas, entrar directamente en el proceso de gestación de ideas y en esa aparente serie de preguntas inspiradoras que habrían formado parte esencial del pensamiento creativo. ¿Puede ser?

Por supuesto. Normalmente soy un escritor que no planifica sus historias. Veo, por así decirlo, la punta del iceberg y esa es motivación suficiente para empezar a escribir. En cierto sentido, voy descubriendo la historia junto con el lector, y eso, creo, le aporta cierta frescura. Lo emocionante (y también un poco aterrador) de escribir de este modo, es que la historia que uno creyó advertir puede ser apenas un trozo de hielo flotando en el mar. Si esto sucede, no queda más remedio que abandonar el proyecto (o el barco, para seguir con las alegorías). En el caso del Pantano, como quizás varios lectores imaginarán, la primera pieza reveladora que me impulsó a escribir este libro está en la página final, en ese final del que hemos hablado. Ese “Y qué sucediera si…” lo gestó todo.

 En una eventual selección de ideas, ¿dónde ubicarías a las puramente racionales?

Soy ingeniero civil, así que tengo el raciocinio a flor de piel. Pero como escritor me gusta desafiar a la realidad permanentemente. Mis libros navegan en esa zona intermedia entre la fantasía y la realidad; juegan todo el tiempo con esa dualidad. Eso sí, me gusta encontrar la racionalidad en lo fantástico.

El lenguaje, por momentos, adquiere una entidad, un relieve que parecería hacerlo pesar más que el argumento y la trama. Me gustaría hablar de ello.

Es una gran observación. Había algo en El Pantano que me llevaba a escribir de esa forma, un poco más cuidada. El género del thriller psicológico puede ser en general un poco más lineal y descuidar un poco las formas. La historia que cuento en este libro me permitía otros tiempos y focalizarme más en los personajes. Como escritor fue para mí demostrarme que era capaz de afinar un poco la pluma si la historia lo pedía. Durante esa época leí mucho a Zafón; quizás algo de su calidad se coló en mi trabajo.

Billy es, a todas luces, un generador de ideas. Un personaje “linterna” en esta historia y Sam su complemento. Me pregunto cómo aparecen en vos o, en todo caso, cómo aterrizan y se imponen; ¿quién llegó primero?

Me gusta mucho lo de persona linterna. Billy tuvo forma primero; es el chico con todas las luces, el inteligente, el valiente, el que se preocupa por los demás, también el quisquilloso. Billy es posiblemente un genio en potencia. Es un personaje que ha trascendido a otros, y que hoy en día sigue enseñándome cosas y pidiendo pista para volver en algún otro libro. Mi novia se sorprende cuando hablo de mis personajes como si existiesen realmente, pero en este caso no puedo evitarlo. ¿Cómo puedo yo, que claramente no tengo más luces que los que me rodean, crear un personaje con dejos de genialidad? Tiene que haber algo allí que me excede.

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Estamos presenciando un pasaje de la niñez a la adolescencia, con todo lo que ello implica, y lo estamos viendo en cabeza de chicos y chicas que pertenecen a diferentes estratos sociales. ¿Cómo gravita esta realidad en lo meramente individual y cómo impacta en lo social?

Desde mi punto de vista, la etapa que describe el libro es la más dramática para una persona. Yo a los once años tenía una madurez asombrosa para un niño, y lo mismo sucedía con muchos de mis amigos y amigas. Luego viene el desarrollo, la adolescencia, y las carencias en el mundo de los adultos son tan grandes, tenemos tanto por aprender, que nos llevará toda la vida. Ese instante de transición me parece de una trascendencia crucial para las personas.

La figura materna. La madre que está presente. La que se convirtió en un recuerdo. Y la que representa un vacío. ¿Qué gran diferencia marcarías entre dos madres que están presentes:   la de Billy y la de Miranda? Y, ¿hasta qué punto esa diferencia podría haber gravitado en la suerte que corrió cada joven?

Billy tiene una madre muy presente, casi avergonzante, de esas que exigen explicaciones todo el tiempo y no admiten mucha discusión a la hora de dar órdenes. La de Miranda, por el contrario, es fría y distante, y no parece demasiado interesada en seguir de cerca los pasos de su hija. Pero lo importante en ambos casos, es que aman a sus hijos e intentan criarlos y educarlos a su modo. Ese denominador común, a la larga prevalece sobre el resto. Creo que es un mensaje interesante para aquellos padres que a veces intentan forzar su rol. Creo que el 90% de la crianza de un hijo es brindarle cariño.

Los Carroll y los Meyer, dos matrimonios en los que, por distintas razones, las mujeres -tanto Amanda como Collette- se presentan como un pilar fundamental, cada una, en lo que hace a la relación de pareja, a la construcción del vínculo y a la toma de decisiones. Mujeres de carácter. Sería interesante que nos hablaras de ello y de la notable diferencia que se advierte en una comparación con otro matrimonio, el de Sara Matheson.

Las mujeres son fuertes en El Pantano de las Mariposas. Y no podía ser de otra forma. Amanda tiene un hogar de acogida para niños huérfanos donde San vive toda su niñez. Es una mujer con algunas ideas antiguas en cuanto a disciplina, pero todo lo hace en virtud del bienestar de los que consideran sus hijos. Collette, aunque tiene su misma edad, es una mujer mucho más abierta y moderna. Y este es otro punto que para mí es muy importante. Estas dos mujeres, que además son amigas entre sí, tienen distintas visiones en temas fundamentales, y sin embargo pueden convivir en sus diferencias. Por otro lado, la apertura de pensamiento de Collette, ha sido fruto de sus constantes cuestionamientos, de romper con las estructuras que uno conoce y trae como mochilas. Esta mujer y sus enseñanzas termina siendo fundamental en la novela.

Las palabras piedra y madera, con la fuerza que cada una de ellas adquiere y representa en esta novela, se reproducen tallando imágenes:Suelo de roca”, “Sendero de piedra”, “la piedra de la chimenea”“ángeles de piedra”, “rostros de piedra”, “cresta de piedra”, “gnomo de piedra”, “caminito serpenteante de piedra”, “pared de piedra”, “peldaños de piedra”, “muro de piedra”,” fuentes de piedra”, “minúsculas piedras”.“Me quedé de piedra”, “y se quedó de piedra”….. Podría hacer una selección similar con la palabra “madera”. Por favor, hablemos de ello.

No había hecho el conteo, pero resulta llamativo. Con la madera no me extraña tanto porque Carnival Falls es una pequeña ciudad rodeada de bosque. Imagino a la madera como un elemento bastante presente. La piedra, por el contrario, está relacionada con la mansión de la familia Matheson. Casi todas las menciones corresponden a descripciones en la mansión. Esa inmensa casa es un punto singular en Carnival Falls y en la historia. Creo que el lector admite muy temprano en la historia que detrás de aquellos altos muros “de piedra” se esconden secretos que esperan ser revelados.

La biblioteca de la granja: Hemingway, Salgari, Verne, Twain, Dickens… En principio, sería la literatura al alcance de la mano de Sam. Me pregunto si vos también te iniciaste leyendo a estos mismos autores clásicos.

¡Claro! A Verne principalmente. Mi abuelo me hablaba de las ochenta novelas que había escrito Verne y yo no salía de mi asombro. Empecé conociendo sus nombres y después leyendo algunas. La isla misteriosa fue el libro que más me marcó en mi niñez.

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Luis Adrian Vives

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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