LA INDAGACIÓN POÉTICA

A estar por la profusa (en número) y sostenida (en excelencia) bibliografía que ya cuenta en su haber, sería tiempo de situar a Luis Benítez en el lugar de preeminencia que le corresponde en el paisaje de la poesía argentina, que ha sido tan inhóspito durante las últimas décadas, tan renuente para destacar a alguna figura de solvencia genuina, salvo algunas excepciones que no hacen más que confirmar la indigente regla.

En El arte de la novela (Tusquets, Barcelona, 1987, pp. 75,76), Milan Kundera recuerda, en el curso de un extenso análisis de Los sonámbulos, de Hermann Broch (el novelista alemán autor de ese libro admirable y abrumador que es La muerte de Virgilio), aquello que Broch denominaba “novela gnoseológica”, denominación que aún hoy mantiene su vigencia: la novela como instrumento de indagación en la medida que esclarece lo que únicamente la novela puede descubrir: el íntimo ser del sujeto humano con su carga de irracionalidad, excesos y contriciones. Aquello que Broch atribuía a la novela y que Kundera, con razones harto fundamentadas, pone de relieve es exactamente lo mismo que se puede aplicar a la poesía de Luis Benítez. La prueba más contundente son los poemas que integran este volumen.

La poesía de Benítez se ha tornado cada vez más filosófica en el sentido de una luminosa y esclarecida especulación respecto de la condición humana, del lenguaje, de las ilusorias esperanzas y brutales cegueras de la especie. El poema “casandra” merece, sin lugar a dudas, los dos atributos con los que líneas más arriba se ha calificado a la novela de Broch: abrumador y admirable. En el poema “la rueda”, el título se revela deliberadamente paradójico para un texto que descansa sobre la fascinación que siguen ejerciendo los postulados eleáticos. Alguna vez Alexandre Kojève señaló con ejemplar lucidez que en el célebre cogito cartesiano, el filósofo francés examinaba con prolijidad todos los elementos constitutivos, menos el más importante: el yo; la observación de Kojève remite derechamente a dos versos de Benítez que fungen como epítome de la interrogación en torno a la identidad: “hablo con esa cosas sin nombre / que usa el mío”. O bien otros dos versos en los cuales se enlazan las hipótesis de Walter Benjamin en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica y las inciertas nociones respecto a nuestra inmutabilidad: “el hombre es un arte producido en serie que pierde / copia a copia sus colores”. El paso del tiempo, ese tiempo quevediano “que ni vuelve ni tropieza” y que, en consecuencia, nos va empujando a un desenlace bien se puede asimilar, como escribe Benítez, a esa “bala que nos atraviesa / hasta llegar a la primera juventud y / sigue para matar al niño que se nos parecía”. El poema “lengua de los dioses”, casi sobre el final del volumen, es una bienaventurada celebración de la palabra en boca de un poeta cuya palabra dice y que se halla tan lejos como imaginar se pueda del “coro de los grillos que cantan a la luna”.

En efecto, una palabra que dice, pesa y gravita. Es muy probable que el yo del poeta y el yo del autor confluyan cuando escribe: “lancé una piedra a lo desconocido / y rompí la ventana del idioma”. Acaso no haya mejor definición de su poética que esta que proporciona el propio Benítez: no se le puede desear destino mejor que la perseverancia para lanzar la piedra y continuar rompiendo las ventanas del idioma, un idioma del que ya surgió el suyo propio: personal, distintivo, irreductible a otros términos que no sean los de él mismo.

 

 

 

Título: Nadie sabe dónde estuvimos

Autor: Luis Benítez

Editorial: Palabrava

80 páginas

Sobre El Autor

Osvaldo Gallone nació en Buenos Aires. Es escritor y periodista cultural. Publicó los libros de poemas Crónica de un poeta solo (Botella al Mar, 1975) y Ejercicios de ciego (Botella al Mar, 1976); los ensayos La ficción de la historia (Alción, 2002) y Lectura de seis cuentos argentinos (San Luis Libro, 2012; Primer premio en la Convocatoria Nacional Cuento y Ensayo, 2010). Y las siguientes novelas: Montaje por corte (Puntosur, 1985), La niña muerta (Alcobendas, España, 2011; Primer premio a la Mejor Novela en el III Premio de Novela Corta, 2011), Una muchacha predestinada (V.S. Ediciones, 2014; Primer premio a la Mejor Novela V.S. Editores, 2013), La boca del infierno (Evaristo Ediciones, 2016). Ha ganado diversos premios literarios tanto en España como en Argentina. Y colaborado, como periodista cultural, en medios nacionales e internacionales. Coordina desde hace tres décadas Seminarios de lectura y crítica literaria. osvaldogallone@hotmail.com

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir a la barra de herramientas