Los rusos de Hinde Pomeraniec

    Rusos de Putin está escrito con un ritmo en la prosa que avasalla. Las crónicas vertiginosas incluyen perfiles de los oligarcas rusos, los enemigos, los espías y los amigos de Putin, análisis políticos de la Rusia contemporánea y pinceladas autobiográficas. La autora ha viajado varias veces a Rusia y en las sucesivas estadías ha escrito sus impresiones sobre los lugares y los personajes. Se podría decir que los tiempos diversos de sus viajes dejan marcas, también, en los textos. Hinde Pomeraniec nos cuenta cómo fue que sacó la única foto de la nuca de Putin y también la fría y estudiada mirada del presidente, una mirada que acaso esconde el secreto de su liderazgo. Narra la historia del crimen de la sagaz periodista Ana P y los testimonios de los periodistas que estaban cerca de ella y que no pudieron hacer nada para evitarlo. En las referencias y testimonios de los heterogéneos capítulos se puede entender la compleja trama del «homo sovieticus» y de la historia capitalista de Rusia.

Viajamos con Hinde Pomeraniec en la prosa y nos encontramos con la intérprete rubia que la acompaña a diversos sitios. Galina no solo traduce sino que introduce comentarios que funcionan como interpelaciones a la autora y al lector. El frío nos envuelve aunque no hayamos estado nunca en Rusia. Asistimos a las elecciones y escuchamos las frases de Putin y las reflexiones en torno al lenguaje de Putin, el señor de «la lengua afilada».

El libro nos lega varios planos secuencia: el ataque a la escuela de Beslán, la anexión de Crimea, el envenenamiento del espía Litvinenko, la guerra con Ucrania, el caso del filósofo nacionalista que promueve la existencia de Eurasia, la masacre con gas en un teatro de Moscú y la escena en la que la autora llora frente al padre de una joven muerta. Y también nos deja algunas «fotos»: las mujeronas que se cruza en la calle o en una farmacia, las jóvenes bellezas rusas, las prostitutas de Trump, el lujo del museo Hermitage, el ascensor de Ana P y de la niña que la encontró muerta en el ascensor.

El libro se detiene –al menos dos veces– en la biografía del presidente mafioso de Chechenia y en sus atroces ideas sobre la homosexualidad y el racismo. Oportunamente, Hinde Pomeraniec cita a Boris Groys: el filósofo se refiere a una perspectiva dislocada o no convencional de Rusia, su desconexión con Europa, su falta de pasado y la idea de un país que nunca es ya que lo será en el futuro.

La lógica del complot y  las situaciones paranoicas invaden las páginas. En ese marco, nos quedamos con una idea sobre la Rusia contemporánea: en cualquier momento puede ocurrir una masacre. Uno de los enemigos de Putin describe muy bien esa suerte de atmósfera indescifrable e inevitable: Putin no se irá por la vía democrática. Habrá que sacarlo a la fuerza.

El lector conocedor de la profusa literatura rusa espera cruzarse con las referencias a los escritores rusos y se pone feliz cuando la autora entra a un bar fundado en 1815 que frecuentaban Pushkin y Dostoievski. Allí se lee la historia del duelo de Pushkin y las hipótesis sobre su muerte.

En el capítulo sobre los opositores la autora describe la situación de la protesta del grupo de Kasparov en tres escenas. Esta descripción ayuda al lector a entender mejor cómo se organiza y se repite la censura y también cómo algunos patriotas rusos detestan que se hable mal de su país. Para algunos lectores será difícil comprender el orgullo nacional ruso. Y el libro de Pomeraniec hace pensar un poco más en cómo se conforma o se mantiene ese extraño orgullo nacional.

La autora cuenta la existencia de un libro de enseñanza obligatoria relacionado con la «Historia rusa». El libro es un encargo de  Putin y cuenta el pasado de su país con el claro objetivo de endiosar al presidente actual. Y tan impactante como esto es que un historiador defienda el libro.

Hinde Pomeraniec coloca a la intérprete Galina en varios momentos de Rusos de Putin. Este hecho la convierte en personaje. Cada vez que empezamos a leer un capítulo esperamos que aparezca nuevamente. La autora menciona que la rubia Galina es, para ella, una madre o una hermana ya que la ayuda con el ruso, esa lengua imposible. Y también dice que para Galina ella es, quizás, una más. Eso da cuenta de la difícil situación de aquel que transita por las enrarecidas y heladas ciudades rusas en una atmósfera que puede ser hostil. Y cuando Galina reacciona de forma «reaccionaria» frente al orgullo gay se puede percibir ahí, en esa escena mínima, la profundidad de un problema que, evidentemente, atraviesa a buena parte de la sociedad rusa. También es perceptible en la escena del Monoclub gay en la que se narra una conversación con los visitantes nocturnos del club. El relato cierra con un toque autobiográfico que hace pensar en las virtudes y defectos de la cultura rusa contemporánea: la autora cuenta su vuelta rusa al cigarrillo después de haberlo abandonado años atrás. ¿Por qué –se pregunta el lector– la noche rusa la hizo desear el cigarrillo? ¿Qué tensiones generan las prohibiciones implícitas y las reglas ocultas?

Hacia el final del libro nos invade, en cierta medida, el desencanto. Pero esa sensación no se relaciona con el relato del poder. El libro se termina y el lector   desea seguir estando en los parajes de esas ciudades antiguas.

Rusos de Putin surge de un cruce oportuno entre perfiles sociales, micro biografías de algunos personajes –es el caso de los oligarcas y de los opositores–, análisis político, referencias de académicos y estudiosos, reportajes incluidos, citas y narración autobiográfica. Creo que precisamente las referencias personales y familiares le otorgan un tono de intimidad al libro. Y eso se agradece. Pomeraniec logra que entre la historia con mayúsculas en el murmullo personal de la crónica viajera y cultural.

 

Sobre El Autor

FABIÁN SOBERÓN es escritor, profesor universitario y crítico. Nació en J. B. Alberdi, Tucumán, Argentina, el 18 de junio de 1973. Ha publicado la novela La conferencia de Einstein (1era. edición UNT, 2006; 2da ed. UNT, 2013), los libros de relatos Vidas breves (Simurg, 2007) y El instante (Ed. Raíz de dos, 2011), las crónicas Mamá. Vida breve de Soledad H. Rodríguez (Ed. Culiquitaca, 2013), Ciudades escritas (Eduvim, 2015), Cosmópolis (Modesto Rimba, 2017) y el libro 30 entrevistas (UNT, 2017), además de ensayos sobre literatura, arte, música, filosofía y cine en revistas nacionales e internacionales. El Fondo Nacional de las Artes publicó textos suyos en la Antología de la Poesía Joven del Noroeste (Fondo Nacional de las Artes, 2008). Es Licenciado en Artes plásticas y Técnico en Sonorización. Fue docente de Historia de la Música en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán. Actualmente se desempeña como profesor en Teoría y Estética del Cine (Escuela Universitaria de Cine), Comunicación Audiovisual y Comunicación Visual Gráfica (Facultad de Filosofía y Letras). Fue finalista del Premio Clarín de Cuento 2008. Con su novela Atalaya obtuvo una mención en el Premio de Novela Breve de Córdoba, con el Jurado integrado por Angélica Gorodischer, Tununa Mercado y Perla Suez. Ganó el 2do Premio del Salón del Bicentenario. Actualmente colabora con ViceVersa (Nueva York), Sédition (París), Perfil (Buenos Aires), Boca de sapo (Buenos Aires), Otra parte semanal (Buenos Aires), La Gaceta Literaria (Tucumán). Es miembro del consejo editor de la revista Imagofagia (Buenos Aires). Ha dictado talleres de escritura en Santiago del Estero, Tucumán y Buenos Aires. Ficciones de su autoría han aparecido en ViceVersa (New York), Suburbano (Miami), La voce d`Italia (Venezuela), Ñ (Buenos Aires), La Gaceta Literaria (Tucumán), entre otras publicaciones. En el 2014 participó en el Encuentro Federal de la Palabra (Tecnópolis) y en el ciclo “Diálogo de provincias”, de la 40º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. En 2014 ganó la Beca Nacional de Creación otorgada por el Fondo Nacional de las Artes (Argentina). Textos suyos han sido traducidos al inglés, al francés y al portugués. Fue invitado al Brooklyn Book Festival 2015 (Nueva York) y presentó su libro Ciudades escritas en el Consulado Argentino de Nueva York en septiembre de 2015. En el mismo año fue invitado por la Universidad del Turabo al Festival de la Palabra, de Puerto Rico. En 2016 presentó Ciudades escritas en Madrid, Colonia y París.

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