Introducción, traducción del chino y notas: Wilfredo Carrizales

INTRODUCCIÓN

Tsering Woeser es poeta, activista, bloguera y ensayista tibetana nacida en Lhasa, en 1966. Ella es mestiza chino-tibetana. Su abuelo fue un oficial del ejército del Kuomintang y su padre un alto oficial del Ejército Popular de Liberación. Se graduó en la Universidad de las Nacionalidades del Suroeste, ubicada en Chengdei, provincia de Sichuan, China, en literatura china. Trabajó como reportera en la prefectura de Garze (Tibet) y más tarde en Lhasa. Vivió en Beijing desde 2003 como resultado de problemas políticos. Está casada con el renombrado autor chino Wang Lixiong, quien con frecuencia escribe acerca del Tibet. Woeser es una de los pocos autores tibetanos que escribe en chino. Cuando el gobierno de China rehusó darle un pasaporte, ella entabló demanda a las autoridades.

Tsering Woeser es autora del libro “Notas sobre el Tibet” que fue prohibido por el gobierno chino alrededor de septiembre de 2003. Perdió su trabajo en “Radio Asia Libre”. Sin embargo, continúa publicando artículos y poemas en sus blogs. Durante el 2008 en el Tibet, ella y su esposo fueron colocados bajo arresto domiciliario después de hablar con los periodistas. Cuando ella recibió el “Premio Príncipe Claus” en 2011, se le prohibió recibirlo en la embajada holandesa. Woeser defiende las acciones de la rebelión tibetana de 1905 contra la invasión y masacre del general chino Zhao Erfeng.

Tsering Woeser ha publicado desde el año 1999, tanto en China continental como en Taiwan. Hasta ahora le han editado siete libros, el último de ellos titulado “Tibet bajo fuego: autoinmolación contra la autoridad china”; Londres, 2016.

Los poemas seleccionados aquí han sido extraídos del libro “Verdadero Corazón del Tibet”, con posterioridad editado en 2008 en Nueva York.

 

POEMAS

REMEMORACIÓN DE UN BUDA DESTRUIDO

Veinte días desde que abandoné Lhasa

Pero aún veo la estatua del Buda con su cara rota a golpes.

Fue en el puesto de un vendedor de la calle en frente de la oficina del vecindario de Tromsikhang.

Lo advertí desde una distancia.

Había ido al mercado de Tromsikhang a comprar droma[1],

Pero a la vista un repentino pesar me asaltó.

Me adelanté –no podía ayudarlo- a esta cosa tan aplastada:

Parecía vivo, apoyado contra un estante, en agonía,

La cara machacada, un brazo tajado, toda la figura tronchada en la cintura.

Dañado tan mal, reclinado contra un montón de mercancías

Que lo rodeaban: salsa de soja, habichuelas en conserva, condimentos para ensaladas y rollo tras

(rollo de papel sanitario,

Todo introducido en nuestra vida desde hace mucho desde el interior de China.

Alrededor de su cuello un ornamento, una vez exquisito, embutido con piedras coloreadas,

Y en su pecho una portentosa bestia con cabeza de león y cuerpo de hombre,

Hacinado sobre un fragmentario chorten[2].

¿En qué sagrado altar o piadoso hogar fueron estas cosas una vez veneradas?

Estropeado tan mal y reclinado contra el montón de mercaderías,

Emanaba  la calma de aguas tranquilas, pero la pena me pinchaba dentro del tuétano:

Como si mirara en el pesar, sentí una historia siendo representada

Que tenía tanto un presente y un pasado.

Estaba sacudida por el oscuro destino que nos había unido,

Como si nieve derretida de los altos picos hubiese llenado mi ser.

Acariciando sus rodillas, el buhonero hizo un lance:

“Vamos, ¡cómprelo! ¿No parece grandioso el viejo Buda?”

“¿Cuándo lo golpearon así?”, pregunté.

“¡Obviamente durante la Revolución Cultural!”, miró de prisa. “Tuvo que ser la Revolución Cultural”.

“¿Cuánto cuesta?” Deseaba comprarlo y llevarlo a mi hogar,

Pero el buhonero de Jiangxi[3] no lo cedería por menos de tres mil yuanes.

Así, de mala gana y con pesadumbre, y muchos resquemores,

Dejé que el Buda roto derramara rayos de pena.

Sólo tomé algunas imágenes,

Así cuando le echo de menos,

Vuelvo a mi computadora y le doy una mirada.

Los amigos dicen que puede haber sido un flamante Buda, arruinado así

Para lograr un más alto precio y el enlace con la Revolución Cultural fue una ficción.

Acaso, pero el dolor permanece.

Escribí estas líneas para tratar de permitirle partir.

 

EN EL CAMINO

En el camino con irritable ánimo,

Escaparé del caos de este mundo flotante,

Escojo un lugar para establecerme,

Encuentro palabras escogidas

Para explicar este tránsito de la Rueda[4].

 

En el camino uno encuentra por casualidad

Hombres y mujeres de inmensa dignidad;

El orgullo natural de uno es humillado.

Las ruinas que desparrama el Tibet con sombras oscuras como la noche

Tienen una nobleza que no se encuentra en hombres ordinarios.

 

Entre estos encuentros:

Uno querido por mí, largamente perdido,

Brillante, incondicional,

Negligente.

Yo, también, soy pura y honesta;

El mío, también, es un sincero y benévolo corazón;

Deseo como las estaciones cambiar; puedo cambiar con ellas.

No necesito regalos de uno a otro;

Nosotros somos regalos.

 

En el camino, un anciano de mi gente dice:

“Doradas flores floran sobre doradas montañas;

Mientras las doradas flores floraban, él no vino;

Y cuando vino, las flores habían muerto.

Plateadas flores floran sobre plateadas montañas;

Mientras las plateadas flores floraban, él no vino;

Y cuando vino, las flores habían muerto”.

 

En el camino, caminando sola.

Un viejo libro sin un mapa,

Una lapicera, no mucho para comer,

Baladas de una tierra extranjera:

Estas bastarán. En el camino,

Veo un caballo negro

Que no dobla su cabeza para pacer, pero agita sus cascos,

Me enoja que él no pueda correr libre.

Aún también, en profunda meditación, excava entre las vastas montañas,

Las formas ocultas de los hombres.

¿Qué clase de corazón honrará y reverenciará a ellos?

 

En el camino, un piadoso mudra[5] no complejo,

Pero malsano se ajusta a un viciado rostro.

Una cuerda de especiales mantras[6] no es rígida,

Pero ellos están vibrando de los labios manchados con mentiras.

 

En el camino,

Agarro una flor, no de este mundo,

Me apresuro antes de que muera, buscando en todas direcciones,

Que pueda presentarla a un anciano con una oscura túnica roja.

Una anhelada joya,

Un manojo de una sonrisa:

Estas ligaduras las generaciones aprietan.

 

NOCHES DE LHASA

¡Oh Lhasa, noches que parecen sueños!

Un cierto loto puede haber nunca florado,

Algunas veces un vaso para vino se rompe en una espita,

Todavía hay personas, precisamente unas pocas – ¿quién las alaba

Con tal espíritu? – a quienes esta móvil fiesta

Les semeja el Paraíso para el destierro autoescogido.

Si (imperceptiblemente) ellos lloran, es sólo

Por un pariente a quien no pueden mantener.

 

¡Oh Lhasa, noches de pesar!

Un cierto azulejo puede haber nunca gorjeado

Y algunas veces las vestiduras están tiznadas con polvo.

Todavía hay personas, precisamente unas pocas – ¿quién propaga

Esa plaga? – quienes ven un brillo fugaz. El tiempo es como

Una alberca donde el dispuesto ego se hunde.

Ilusiones incontables, siempre tan seductivas,

No pueden atraer a un reencarnado pariente a tornar atrás.

 

 

¡Oh Lhasa, noches como en ninguna otra parte!

Un amor hay que nunca ha pasado

Y cierto parentesco gradualmente mezclado.

Todavía hay un hombre, acaso justamente uno – ¿qué tipo

De rayo cae? – que hace que un sofocante destino

Sirva como el gozne de reconciliación.

¡Sobre la infinita rueda del nacimiento y la muerte

Deseo que tú por siempre seas mi pariente!

 

UNA HOJA DE PAPEL PUEDE LLEGAR A SER UN CUCHILLO

Una hoja de papel puede llegar a ser un cuchillo

-Uno un poco agudo también.

Estaba sólo volviendo la página

Cuando el dedo anular de mi mano derecha fue tajado en el nudillo.

Aunque pequeña, la repentina herida manó sangre,

Un hilo tan fino como la seda y punzante un poco.

Espantadiza transformación,

De papel en cuchillo:

Allí debe haber estado algún error, o

Alguna especie de punto decisivo.

Este ordinario papel… un calofrío de miedo.

 

EL PASADO

Esta montaña cubierta de nieve, fundente, no es mi montaña de nieve.

Mis montañas de nieve son las montañas del pasado,

Lejos en la extremidad del cielo, sagradas y puras:

Muchos lotos, ocho pétalos abiertos,

¡Oh, muchos lotos, ocho pétalos abiertos!

 

Este loto, que se marchita, no puede ser mi loto.

Mi loto es el loto del pasado,

Envolviendo las montañas de nieve, cariñosamente,

Muchas banderas de plegarias, cinco colores en agitación[7].

¡Oh, muchas banderas de plegarias, cinco colores en agitación!

 

El pasado, el pasado… ¡tal pasado!

Una multitud de divinidades protegían nuestra tierra natal

Como un lama que mantiene la vigilancia sobre las almas,

Como un mastín que permanece de guardia en la carpa.

Pero la multitud de divinidades ha mucho se ha ido, ahora,

La multitud de divinidades ha mucho se ha ido.

 

[1] Una especie de raíz, parecida al ginseng, que se consume para acompañar ciertos alimentos.

[2] Santuario o templo budista. Típicamente la tumba de un santo o un monumento al Buda. En sus inicios fue una piedra monumental o una estructura de ladrillos de barro y siendo sagrada, se protegía. La estructura básica de un chorten es cuadrada y simboliza la tierra y además presenta un domo que simboliza el agua y trece peldaños de iluminación que simbolizan el elemento fuego.

[3] Provincia de la China meridional.

[4] La rueda es un antiguo símbolo de la India. Implica moción, cambio y continuidad. Originalmente era un símbolo solar. Después el budismo tomó ese símbolo para representar la Rueda de la Ley (budista) o Dharma.

[5] En el budismo tibetano, mudra significa signo. Vajravarahi (forma iracunda de Vajrayogini) está embellecido con cinco ornamentos tántricos, todos hechos de huesos humanos, son llamados colectivamente “los cinco mudras”.

[6] Dichos u oraciones sagrados.

[7] Las banderas de plegaria son unas telas rectangulares de color. Con frecuencia se encuentran encordadas y ensartadas sobre los lomos de las montañas y altos picos. Son usadas para consagrar y proteger los entornos y para otros propósitos. Se cree que esas banderas tienen su origen en la religión chamánica bon, cuyos chamanes usaron en el Tibet sencillas banderas de colores primarios. Las tradicionales banderas de plegarias incluyen textos impresos en bloques de madera e imágenes del budismo tibetano. Los cinco colores o “cinco luces puras” que más se usan con preferencia son: blanco (aprendizaje y conocimiento), azul (pureza y sanación), rojo (fuerza y preservación), verde (balance y armonía) y amarillo (desarraigo y renuncia).

Sobre El Autor

Tsering Woeser es poeta, activista, bloguera y ensayista tibetana nacida en Lhasa, en 1966. Es una de los pocos autores tibetanos que escribe en chino. Es autora del libro “Notas sobre el Tibet” que fue prohibido por el gobierno chino alrededor de septiembre de 2003, sin embargo, continuó publicando artículos y poemas en sus blogs. Ha publicado desde el año 1999, tanto en China continental como en Taiwan. Hasta ahora le han editado siete libros, el último de ellos titulado “Tibet bajo fuego: autoinmolación contra la autoridad china”; Londres, 2016.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir a la barra de herramientas